PRODUCCIÓN, ABASTECIMIENTO Y CONSUMO

Bolivia tiene una industria alimenticia interesante que, poco a poco, se va diversificando. De acuerdo al V Foro Andino Amazónico de Desarrollo Rural, el 70% de alimentos que se consumen en los hogares bolivianos proviene de pequeños productores y de origen comunitario. Sin embargo, el 30% restante está en manos de industrias que manejan la producción de alimentos de manera masiva.
Otros resultados de dicho Foro revelan que la producción avícola es la mayor en el país, con un 89% frente a todas las actividades pecuarias, como la bovina, caprina, ovina y de camélidos. Esto podría responder al fenómeno de consumo que se vive en el país, obligando a tener una industria avícola que logre mayor productividad para abastecer las demandas del mercado.
En este mismo tema, un estudio del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural nombra a Santa Cruz como el máximo productor avícola en Bolivia, que genera el 60% de todo el pollo consumido en el país y donde existen más de 1.400 establecimientos relacionados directamente a este sector. Esto sitúa al país como un gran exportador de carne de pollo, ya que es el de menor precio en la región, frente a otros países donde llega a costar hasta el doble o más, como en Chile o Perú.
El consumo de carne de pollo en la población boliviana se cuadruplicó en los últimos diez años, subiendo de 10 a 42 kilos consumidos por persona al año.
El rubro de alimentos tiende a crecer un 2% o 3% al año y muestra una situación más estable frente a otros que tienen un carácter más de sobrevivencia.
Importación de alimentos
Bolivia produce y exporta varios alimentos, lo que tiene un impacto en la economía. Sin embargo, importa más de lo que vende a otros países, incluyendo alimentos que se producen dentro del territorio. Según información del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), en la última década el país ha incrementado hasta 17 millones de toneladas de producción de alimentos. Sin embargo, habría más que triplicado las importaciones de los mismos.
De acuerdo a un informe de la Fundación Milenio, históricamente Bolivia siempre ha tenido una alta propensión a importar alimentos. Con el paso del tiempo, el país ganó en autosuficiencia alimentaria, aunque no en la producción.
Según la Fundación, la importación creciente de alimentos beneficia a los consumidores, con una mayor variedad de productos a precios más bajos, y permite frenar la inflación. Además, favorece también a los comerciantes de estos artículos, especialmente importadores. Por el contrario, perjudica a los productores y a los procesadores, porque desestimula la producción primaria y el procesamiento; la sobrevaluación de la moneda local eleva la importancia de los productos no transables. A mediano y largo plazo, las importaciones tienden a paralizar el portafolio de alimentos, pues se produce cada vez menos alimentos y en menor variedad. Si la tendencia se profundiza, los efectos serían muy negativos a largo plazo. Se tendría que importar muchos más alimentos, utilizando una gran cantidad de divisas, al mismo tiempo que se acentuaría la vulnerabilidad del país.
Sin embargo, la importación de alimentos que antes no adquiría el país demuestra que se está retrocediendo de una soberanía alimentaria. Información del IBCE indica que Bolivia importa, al menos, 16 alimentos que produce. Éstos son trigo, arroz, maíz, quinua, cacao, café, manzana, plátano, mandarina, piña, durazno, uva, cebolla, tomate, frijol y papa. En algunos casos, la importación de estos productos es necesaria, porque la producción en el país es baja.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 01/01/2021