EMPRESARIOS. AÑO DE SOBREVIVENCIA

Los efectos negativos de la pandemia para el sector privado son multidimensionales, estructurales y sostenidos, habiendo afectado áreas como el empleo, la liquidez, los ingresos, la inversión, la producción, las exportaciones y hasta su propia estabilidad.
“Estimamos que la cuarentena impactó negativamente en el 80% de las empresas, que redujeron sus ventas en más de un 50%. El 70% de los negocios no cuenta con financiamiento propio o alternativo para su recuperación y varios rubros reportan escenarios de alta gravedad. Uno de los problemas que tuvimos que enfrentar fue la inestabilidad política generada en 2019 y que impidió que se tomaran medidas sostenibles, eficientes y consensuadas”, indicó Luis Barbery, presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia.
El 2020 fue el año en que empresarios tuvieron que gestionar su estabilidad y, en muchos casos, su sobrevivencia, en medio de la mayor crisis económica y sanitaria de los últimos tiempos. La crisis exige decisiones urgentes para defender la empresa y la economía nacional.
“De enero a septiembre, el PIB cayó en 10.7%; el desempleo alcanzó a 435.000 personas, la mayoría mujeres; la construcción se contrajo en 35.8%, el comercio en 9,7%, la minería en 37%; la industria manufacturera en 17%; mientras que las ventas formales en el mercado interno disminuyeron en 43%, detalló Barbery.
“Estamos acercándonos a la previsión de la CEPAL que ha advertido que la pobreza en Bolivia este año subirá en 12% y la pobreza extrema en 17%”, agregó el ejecutivo de la CEPB.
Destacó que, en este escenario, el sector privado implementó medidas de urgencia para mantener su planilla de trabajadores, pese a la caída drástica de los ingresos, de la venta y la producción. “Hubo alivio con el diferimiento de créditos, pago de servicios e impuestos, sin embargo, sólo postergó las obligaciones” remarcó.
Explicó que, desde el inicio de la crisis sanitaria, el sector privado acató disciplinadamente las medidas dispuestas por el gobierno, esencialmente la suspensión de actividades durante la cuarentena rígida, y la implementación de medidas de prevención para sus trabajadores.
“Nos hemos reunido con las autoridades del anterior gobierno y prestamos toda la colaboración necesaria, sugiriendo medidas urgentes y de mediano plazo y aportando con información y opiniones para que tomen las decisiones que corresponda”, añadió.
Caída del PIB Industrial
La pandemia del coronavirus generó un efecto desindustrializador en el aparato productivo nacional afirmó Ibo Blazicevic, presidente de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), al precisar que el PIB industrial registró en 2020 una tasa de crecimiento de -11,9% mostrando una reducción de 15 puntos porcentuales respecto a los valores de 2019.
Explicó que, a octubre pasado, las exportaciones industriales descendieron en 26,7%, las importaciones de bienes de capital industrial se redujeron en 33,7% y las importaciones de materia prima e insumos intermedios industriales cayeron en 24,9%.
Blazicevic detalló que, como resultado del confinamiento obligado por la crisis sanitaria, una industria cerró por día y, a lo largo del año, 317 industrias cancelaron su matrícula de comercio en Fundempresa (a octubre de 2020).
Ante la crisis que experimenta el sector industrial y la economía nacional, la CNI sugirió siete medidas para la reactivación en el corto plazo:
- Lucha contra el contrabando.
- Modernización de las normas laborales a la nueva normalidad y modalidades de trabajo.
- Reestructuración del sistema impositivo para reducir la carga fiscal en el sector industrial y aumentar su competitividad.
- Apertura de nuevos mercados.
- Reducción de la tramitología y burocracia pública.
- Impulso a la compra de bienes y servicios hechos en Bolivia.
- Creación de un fondo de créditos y garantías estatales para las empresas.
Hidrocarburos. Cifras rojas
Al segundo trimestre del año 2020, el PIB del sector de hidrocarburos registró una tasa de -5.4%. Se puede afirmar que esta gestión terminará con menores volúmenes exportados, sobre todo a los mercados tradicionales afectando directamente a los ingresos de la economía.
