TRANSFORMACIONES EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Publicado el 09 sep 20 - 04:00 AM UTC.
TRANSFORMACIONES EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR
Foto: Transformacion En La Educacion

Con la llegada de la crisis sanitaria, ocasionada por el COVID-19, muchos sectores tuvieron que reinventarse y replantearse la forma de salir adelante, uno de ellos fue el de la educación. La situación que está atravesando la educación superior en Bolivia puede verse reflejada en las experiencias de los rectores que participaron en la mesa redonda virtual, organizada por Nueva Economía.

Los participantes de este encuentro fueron Verónica Ágreda, Rectora de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz); Willy Shoaie, Rector de la Universidad NUR; Marco Antonio Fernández, Rector Nacional de la Universidad Católica Boliviana (UCB); Víctor La Fuente, Rector de la Universidad Tecnológica Boliviana (UTB); Cnl. Iván Omonte Ph.D., Magnífico Rector de la Escuela Militar de Ingeniería (EMI); y Oscar Molina, Vicerrector Nacional de la Universidad Privada Boliviana (UPB).


Principales transformaciones a causa del nuevo coronavirus


De acuerdo al Rector de la NUR, se ha generado una capacidad colectiva del manejo de herramientas tecnológicas. “La mayoría de las herramientas ya estaba ahí; sin embargo, cada uno de nosotros las usábamos muy poco o no teníamos el conocimiento que tenemos ahora. Entonces, se ha generado una capacidad colectiva del uso de estos instrumentos tecnológicos para conectarnos en entornos virtuales. Creo que ese es un gran cambio en la sociedad y por más que volvamos a las mismas condiciones, hay una capacidad instalada que marca un antes y un después. Es un tema de estructura global, que creo es un cambio trascendental y a partir de ahí hay cambios institucionales”, dijo.


Para el Vicerrector Nacional de la UPB, la llegada brusca de la pandemia ha ocasionado esa rápida adaptabilidad que han tenido que tener las universidades para poder cerrar, sobre todo, la brecha que puede existir entre la educación presencial y la educación remota. “Se pueden utilizar muchas plataformas, pero tienen que estar acompañadas de un modelo académico adecuado a las características de esta nueva era. Este nuevo modelo ha sido uno de los retos más importantes, porque su adaptación a esta nueva realidad no sólo representa el compromiso de los estudiantes, sino también de los docentes que se veían en la necesidad de adecuarse rápidamente a la enseñanza remota, lo cual en algunos casos no fue sencillo”, comentó.


Por su parte, el Cnl. Omonte señala que el proceso de enseñanza-aprendizaje se está transformando, y que a través del mundo digital descansa, fundamentalmente, en dos pilares: el de las plataformas, que son el soporte para este proceso; y en las estrategias didácticas y pedagógicas que emplea el docente, ya que no es lo mismo enseñar de manera presencial que a través de medios digitales. “Considero que es fundamental la transformación en la manera de pensar, en los modelos mentales que están muy arraigados en el común de las personas. A lo largo de la historia de la educación, las metodologías fueron cambiando de acuerdo a la era y ahora estamos en una nueva. Nuestros docentes y estudiantes tienen que estar convencidos de que esta nueva forma de enseñar en nuestro país es adecuada y nosotros, como EMI, estamos trabajando en ello, porque esta educación ha llegado a Bolivia para quedarse”, manifestó.


El Rector de la UTB destacó que todas las universidades e instituciones de educación superior han tenido que reajustar dos procesos fundamentales: los ajustes técnicos tecnológicos, que tienen que ver con la adaptación plena y absoluta de la institución a los nuevos instrumentos de educación virtual, por un lado la plataforma que brinda todo el soporte para toda la gestión académica, y los instrumentos que coadyuvan en el proceso de enseñanza aprendizaje. “El segundo aspecto tiene que ver con que se ha tenido que generar una nueva dinámica en la gestión de la logística, sobre todo para prestar los mecanismos a través de los cuales ese proceso de transformación profesional no sea shokeante ni para docentes ni para estudiantes. Hay que trabajar en la mente, romper esos esquemas rígidos de formación que se ven en estos tiempos, debemos ir a la apertura de la investigación científica como mecanismo para generar enlaces, metodologías, sinergias educativas que permitan ver de una nueva manera el escenario donde todas las universidades van a poder generar su oferta académica”, explicó.


