¿Puede Bolivia volver a ser un país confiable para invertir?
Escuchando a Carlos Alarcón, Johnny Nogales y Ramiro Cavero, me quedé pensando en cuánto nos cuesta pasar de reconocer lo que está mal a ponernos de acuerdo para cambiarlo.
Johnny introdujo el tema del poder y abrió una pregunta que acompañó el resto de la conversación. Podemos tener buenas propuestas, incluso saber qué necesitamos hacer, pero ¿cómo reunimos las fuerzas para llevarlas adelante? Hay acuerdos que construir, intereses que acercar y decisiones que alguien tiene que estar dispuesto a asumir.
Esa inquietud daba otra profundidad a lo que planteaba Carlos sobre las restricciones constitucionales del modelo económico y las debilidades de la justicia. Su propuesta de modificar 30 artículos busca crear condiciones para que la inversión llegue y se quede. Al escucharlo, resulta difícil imaginar a alguien apostando su capital durante años sin confiar en las reglas ni en la justicia que debería protegerlo.
“Recuperar la confianza para invertir también significa recuperar la confianza en las reglas que deben proteger esa inversión.”
Mientras discutimos cómo recuperar esa confianza, el tiempo sigue corriendo. Ramiro lo hizo palpable al hablar del gas. La caída de la producción afecta las exportaciones y compromete la generación eléctrica. El Estado no tiene los recursos para afrontar las inversiones necesarias y el capital nacional tampoco alcanza para cubrir esa escala. Recuperar producción, explicó, puede tomar entre cinco y siete años. Son años que pesan en las decisiones de hoy.
Johnny destacó en él algo que me parece especialmente valioso, la capacidad de combinar conocimiento económico y experiencia en el Estado con la construcción de un programa. Necesitamos alternativas sobre la mesa que podamos examinar, discutir y llevar a la práctica.
Pero ese camino también pasa por la ciudadanía. Ramiro defendió garantías de arbitraje internacional para atraer inversiones e insistió en que la gente sepa qué texto está votando en una reforma, sin dejar asuntos fundamentales a futuras mayorías legislativas. Me quedé pensando en cuánto trabajo tenemos por delante para acercar esta discusión a la vida cotidiana. Que una persona pueda entender qué relación hay entre una garantía jurídica, una inversión en energía y la tranquilidad de tener electricidad para trabajar.
Ahí encuentro el valor de estas conversaciones que Guido nos propone. Al escuchar posiciones distintas, aparecen tanto los desacuerdos como las posibilidades de acercamiento. Y vuelve la cuestión que Johnny dejó abierta, la del poder necesario para convertir esas posibilidades.
Ojalá podamos avanzar en esa dirección. Con propuestas y, principalmente, con la voluntad de construir los acuerdos para hacerlas realidad.
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