“Fue un año con matices negativos por la pandemia. Afectó con menores volúmenes de exportación, sobre todo con Brasil, debido a la cuarentena, y menores precios internacionales del petróleo, que impactó negativamente en los precios de exportación del gas natural”, destacó Mauricio Medinaceli, especialista en hidrocarburos.
A ello se suma la completa incertidumbre sobre el destino del funcionamiento de la planta de urea y de los volúmenes de importación de gasolina y diésel oil, que, en los últimos meses volvieron a incrementarse.
Medinaceli explicó que, al segundo trimestre del 2020, la participación hidrocarburífera fue de 4.4%, frente a 4.1% en 2019 y 6.7% en 2015.
Se confirmó lo ya anticipado: que la gasolina de alto octanaje no tuvo la penetración de mercado que se esperaba y que el Estado mantiene el ensayo de la introducción de etanol, con resultados inciertos por los pagos devengados a las sucroalcoholeras.
En exploración, Medinaceli se plantea algunas preguntas: ¿cuál es el estado del Fondo de Exploración Petrolera?, ¿cuál fue el impacto del incentivo otorgado a la exploración de hidrocarburos? y ¿cuál es el nivel de producción en el país?
Otro indicador negativo es que al cierre de la gestión no cambiaron las expectativas de hace dos años sobre la cuantificación de reservas de gas natural que dieron cuenta del pobre desempeño en exploración de los últimos años: la ausencia de nuevos campos descubiertos y la frágil relación entre reservas y producción.
Sobre los mercados, con Brasil se espera que los volúmenes a suscribirse sean menores y que los precios de exportación tengan como referencia el precio del LNG importado en Brasil.
Con Argentina la situación es todavía más frágil por la solución pendiente de algunos problemas contractuales a través de la vía legal. El panorama no resulta muy alentador.
Brasil y Argentina tienen buenas perspectivas, en el corto y mediano plazo, debido a la abundancia de los recursos domésticos con los que cuentan, en particular, gas natural.
Minería. Mínimo aporte
“El aporte absoluto de la minería al PIB será menor al del año pasado” explicó, Héctor Córdova, especialista minero de la Fundación Jubileo, tras precisar que la producción sufrió una baja sustancial por la pandemia y aún no se ha recuperado; salvo en el caso del oro.
“Hay que esperar los datos del final del periodo porque en minería los últimos meses del año son los de mayor producción, pero las producciones mensuales muestran una disminución en los volúmenes del zinc y estaño, los minerales que más exportamos”, añadió.
A esto se suman las contradicciones de la política minera. El subsector más favorecido es el cooperativo, por ser el que más empleo genera y, desde el 2019, el que más exporta; pero, al mismo tiempo, es el que menos aporta al Estado. Las empresas, privadas o estatales, no generan mucho empleo; pero aportan al Estado mucho más que las cooperativas, particularmente, porque pagan un mayor impuesto a las utilidades.
Las cotizaciones de todos los minerales cayeron abruptamente a mediados de marzo, pero luego se recuperaron. El oro sobrepasó los registros históricos conocidos, cotizándose por encima de los 2000 dólares por onza troy. La plata retomó los niveles de hace un par de años y el estaño continúa recuperándose.
COMIBOL solía exportar su producción directa haciendo que el Estado obtenga todo el valor de la producción; excepto sus concentrados de zinc. Este año, la Empresa Metalúrgica Vinto paralizó operaciones por la pandemia y, al mismo tiempo, entró en crisis de liquidez por no poder cumplir sus obligaciones con los proveedores de mineral para fundir.
La situación se agravó porque Huanuni y Colquiri -sus principales proveedores- decidieron no venderle sus concentrados de estaño y exportarlos directamente, perdiendo mucho dinero. Esto provocó que la proporción de mineral convertido en metal (que es el índice de avance en la cadena de valor del sector) disminuya notablemente respecto al año anterior.