“Creo que la irrupción de estas tecnologías digitales y el hecho de que la educación virtual haya entrado súbitamente, también implica que los mercados se comiencen a expandir y abrir. Antes, por alguna razón que es natural, nosotros mismos nos condicionábamos por nuestra localización geográfica y en función a eso desarrollábamos nuestras estrategias, nuestros planes. Ahora, el mundo ha cambiado y el territorio no es una limitación, el hecho de que uno esté ubicado geográficamente en un punto ya no es una garantía para desarrollar allí sus actividades, pero tampoco un impedimento para que vaya más allá de ese condicionamiento geográfico. Entonces, el tema del territorio se vuelve, a mi juicio, una variable que nos va a obligar a las universidades del mundo y de Bolivia a ver cómo encaramos estos nuevos desafíos”, hizo notar el Rector Nacional de la UCB.


La Rectora de la Unifranz destaca que ya venían tratando de entender cómo ir progresando y cómo ir viviendo las disrupciones y cambios tecnológicos tan acelerados, desde el punto de la nanotecnología o la biotecnología, biología sintética, las nanociencias y de todo lo que tiene que ver con las neurociencias, para entender que, tal vez, las formas de aprender no han cambiado, pero sí nos hemos visto más expuestos a la humanización. “Estos cambios también nos han demostrado que somos interdependientes, lo conectados o hiperconectados que estamos no sólo a nivel de la conectividad de internet, sino también de las consecuencias que acarrea lo que sucede en el país. Como universidades estamos formando ciudadanos del mundo, los llamados nómadas de conocimiento, porque son ellos quienes tienen que tener la capacidad de trabajar en cualquier lugar del mundo, en entornos multiculturales, hablar idiomas y saber programar. Como universidades tenemos que saber sacar lo mejor de las tecnologías en beneficio de la humanidad”, enfatizó.


Nuevas propuestas universitarias


A partir de la crisis sanitaria y de las medidas de confinamiento para preservar la salud de los estudiantes y de las instituciones educativas, cada una tuvo que adaptarse y proponer nuevas medidas para continuar con el proceso enseñanza-aprendizaje en una nueva normalidad. En el caso de la UPB, Molina señala que plantearon objetivos estratégicos al inicio de la pandemia: el primero es el de preservar la salud de los estudiantes y del personal de la universidad. El segundo es cerrar completamente la brecha entre educación remota y educación presencial, para lo cual aplicaron un modelo multimodal; y el tercero es generar igualdad de oportunidades.


“En este nuevo proceso se capacita a los docentes continuamente a través de webinars, talleres, compartiendo experiencias, de tal forma que los profesores se vayan acostumbrando a esta nueva normalidad. En ese mismo grado, si los estudiantes tenían dificultades, nosotros hemos colaborado para cerrar esa brecha y eliminar en lo posible el incremento de desigualdad de oportunidades”, manifestó Molina, a tiempo de explicar que están conscientes de que no todas las asignaturas se pueden dar de manera virtual y, para ello, están llevando adelante su modelo multimodal para incorporar todas las posibles combinaciones entre remotas, sincrónicas, asincrónicas, presenciales, no presenciales, de tal forma que cuando lleguen las condiciones de una presencialidad, las circunstancias estén dadas para que los estudiantes puedan terminar de completar esas competencias que son fundamentales.


Por su parte, la UCB ha hecho una importante inversión para llevar adelante una plataforma tecnológica, donde los estudiantes pueden dar continuidad a sus clases. Ante la problemática económica, esta institución ha encarado el tema desarrollando un importante programa de apoyo económico excepcional para que los universitarios puedan continuar con sus estudios.


“Un tercer elemento es ¿cuál es el rol de un docente con estos retos que nos trae la modalidad virtual? Creo que todos nos hemos dado cuenta de que había que capacitar a docentes y estudiantes, pero particularmente a docentes. En la UCB estamos con un fuerte proceso de capacitación a nuestros profesores para que adquieran una profesionalidad en la educación virtual, porque no es lo mismo educar bajo la modalidad presencial, que bajo esta otra modalidad”, subrayó Fernández.


Desde 2017, la Unifranz se ha propuesto como misión transformar la educación en Bolivia, lo que ha conllevado el rediseño curricular de toda la oferta académica y pasar de un modelo centrado en el estudiante a uno basado en el desarrollo de competencias.


