PRESIDENTE LUIS ARCE. UN INICIO CON SABOR A POCO

Con la promesa de reactivar la golpeada economía boliviana Luis Arce asumió la presidencia de Bolivia. Sin embargo, su discurso inaugural dejó sabor a poco para quienes esperaban que el economista definiera un plan de recuperación más específico.
“Vamos a recuperar los niveles de crecimiento que el gobierno de facto hizo añicos y lo haremos reduciendo la pobreza y las desigualdades económicas y sociales. Retornaremos a nuestro modelo (económico)”, señaló el flamante mandatario sin ahorrar críticas al gobierno saliente.
Abundó en un diagnóstico ya reiterado sobre la economía boliviana: crecimiento negativo, elevado déficit fiscal, pérdida de reservas, incremento del endeudamiento, recortes en la inversión pública y aumento del desempleo.
“Venceremos a la pandemia, triunfaremos sobre la crisis”, aseguró.
Más allá de esa retórica optimista, el discurso de Arce careció de un mapa de navegación para la crisis como se habría esperado de quien fue el responsable de las finanzas nacionales durante algo más de una década. Que un profesional con semejante experiencia no esboce aspectos de mayor precisión parece sugerir que carece todavía de una estrategia consolidada.
No basta asegurar que se afrontará los cambios necesarios para que Bolivia retorne a la senda del crecimiento o que la nueva administración tiene “grandes proyectos” para reactivar la economía.
Tampoco es suficiente prometer que “honrará las promesas de su campaña”, pues esa oferta electoral está basada en un modelo que funcionó durante el ciclo de auge de las materias primas. “Dudamos que volver a las políticas de gasto excesivo sea sostenible, especialmente en un contexto de menores ingresos por exportaciones de gas natural”, anotó la consultora Oxford Economics.
El país necesitaba escuchar propuestas específicas para estimular la demanda, sobre el apoyo que se brindará a las empresas grandes, medianas y pequeñas, sobre el sistema financiero, sobre la millonaria inyección de recursos que requiere la economía y sobre las fuentes de ese financiamiento.
Bolivia vive un escenario diferente al periodo de bonanza que administró Arce cuando fue ministro de Economía. Ahora es cuando se va a necesitar un verdadero “milagro económico” que requerirá de concertación social y política.
Lo más alentador del discurso presidente fue que impulsará acciones sincronizadas entre el sector público y el privado para reactivar la economía. Algo esperanzador para una corriente ideológica que no valoró lo suficiente el rol de la inversión privada.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 17/11/2020