San Cristóbal, el único gran proyecto minero privado, paralizó en marzo, las reabrió momentáneamente cuando se flexibilizó la cuarentena, pero las volvió a detener por los contagios entre los trabajadores. Reinició parcialmente operaciones en septiembre.
Comercio Exterior. Déficit recurrente
El comercio exterior hasta octubre presenta un saldo negativo lo que permite predecir que el 2020 será el sexto año consecutivo de déficit comercial. “En los primeros diez meses tenemos un salto negativo de 168 millones de dólares producto de la caída de 27% en las exportaciones y de 31% en las importaciones”, señaló Gary Rodríguez, gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
“Esta caída está determinando que en ese período circulan 2.012 millones de dólares menos que en el año pasado, es por esta razón que la economía se ha enfriado, hay menos dólares en el país y, por supuesto, menos actividad económica”, añadió.
El economista sostiene que la generalidad de los indicadores macroeconómicos presenta deterioro: 7 años de déficit fiscal, 6 años consecutivos de déficit comercial, aumento de la deuda interna y la deuda externa (motivado por la pandemia) y disminución de las reservas internacionales netas. A esto se suma el desempleo (9% a octubre) con más de 300.000 personas que perdieron el empleo.
Especificó que la economía boliviana está al borde de una deflación con un IPC negativo a 12 meses. Se estima que, por el movimiento económico de diciembre, el 2020 concluirá con una baja inflación, “extremo que es indeseable”, remarcó.
El desempeño de las exportaciones fue afectado por la caída de los precios de las materias primas, sobre todo de los recursos no renovables. “Según el INE los hidrocarburos cayeron 26% en valor, mientras que los minerales bajaron en 37%”, acotó.
El economista destacó que las exportaciones no tradicionales se redujeron en 7%, aunque su volumen se contrajo en 14%. La lección es que el ser humano puede prescindir de muchos bienes y servicios, pero no puede quedar sin alimentarse.
De los principales 15 productos que exportó Bolivia hasta octubre, la mayoría presenta crecimiento, correspondiendo a productos agropecuarios: quinua, girasol, carne bovina, madera, azúcar, alcohol, banana, leche, palmito, café, cacao. Rodríguez destaca que no solo se trata de una expansión en términos de valor sino que muestra un esfuerzo productivo.
Al tercer trimestre del 2020 el IGAE reportó el crecimiento positivo de solo tres sectores: comunicaciones (6%), agropecuario (2%) y Administración pública (1%).
Construcción. Su peor año
El 2020 fue el peor año para el sector de la construcción que durante el boom de las materias primas registró tasas de crecimiento de hasta dos dígitos, aunque en los últimos años su actividad se enfrió a causa de la ralentización de la economía.
“Ha sido un año muy crítico pues tuvimos que paralizar totalmente nuestras actividades por la cuarentena rígida. Las consecuencias: muchas empresas cerradas y quebradas, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo”, detalló Javier Arze, gerente General de la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecocruz).
Según el INE, al II Trimestre del 2020, el PIB de la construcción registró un crecimiento de -50,95%, lo que significa que perdió la mitad del valor generado en similar periodo de 2019.
La Encuesta Continua de Empleo del INE reporta la pérdida del 17,2% de los empleos de la construcción en las áreas urbanas, lo que equivale a decir que 60.000 trabajadores de la construcción quedaron sin empleo.
La difícil situación por la que atravesó la construcción queda reflejada a través de varios indicadores. El primero, muestra la caída de 68,9% en la superficie autorizada de permisos de construcción. Hasta agosto pasado (último dato oficial disponible) dicha superficie alcanzó a 649.664 metros cuadrados frente a los 2.088.704 metros cuadrados autorizados en 2019.
Asimismo, entre enero y agosto, el volumen de ventas de cemento disminuyó en 36%, habiéndose reducido de 2.566.319 toneladas en 2019 a 1.640.378 toneladas. Simultáneamente, los ingresos fiscales decayeron por la recesión económica que produjo la pandemia, lo que debilitó la ejecución de la inversión pública que registra un bajón del 53,7% respecto a los valores de 2019.