“Unifranz ha venido experimentando con distintos tipos de tecnologías para ver de qué manera podemos hacer este proceso de aprendizaje mucho más eficiente, por ejemplo, tenemos el instituto de neurociencias que nos permite entender cómo estimular mejor el cerebro. En este proceso de transformación tenemos tres ejes principales: entender cómo ayudar mejor al estudiante, por eso creamos la oficina de apoyo al estudiante para acompañarlo en la parte académica; la parte de desarrollo de habilidades tecnológicas; y el punto de vista económico, porque entendimos que era importante evitar que haya mayor grado de deserción”, comentó Ágreda.


Por otro lado, esta institución está formando a sus docentes en el diseño instruccional que requiere al educación virtual para pasar de una educación remota de emergencia que tuvo que instalarse por el COVID-19, al modelo Blended Learning Experience que une lo mejor de la educación virtual con las experiencias del mundo real.


“Lo que nosotros hicimos fue identificar cuáles son las principales oportunidades que representa un entorno virtual. Por ejemplo, nos libera de la atadura de un espacio geográfico, entonces pedimos a las diferentes carreras y materias de la universidad que busquen invitados a los que antes no accedíamos, porque viven en diferentes lugares remotos del país. Por lo tanto, lo que tratamos de hacer en este proceso de transformación es identificar dónde se presentan oportunidades y cómo podemos aprovecharlas para potenciar el espacio de aprendizaje y compensar lo que se pierde desde la perspectiva presencial. Ese es el eje central que hemos utilizado en el proceso de transformación: qué podemos aprovechar, en torno a oportunidades, que representa tener que hacer un programa académico en un formato virtual o remoto”, destacó Shoaie.


La EMI vio necesario cumplir un rol específico en el ámbito académico, en el de investigación y en el de interacción social.


“En el ámbito académico el rol estaba fijado, teníamos que transformarnos de esa enseñanza-aprendizaje presencial a una digital y eso explica una transformación de nuestros esquemas mentales, fundamentalmente de nuestros docentes. En lo investigativo vimos que las universidades tenemos que jugar un papel importante durante esta pandemia y, con conocimiento de nuestros profesionales, de nuestros laboratorios, la EMI ha apostado por la investigación, generado al menos una veintena de proyectos. Hemos impulsado, por ejemplo, el alcohol en gel en un momento en el que no había para comprar, nosotros salimos para indicar a las personas cómo debían prepararlo, luchando contra la especulación”, enfatizó el Cnl. Omonte.


El rol que esta institución está cumpliendo es el de la relación con la sociedad y a partir de eso conformó un voluntariado que iba de lugar en lugar a enseñar cómo debería protegerse la población y a repartir elementos de bioseguridad a poblaciones de escasos recursos. “Seguimos trabajando, por ejemplo, en los mensajes a través de nuestras redes lo cual es bien importante, porque hay que educar para que la población se proteja del coronavirus y eso se logra con educación”, agregó.


Educación virtual vs. Educación presencial


Para Oscar Molina, las principales ventajas de la educación virtual son que se puede recurrir a mucha más gente, el modelo educativo puede llegar a más lugares, también ofrece la capacidad de contar con profesores de otras partes del mundo y los estudiantes tienen más posibilidades de convertirse en ciudadanos globales.


Una de las desventajas que menciona es que la formación académica va más allá de estar frente a una pantalla, ya que requiere interacción humana y de competencias humanas. Además, hay asignaturas que necesitan prácticas y requieren la presencialidad.


“Este modelo de blended learning ha llegado para quedarse no sólo en Bolivia, sino en el mundo y tiene que ser la oportunidad para dar ese salto cualitativo en la educación superior y para que en los siguientes años, con mayor eficiencia y productividad, podamos tener muchos más estudiantes no sólo de Bolivia, sino también de otras partes del mundo. Además, abre la posibilidad de participar en proyectos de investigación, porque es un mundo de oportunidades”, destacó Molina.


“La educación virtual puede llegar a lo más profundo del amazonas o a lo más alto de la montaña, pero si no existe conectividad las brechas van a crecer mucho más y no sólo existirá la brecha entre riqueza y la pobreza, sino también la que separa entre los que tienen acceso a la educación y los que no. Hemos visto el impacto económico que eso puede generar en la calidad de vida de las personas”, enfatizó Verónica Ágreda.


