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Volver a ser Tigo: Una inversión que pone a Bolivia a prueba

“Podemos saber qué necesitamos hacer. La pregunta es cómo reunimos las fuerzas para hacerlo realidad.”

Carola Capra S.
Carola Capra S.Directora Ejecutiva · Grupo Nueva Economía
Carola Capra sentada en un sillón de las oficinas de Grupo Nueva Economía
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Volver a ser Tigo: Una inversión que pone a Bolivia a prueba

Tigo suelta el freno de mano y apuesta cerca de US$90 millones para recuperar fuerza, calidad y presencia en Bolivia. La decisión abre una pregunta que va más allá de las telecomunicaciones: qué debe cambiar en el país para que lleguen más inversiones.

Después de 18 años fuera de Bolivia, a inicios de este año, Diego Gutiérrez, Gerente General de Tigo Bolivia regresó y encontró un Tigo distinto al que había dejado. Menos inversión, una red golpeada y terreno por recuperar. Ahora tiene cerca de US$90 millones para hacerlo. Detrás de esa apuesta está la necesidad imperiosa de acciones y señales concretas para que Bolivia recupere la confianza y vuelva a atraer inversión.

Diego Gutiérrez nos dijo en algún momento de la mañana que quería “poner a Tigo de vuelta en el mapa”. La frase tiene más contenido del que parece a primera vista. Tigo nunca dejó de estar. Lo que perdió fue parte de aquella fuerza que durante años la convirtió en una empresa de referencia. Invertía, innovaba, atraía talento y tenía una cultura corporativa particularmente fuerte. Estaba presente y, además, tenía una presencia notoria en el mercado.

El sábado reunió en sus oficinas a un grupo pequeño de periodistas y gente de medios con otro propósito. Volver a conversar. Diego reconoció que Tigo se había alejado de los medios, de las instituciones y, en cierta forma, de la conversación pública. La reunión era parte de ese retorno. Admitió que el servicio se deterioró y que durante los años de mayor incertidumbre los accionistas pusieron “el freno de mano”. Ahora quieren soltarlo. Cerca de US$90 millones acompañan la decisión de recuperar calidad, capacidad y terreno.

La cifra adquiere otra dimensión cuando se mira desde Bolivia. Durante años pedimos inversión mientras el propio entorno terminaba desalentándola. Tigo resulta un buen termómetro. Cuando aumentó la incertidumbre, sus accionistas frenaron. Frente a una expectativa distinta, vuelven a poner capital sobre la mesa. La pregunta de fondo es qué debe cambiar drásticamente, y qué condiciones se deben crear para que se haga efectiva y además crezca esa y otras inversiones que aún ven con interés al país.

Un nuevo ciclo económico no puede limitarse a que las empresas vuelvan a invertir. Tiene que representar también volver a competir, con reglas transparentes, previsibles y equivalentes para todos. En telecomunicaciones esa prueba será particularmente visible. ENTEL es una empresa estatal y compite con operadores privados en un mercado donde el Estado también tiene responsabilidades regulatorias. No se trata de debilitar a uno para favorecer a otro. Se trata de algo más importante para la Bolivia que quiere atraer inversión. Que el mismo marco valga para todos.

En esa conversación se hizo mención a Carlos Alberto Ágreda Lema, director ejecutivo de la ATT, y las referencias a su gestión fueron positivas. Lo anoté porque no es un detalle menor. En un país donde durante demasiado tiempo fue más frecuente escuchar al empresario hablar del funcionario que obstaculiza que del que ayuda a que las cosas funcionen, también habrá que empezar a mirar esas señales. La apertura necesita capital, pero necesita igualmente instituciones y personas capaces de generar confianza.

Mientras tanto, el encuentro tuvo su propia dinámica. A mi lado estaba Marco Antelo, socio y fundador de AiLive, a quien finalmente conocí personalmente. Mi primera observación fue bastante menos estratégica. “¡Pucha, eres mucho más alto y grande de lo que imaginaba!”. A mi derecha, Claudia Pommier, de Revista COSAS, con quien siempre es grato coincidir. También estaba Claudia Cárdenas, de Trendsetter. Hugo Párraga, vicepresidente ejecutivo de UNITEL, aterrizó los US$90 millones preguntando dónde se pondrían concretamente. Juan Alberto “Chipa” Rojas, gerente comercial de Red Uno, llevó la conversación hacia la experiencia del usuario. Entre preguntas, comentarios y conversaciones laterales se iba armando algo que Tigo aparentemente quiere recuperar también. Cercanía.

Diego vuelve con una larga trayectoria internacional y con una pregunta distinta con la que inició su carrera en Telecomunicación hace casi dos décadas. La resumió en una frase. Llega un momento, dijo, en que uno deja de preguntarse qué va a lograr y empieza a pensar qué va a dejar. Tigo tiene una historia interesante justamente ahí. Durante años fue una cantera de talento boliviano y varios de sus ejecutivos terminaron ocupando posiciones internacionales. Fortalecer esa capacidad también forma parte de volver a ser Tigo.

Hacia el final apareció la famosa Sangre Tigo. Diego contó divertido que un ejecutivo de un banco alguna vez le había dicho que aquello parecía una secta. Hubo risas. Su respuesta fue mejor. La cultura puede ser un sermón o una religión y con frecuencia explica más de lo que parece. Los US$90 millones pueden recuperar red y tecnología. La fuerza que alguna vez hizo de Tigo una empresa referente tendrá que consolidarse también desde adentro.

Esos US$90 millones son una señal de que la inversión vuelve a mirar a Bolivia. Lo que pase en los próximos meses será clave para configurar ese escenario que todos estamos ansiosos que llegue. Las decisiones tendrán que mostrar que hay competencia, transparencia, apertura y reglas claras.

Tigo quiere recuperar fuerza, presencia y un lugar que alguna vez tuvo. En Bolivia tenemos un desafío similar.

Que este regreso no sea una excepción, sino una primera señal. Hay muchas inversiones esperando entrar. Bolivia tiene ahora que construir las condiciones para que finalmente lo hagan.

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Carola Capra

Comunicación, empresa e innovación para entender lo que empieza a cambiar.

Directora Ejecutiva del Grupo Nueva Economía y fundadora de App-Credit y Cerco Verde. Su trayectoria conecta inclusión financiera, formación emprendedora y preservación de la biodiversidad amazónica, con impacto en seis países de América Latina.

  • Ashoka Fellow
  • Top Innovator · World Economic Forum
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