La situación se agravó por las deudas de las administraciones públicas del Estado con las empresas constructoras por planillas de avance de obra impagas, que bordean los 2.000 millones de bolivianos.
Cadecocruz presentó a las autoridades gubernamentales algunas sugerencias para solucionar los problemas del sector y reactivar su actividad. Cita una vigorosa reactivación de la inversión pública, el pago de las deudas pendientes, lo que apuntalaría la salud financiera de las empresas constructoras, y la aprobación de mecanismos que permitan convertir las planillas de avance en títulos valores.
Agro. El sector que alimentó al país
El agro se convirtió en el puntal productivo que alimentó al país, mientras que otros sectores se desplomaban.
El crecimiento acumulado del PIB agropecuario al primer semestre de 2020 fue de 1,53%, porcentaje inferior al registrado el mismo periodo de 2019 (5,45%). La superficie cultivada se incrementó en 1,29% respecto a los valores de 2019, la producción agrícola creció 8,41% y la producción pecuaria fue superior en 0,15%
Reynaldo Díaz, presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), explicó que el aporte del sector agropecuario durante la pandemia robusteció al sector como el soporte más importante de la economía, pese a la caída de oferta y demanda.
La producción agrícola en 2020 alcanzó a 15,94 millones de toneladas, apoyada por un incremento significativo en los rendimientos. La actividad pecuaria tuvo un leve crecimiento vegetativo en ganado bovino de carne y leche, pero registró una disminución en avicultura de carne y huevo, así como en el sector porcino.
“Estamos ante una nueva realidad, tanto por los efectos de la pandemia, como porque se ha hecho evidente el rezago tecnológico en el que se encuentra el productor agropecuario, así como las falencias y necesidades que tiene para desarrollar su actividad productiva y para cumplir con sus mayores objetivos: generar empleos, proveer de alimentos y dar mejor nivel de vida a las familias”, señaló Díaz.
Añadió que ante la nueva realidad, de desempleo, disminución de la demanda, reducción de la oferta, cierre de unidades productivas, ingreso masivo de productos desde países vecinos, es urgente frenar el contrabando, no aplicar restricciones a las cadenas productivas, no desincentivar las inversiones y facilitar el acceso a tecnología de última generación para todas las cadenas productivas. Indicó que los sectores público y privado deberían encarar una campaña para la apertura de nuevos mercados.
En el primer trimestre, el aporte agropecuario al PIB fue de 13,64% y de 20,12% en el segundo trimestre. Este incremento fue significativo entre marzo y junio debido a la cuarentena rígida decretada en todo el país, un parón que redujo al mínimo las actividades económicas en todos los sectores, exceptuando el agropecuario, cuyas operaciones se flexibilizaron para garantizar el abastecimiento de alimentos a toda la población.
Anapo. Más producción de granos
La producción total de granos en 2020 generó un movimiento económico de al menos 1.150 millones de dólares, que fueron distribuidos en toda la cadena productiva de alimentos, y representa un incremento de 18% respecto a 2019.
Fidel Flores, Vicepresidente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), detalló que la producción total de soya, maíz, sorgo, girasol, trigo y chía alcanzó las 5.024.000 toneladas.
Pese a la cuarentena, los productores de granos extremaron sus esfuerzos para garantizar la producción de alimentos.
El aumento en la producción obedeció a mejores condiciones climáticas que se presentaron en la campaña de invierno 2020 y que contribuyeron a obtener buenos rendimientos y con ello un aumento en la producción, sobre todo en el este de Santa Cruz.
Flores precisó que en las campañas de verano 2019/2020 y de invierno 2020, la soya fue la más afectada por las condiciones de sequía reduciendo sus niveles de producción.
Agregó que la producción de los cultivos de soya, maíz y sorgo en la campaña de verano 2019-2020, alcanzó a 2,4 millones de toneladas, lo que significa un incremento de 2% respecto al verano anterior. En la campaña de invierno 2019 se logró producir 2,6 millones de toneladas con un incremento de 26% con relación al invierno del año anterior.