Por lo tanto, la Rectora de la Unifranz sugiere que se deben diseñar políticas públicas oportunas para hacer que la conectividad sea posible, a un precio accesible y para todos. “De lo contrario, por mucho esfuerzo que hagamos todas las universidades en la calidad, en encontrar docentes internacionales, en pertenecer a redes, en generar inversiones en plataformas, si la conectividad no existe, es como no tener la llave del auto para echarlo a andar. Son los grandes riesgos que pueden haber en la educación virtual, pero también ofrece un mundo de oportunidades”, dijo.


Marco Antonio Fernández considera que antes no estábamos tan conectados al mundo, pero esta situación nos puso en las mismas condiciones que otros países. “Probablemente tenemos problemas en cuanto a conectividad, a dotación de los equipos adecuados para nuestra comunidad universitaria, pero ya esa brecha no es tan grande en términos de los problemas que estamos enfrentando como universidades. Todas hemos tenido que salir adelante y esto se ha convertido, a mi juicio, en un adicional que estamos entregando a los estudiantes, porque serán los ciudadanos durante los próximos 40 o 50 años, un siglo XXI que será totalmente o altamente digitalizado, eso ya es difícil de parar”, agregó.


Además del ámbito académico, el Rector Nacional de la UCB hace énfasis en la parte administrativa. “Seguramente, nuestros estudiantes van a adquirir ya esta cultura y van a querer que muchas cosas se hagan en forma digital, por lo tanto los diferentes procesos de carácter administrativo o de formación académica también los vamos a tener que actualizar y esto va a significar que las universidades también tengan este desafío y, probablemente, dentro de las organizaciones en Bolivia van a ser las primeras que vayan hacia esa transformación digital. Nuestros universitarios no sólo van a tener una formación de carácter teórico de lo que es transformación digital, sino que van a salir con una experiencia y eso, complementado con las competencias, habilidades, destrezas que tienen que tener un profesional del siglo XXI, creo que será una contribución muy importante que las universidades pueden dar a Bolivia”, subrayó.


Para el Cnl. Omonte, las ventajas del mundo digital son muchas, pero la principal es la hiperconectividad. “Esa característica del mundo cibertecnológico, del ciberespacio, hace que tanto docentes como estudiantes puedan acceder rápidamente a esa sociedad de la información”, explicó.


Por otro lado, considera que los problemas de conectividad no son una desventaja de la tecnología como tal, sino que se producen por factores económicos o políticos. “La conectividad no llega a todos, pero no es una decisión de las universidades y es ahí donde se debe trabajar, en las infraestructuras para poder llegar y tener una cobertura total en Bolivia, a una conectividad y a un acceso a precios razonables a internet. Nosotros trabajamos en un programa para permitir la continuidad educativa, que fue presentado al Ministerio de Educación e indica el riesgo de la educación en Bolivia. Sin embargo, la EMI ha apostado desde el minuto cero por la educación online”, destacó el Rector de la EMI.


Willy Shoaie hizo hincapié en que no necesariamente una modalidad es mejor que la otra, pues depende de la perspectiva. “La modalidad virtual o remota genera mayor accesibilidad a la educación, hay opciones mixtas, combinadas, blended, y eso amplía el universo de oportunidades, pero también hay mucho desafíos”, agregó.


De acuerdo al Rector de la NUR, la educación sigue siendo el principal ascensor social, y si la gente no tiene ascenso a ese espacio se seguirán perpetuando los círculos sociales que ya existen. “La proyección post Covid-19, nos hace dar un salto en el cual se genera un mayor acceso a la educación con diferentes metodologías y, por ende, se genera más acceso a este ascensor social que permite transformar la vida de un grupo poblacional más amplio, nos permite tener una mejor proyección en una transformación de la dinámica de nuestra sociedad y creo que eso es algo muy trascendental y relevante. Estamos viviendo un momento muy especial que nos abrirá la puerta y las universidades tenemos que estar a la altura de ese desafío, de ofrecer una gama y versatilidad mayor de programas académicos para contribuir a ese ascensor social y a esa proyección dentro de nuestra sociedad”, manifestó.


Víctor La Fuente hace énfasis en dos aspectos. “La conectividad es un limitativo fundamental que ha establecido condiciones visibles entre los que tienen acceso y los que no lo tienen, esa es una situación que debe solucionarse no sólo en el contexto de las universidades, sino, sobre todo, en el de las autoridades vinculadas a la telecomunicación y comunicaciones. El aspecto económico es un elemento fundamental en esta situación y ese es un trabajo que las universidades, desde nuestras plataformas y ofertas académicas, debemos plantear al gobierno central”, recalcó.


