LA LLEGADA DEL VINO Y DEL SINGANI A BOLIVIA

Publicado el 08 feb 21 - 04:00 AM UTC.
LA LLEGADA DEL VINO Y DEL SINGANI A BOLIVIA
Foto: Vino y Singani

De manera similar que en el resto de América del Sur, las vides fueron introducidas a Bolivia en los tiempos de la colonia, con la llegada de los conquistadores españoles, en 1548.

Para sorpresa de muchos que creían que la producción de vino inició en Tarija, la planta de la vid llegó primero a Luribay (La Paz) y a Mizque (Cochabamba). Estos dos lugares eran sedes arozbispales, por lo tanto, sitios muy importantes para la iglesia, ya que el vino era utilizado en las celebraciones católicas. La uva cultivada en estas áreas se utilizaba, principalmente, como parte de la dieta tradicional de los colonizadores y para la elaboración de vino con fines litúrgicos.


Después, rápidamente los misioneros españoles continuaron con su labor y llevaron el cultivo de la vid hacia el resto del país. De esta manera, las cepas llegan a Chuquisaca, lugar que durante mucho tiempo fue el principal productor de vinos de Bolivia. Esta región vitivinícola floreció y fue fuerte durante los años de la intensa explotación minera del Cerro Rico de Potosí.


Las principales variedades introducidas al país fueron “Moscatel de Alejandría” y “Misionera”, conocida también como “Negra Criolla “, variedades de uva que prosperaron en los valles bolivianos y pronto se introdujeron a los rincones más apartados del país. Las vides se cultivaban y crecían envolviéndose alrededor de “molles” (Schinus molle) en un sistema tradicional impresionante que todavía se puede ver actualmente en la mayoría de los valles del país.


El inicio del Singani


De acuerdo al portal, Wines of Bolivia, en 1545 el gran Cerro Rico de Potosí fue redescubierto por los conquistadores españoles, una mina de plata de tales dimensiones que su historia recorrió el mundo, llamando a numerosos visionarios a instalarse en el país. Para 1630, la ciudad de Potosí tenía una población más grande que la mayoría de las capitales de Europa, incluso más grande que Londres. Las minas de Potosí estaban en su mejor momento, pues eran las más grandes y ricas en existencia.


La gran riqueza de la ciudad colonial pronto exigió los productos más exquisitos de todo el mundo, incluyendo grandes cantidades de vinos y destilados. Es por ello que Potosí se convirtió en el “París del mundo” y la cultura europea establecida en el lugar exigió que Bolivia produzca sus propios vinos y destilados en los valles vecinos.


Como Potosí está a una altura de 4.050 metros sobre el nivel del mar (msnm), el vino boliviano también se destiló para producir una bebida fuerte y que proteja a la población contra el frío reinante. Es así como la bebida tradicional de Bolivia nació: un destilado noble, claro y puro de Moscatel de Alejandría, cultivado por encima de 1600 msnm, que no tendría que ser añejado en barriles de madera siguiendo los caminos de los destilados nobles tradicionales, ya que, incluso después de su destilación, el singani mantendría intacta la elegancia y el aroma típicos del Moscatel.


Alrededor de 1930, la última tecnología francesa se introdujo a las bodegas de Los Cintis, una región que se concentró principalmente en la producción de Singani. A medida que los años pasaron, la producción de singani y vino se desarrolló rápidamente en el lugar, haciendo que se convierta en el mayor contribuyente en impuestos industriales del país.


La influencia de la tecnología


En la década de los 60 las bodegas bolivianas comenzaron a invertir en tecnología para difundir la producción de vino en el Valle Central de Tarija. Este hito deja la producción artesanal y permite concentrare en un proceso de producción controlada y completamente modernizada. A partir de 1978, vides nobles europeas se introdujeron a nivel comercial, permitiendo descubrir el gran potencial para la producción de vinos de alta calidad en los altos valles de Bolivia.

Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 08/02/2021