Explicó que, en los últimos años, la superficie de siembra se encuentra virtualmente estancada con un total de 2,28 millones de hectáreas sembradas, lo que no permite augurar mejores perspectivas para este conjunto de granos.
El Vicepresidente de ANAPO aseguró que el sector tiene un potencial para aumentar la producción de alimentos, garantizando el abastecimiento del mercado interno y generando excedentes para las exportaciones, lo que permitirá el ingreso de divisas para la reactivación.
Especificó que es necesario concretar con el Gobierno un pacto productivo que permita tener condiciones adecuadas para aumentar la producción y que contemple la liberación de las exportaciones, el acceso al uso de semillas genéticamente mejoradas, la implementación de Puerto Busch para las exportaciones, el combate al contrabando de productos agropecuarios y la seguridad jurídica para las tierras productivas.
Sistema Financiero. Riesgos de Liquidez
La banca mantuvo sólidos indicadores de solvencia pese a la pandemia. El Coeficiente de Adecuación Patrimonial (CAP) continúa por encima del 10% requerido por Ley, la solvencia se fortaleció con la capitalización obligatoria de utilidades -pese a su disminución de 50% a 40%- y la eficiencia administrativa mejoró debido al mayor crecimiento de los activos, sostuvo el analista Jaime Dunn.
Explicó que los indicadores de rentabilidad disminuyeron como efecto de menores utilidades por los mayores costos de financiamiento, disminución de ingresos por arbitraje y operaciones cambiarias. A octubre del 2020, el ROE bajó del 10,4% al 6,7% y el ROA de 0,8% a 0,5%. El sistema registran las rentabilidades más bajas desde 2014 cuando el ROE era del 12,3% y el ROA del 1,2%.
La pandemia y las medidas de contención implementadas incrementaron rápidamente los riesgos de crédito y de liquidez de todo el sistema financiero. La liquidez se venía reduciendo gradualmente desde varios años atrás, pero su baja se acentuó en el último trimestre del 2019 y luego en el primer semestre del 2020.
Las reprogramaciones de cartera de los bancos contribuyeron a la contracción de la liquidez. Hasta mediados del 2020, las reprogramaciones se incrementaron en cerca del 52% respecto al mismo periodo del 2019.
La liquidez es muy importante para la expansión crediticia y la continuidad de la cadena de pagos y era importante atenderla desde el BCB y el poder ejecutivo, sostuvo Dunn.
Dos medidas permitieron inyectar liquidez durante la pandemia: el diferimiento de los créditos y las operaciones del BCB. Ambas fueron importantes para mantener el flujo de dinero en la cadena de pagos y evitar la insolvencia de los agentes económicos, especialmente de las entidades de intermediación financiera. Aun así, la liquidez continuó siendo un factor de constante tensión.
El crecimiento del crédito se mantuvo sobre todo por el Plan de Emergencia de Apoyo al Empleo y Estabilidad Laboral a las empresas y el Programa Nacional de Reactivación del Empleo. Los depósitos aumentaron por el crecimiento de DPF de las AFPs con recursos de la venta de títulos públicos al BCB.
Si bien el diferimiento inicial de créditos (marzo) impactó en la liquidez, el segundo diferimiento (hasta diciembre) aumentó el estrés sobre la liquidez bancaria. Los bancos dejaron de recibir unos 3.500 millones de bolivianos a causa de los diferimientos. Esto puede provocar la caída drástica de la cartera de créditos, el aplazamiento definitivo de la recuperación económica y el aumento de la mora. Dunn opina que el diferimiento no debe ser generalizado sino solo para las empresas que lo necesiten.
La reducción de liquidez en el sistema financiero se refleja en las tasas interbancarias y de reporto. Al cierre de octubre 2020, la tasa interbancaria alcanzó un nivel de 5.50%, mayor a lo registrado durante el mes anterior.
El efecto más notable de la pandemia se dio en la rentabilidad de los bancos. De continuar esa tendencia, los bancos perderán la oportunidad de generar mayor cartera, lo que reduce la inversión y la generación de empleo.