Además, mencionó que el otro aspecto fundamental es la igualdad de oportunidades para todos. “El Ministerio de Educación y las autoridades de educación en general tienen que tomar cartas en el asunto para permitir que todos tengamos las mismas oportunidades y todos accedamos en condiciones igualitarias a un contexto donde la mejor opción va a estar determinada por las cualidades que le preste el servicio de formación profesional”, agregó.


Conclusiones: la educación superior post coronavirus


- “Una tendencia es trabajar en que nuestros procesos académicos, administrativos y de investigación sean de calidad y de excelencia. Además, la educación debe apoyar al tema ecológico (educación ecológica) y debe ser mediada por cibertecnologías (edu-ciber) y es lo que en este momento estamos iniciando en el país, tal vez de una manera acelerada por efecto del coronavirus, pero el mundo va en esa tendencia. Otra es lograr una educación inteligente, donde las organizaciones e instituciones deben ir en esa línea que, además de tecnología, implica varias cosas, por ejemplo los modelos mentales, la preparación continua de nuestros docentes para perfeccionar su cátedra, aprender día a día, seguir una mejora permanente, el trabajo en equipo, las visiones compartidas”, Cnl. Iván Omonte Ph.D, Magnífico Rector de la Escuela Militar de Ingeniería (EMI).


- “Yo tengo una visión optimista y positiva sobre las posibilidades y el rol que podemos jugar las universidades. Hay una frase que decía que las universidades enfrentamos un desafío porque tenemos estudiantes del siglo XXI, docentes del siglo XX y sistemas, en muchos casos, del siglo XIX. Esto nos lleva a pensar en cómo tenemos que diseñar nuestros planes curriculares, a qué debemos dar el énfasis y en eso estamos trabajando. En la UCB tenemos más de siete carreras que, probablemente, hace tres años no las hubiéramos implementado ni las hubiéramos pensado: Ingeniería en Internet de las Cosas, que está tocando la problemática que existe en estos temas de conectividad digital; Negocios y Ciencia de datos; Diseño digital; Economía e Inteligencia de Negocios. La experiencia que hemos vivido nos ha obligado a que demos el paso y, probablemente, si es que no había la obligación no hubiéramos dado el tranco tan largo, pero no nos ha quedado otra y aquí estamos sobreviviendo y haciéndolo bien”, Marco Antonio Fernández, Rector Nacional de la Universidad Católica Boliviana (UCB).


- “Cuando hicimos el rediseño curricular ya incluimos estas tendencias globales, por eso es que en Ingeniería de Sistemas podemos salir con menciones en Internet de las Cosas o en Domótica, también tenemos E-Business, Emprendimiento e Innovación, Arquitectura Bioclimática, Sede y Territorio, entre otras, porque estamos muy ligados y muy alineados con los ODS. No podría concordar más en tener esta mirada al futuro y dentro del ADN de la cultura universitaria. Pienso que la educación 4.0 tiene que ser muy flexible, innovadora, con una mirada al futuro, pero siempre centrada en el estudiante, porque estamos formando seres humanos en un mundo de inteligencia artificial, de robótica, de cibernética, y de muchas otras tecnologías que nos tienen que diferenciar como seres humanos con valores, con principios, con la creatividad y muchas otras competencias que nos llevan a la esencia de lo que realmente debemos buscar como humanidad”, Verónica Ágreda, Rectora de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).


- “Hay que estar mirando el futuro, siempre a un nivel de competitividad global e internacional y dando a los profesionales bolivianos esa capacidad de estar siempre a la par de cualquier formación del mundo, creo que ese es un desafío para todos post covid. Pero hay dos elementos. Uno es el tema del desarrollo sostenible y creo que ese es un elemento clave del mundo que queremos dejar a las siguientes generaciones. Otro tema fundamental es que, lamentablemente, vivimos en una sociedad en la cual la corrupción es normal y tenemos que darnos cuenta de que no lo es. Lo que verdaderamente genera el desarrollo de las sociedades es no hacer las cosas malas porque se siente que están mal hechas y ese creo que es un elemento clave que tenemos que desarrollar en las próximas generaciones de profesionales. No hay un sólo país en el mundo que haya generado desarrollo con corrupción y bajo esa lógica las universidades deben crear mejores ciudadanos con valores”, Oscar Molina, Vicerrector Nacional de la Universidad Privada Boliviana (UPB).

Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 09/09/2020