RECUPERACIÓN EN “U”

La recuperación de la economía latinoamericana va a tomar tiempo y no será inmediata. Su trayectoria se asemeja más a una “U” que una “V” y es probable que tome al menos tres años para que el continente recupere los niveles de su crecimiento tendencial, anticipó el economista del BID, Erick Parrado.
Considera auspiciosa la recuperación económica experimentada por China, donde se ha normalizado el comercio, la venta de automóviles. Es también esperanzador el retorno a la normalidad de múltiples actividades de los países desarrollados hasta alcanzar niveles previos a la pandemia. Sin embargo, el desempeño de América Latina es todavía modesto pues el continente ha pasado a ser el epicentro de la pandemia.
Las economías latinoamericanas registraron las mayores caídas en abril, pero empezaron a recuperarse en medida en que los países levantan gradualmente las disposiciones sobre confinamiento. Sin embargo las elevadas contracciones regionales tanto en el comercio (27%) como en la actividad (tasas de 20% y 30% e incluso 40%), hacen difícil prever una pronta recuperación.
Parrado detalló algunos factores que mueven al optimismo. La cotización del barril de petróleo, que llegó a desplomarse de 70 a 20 dólares, se ha estabilizado en torno a los 40 dólares. Los precios de los demás commodities, que descendieron drásticamente entre abril y mayo, empiezan a recuperarse y muchos han retornado a los valores de diciembre pasado. Los mercados bursátiles han reaccionado positivamente a la aplicación de los paquetes monetarios y fiscales en beneficio de las personas y de las empresas.
Otro factor alentador para la región es un repunte en el flujo de remesas atribuible sobre todo a los paquetes financieros de apoyo a la familia aplicados por los gobiernos de los países desarrollados, más que a las condiciones de empleo en tales economías.
Sin embargo, entre los agentes económicos hay también incertidumbre sobre el futuro, pues existe conciencia de que la solución final de la crisis está relacionada con la creación y posterior producción y comercialización de una vacuna, procesos que tomarán algún tiempo.
Barreto graficó la situación de América Latina como la de un avión en 2019 volaba con un motor dañado, producto de muchos temas sociales, productividad y de crecimiento. Tras ingresar al 2020, llega la pandemia que daña el segundo motor. Hoy, los gobiernos de la región están tratando de aterrizar en un lugar seguro un avión sin motores con la premisa de salvar a los pasajeros y la infraestructura de la nave.
Tarea nada fácil pues Latinoamérica ha experimentado una triple “parada súbita”. Los frenos a la movilidad de las personas (confinamientos y restricciones de viajes) afectaron la actividad económica, el comercio, los servicios y la industria. El comercio disminuyó tanto en volúmenes como en precios por la depresión de los commodities impactando los ingresos que generan las exportaciones. La tercera parada súbita está relacionada con los flujos financieros: la salida de capitales y un menor flujo de remesas.
“El objetivo es pasar el túnel de la pandemia”, pero hay que tener estrategias tanto para permanecer en el túnel como para estar fuera de él”, manifestó el economista. Al insistir en que –para el período post pandemia- América Latina debe apostar por un sentar las bases de un crecimiento sostenible e inclusivo.
Para acelerar la recuperación de la economía recomendó poner el acento en la infraestructura dado el rezago que la región presente en este capítulo. Y lo ejemplificó con el caso boliviano. “En un ejercicio simple, Bolivia podría tener impacto de 9 puntos del PIB si invierte en más en digitalización e infraestructura”, remarcó.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 17/08/2020