Turismo. Crisis en cadena
El turismo en Bolivia había tenido en 2019 un crecimiento que bordeó el 10%, habiendo generado 802 millones de dólares. Sin embargo, la llegada del Covid-19 ocasionó quiebre en la etapa de recuperación. El cierre de fronteras, a fines de marzo, y la cuarentena, disminuyeron la demanda turística, castigando duramente los ingresos y generando un alto déficit.
“Entre finales del 2019 e inicios del 2020 vivimos la temporada alta de turismo asiático, sin embargo, ya se veían los primeros anuncios de la pandemia. En febrero llegaron todavía llegaron algunos turistas. El problema ya se estaba agudizando. Los turistas dejaron de viajar porque ya empezaban los cierres de fronteras, lo cual provocó nuestra última operación el 20 de febrero” relató Raúl Calvimontes, presidente de la Cámara Nacional de Operadores de Turismo Receptivo.
El entrevistado afirmó que la pandemia proporcionó un golpe muy duro a este sector, integrado por alrededor de tres mil empresas legalmente establecidas entre las que se cuentan agencias de viajes, operadoras de turismo y servicios de hospedaje. Estima que en estos centros trabajan alrededor de 100.000 personas.
Se calcula que, cerca de 40% de las empresas turísticas legalmente establecidas en el país cerró y en muchos casos dieron de baja su NIT. El sector de turismo el año 2020 habría perdido 1200 millones de dólares, según cálculos preliminares.
Se encaran múltiples iniciativas para reactivar el sector, las cuales implican la promoción del turismo interno mediante redes sociales y plataformas digitales, así como alianzas con diferentes sectores a fin de ofrecer paquetes con precios accesibles.
Si bien el sector está trabajando en estimular el turismo doméstico como fórmula para para reactivar la economía, los operadores consideran necesario que las autoridades contribuyan al despegue de la actividad emulando a otros países que han procedido a la emisión de certificados de destino seguro ante los temores que todavía genera la pandemia.
“Bolivia tiene mucho potencial, turístico, lo que falta es poner en el contexto internacional todos los atractivos que tiene el país para que podamos recuperar el turismo. Este 2021 nos tocará hacer una promoción muy agresiva porque estamos frente a países que tienen mucha más experiencia” concluyó Calvimontes.
Conamype. Crece la informalidad
Las micro y pequeñas empresas (Mipypes) recibieron también los embates de la crisis económica generada por la pandemia. A la emergencia sanitaria se sumaron los niveles de informalidad propios del sector.
“El aparato productivo estuvo paralizado todo el año, se dejó de generar fuentes de empleo y no existió ningún tipo de producción. Esto provocó una caída económica” detalló Agustín Mamani, presidente de la Confederación Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype) tras definir el panorama sectorial como “negativo y poco alentador”.
Para encarar la crítica coyuntura, el sector no tuvo otra alternativa que optar por el despido de empleados, por la venta de sus maquinarias y, en muchos casos, por el cierre total de los negocios. Conamype agrupa a más de 600.000 mypes y la tercera parte dejó de operar por la pandemia.
Para sobrevivir, varias Pymes cambiaron de rubro, convirtiéndose en negocios unipersonales. Se estima que la informalidad ha trepado al 80% de la población, frente al 60% que se registraba en 2014.
Mamani aseguró que tres millones de personas que se empleaban en el sector Mype, perdieron su fuente laboral. Esto se debe a que 450.000 unidades productivas siguen paralizadas pese a la flexibilización de la cuarentena.
Entre los problemas sectoriales citó la escasa dinámica comercial del mercado interno y el poco control de las fronteras, lo que posibilita el ingreso de mercadería más barata desde Argentina y Brasil.
Actualmente se está coordinando acciones para reactivar a la Mypes, entre ellas el acceso y el uso de tecnologías. Recientemente el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, junto al Viceministerio de la Micro y Pequeña Empresa presentaron la plataforma digital ‘Acelera Mypes’.
La plataforma tiene como objetivo impulsar los negocios a través de la promoción y difusión de productos y servicios. Beneficiará a artesanos y emprendedores el marco de la reactivación económica y la preservación y generación de empleos.
“El manejo de sistemas virtuales es una alternativa, pero hay que buscar otras opciones. El gobierno debe colaborar con políticas para crear mercado interno, fomentar la reactivación incluyendo nuevamente la billetera móvil” remarcó Mamami.
Hotelería. Un año para el olvido
La pandemia del COVID 19, acompañada de los confinamientos locales y de las restricciones para los viajes provocaron el cierre temporal de muchos hoteles y la paralización de sus operaciones, obligando a funcionar a una pequeña fracción de su capacidad disponible.
Helga Cisneros, presidenta de la Cámara Hotelera de La Paz, precisó que las pérdidas económicas causadas por la pandemia obligaron al sector a declararse en estado de emergencia. Se estima que, hasta agosto de la presente gestión, las pérdidas acumuladas por servicios ascienden a 35 millones de dólares.
En La Paz se postergó la apertura de entre 4 a 5 nuevos hoteles, de los cuales uno pertenece a una cadena internacional brasileña IBIS. El monto estimado de las inversiones diferidas alcanza a 20 millones de dólares.
La crisis también incidió en la pérdida de fuentes laborales, considerando que este rubro es una importante fuente de ingresos, especialmente para mujeres y jóvenes. “Generamos aproximadamente 10.000 fuentes de empleo de manera directa y más de 30.000 de manera indirecta, juntamente con el turismo en el Departamento de La Paz somos un sector que aportamos a la cadena productiva de manera transversal” dijo Cisneros.
Pese a ello, el sector no tuvo beneficio directo en cuanto a las obligaciones fijas contractuales de servicios básicos como electricidad y agua. “A pesar de no estar operando, se nos siguió cobrando de manera habitual tomando como referencia el consumo pasado” indicó la Ejecutiva.
Si bien las estadísticas proporcionan un panorama poco favorable, hoy se busca fortalecer la promoción y el posicionamiento de “La Paz Ciudad del Cielo” e impulsar sus atractivos turísticos. Junto al Estado se encaran acciones para reactivar al sector.
La gobernación, a través de la Secretaria Departamental de Turismo y Culturas, entregó certificados de bioseguridad a operadores, guías, hotelería y otros que son parte de la infraestructura turística para impulsar progresivamente la reactivación económica del departamento.
“Uno de los primeros beneficios que tenemos las empresas hoteleras legalmente constituidas en La Paz es el certificado de bioseguridad, el cual consideramos que nos ayudará a poder posicionar este destino en el exterior” indicó Cisneros.
Gastronomía. El desafío de reinventarse
La gastronomía boliviana se fue dinamizando en los últimos años a través de la diversificación de servicios y la inversión por parte de pequeños y medianos emprendedores. Sin embargo, hasta el primer bimestre del 2020 el sector mostraba una caída a consecuencia de los constantes conflictos sociales vividos en los últimos meses del 2019. La falta de productos provocó el cierre temporal de varios restaurantes, lo que ocasionó las primeras pérdidas económicas del sector.
El sector comenzó el 2020 con un crecimiento modesto. Muchos restaurantes habían comenzado a expandir sus modelos de negocio, pero ninguno estaba preparado para afrontar la pandemia del Covid 19, una crisis que los llevaría prácticamente a su cierre y cese de operaciones.
La actividad gastronómica se vio obligada a reinventarse a través de nuevas estrategias y el uso de tecnologías. Los servicios de delivery permitieron atender la demanda durante la cuarentena, ya que este era el único medio permitido de transporte, sin embargo, su cobertura es aún limitada y solo permitió que los negocios de comida llegaran a cubrir entre el 10% y el 40% de los ingresos previo al Covid 19.
Llevar la experiencia que se vivía en los restaurantes a las casas de los comensales aún sigue siendo un reto por solucionar en la industria. “Han sido meses demasiados difíciles para la gastronomía, creo que acostumbrarse al tema del delivery ha sido un reto para todos, probablemente no tanto para la comida rápida, pero si para los que brindamos experiencia en la gastronomía” afirma Luz Bustillos, Coordinadora Negocios Sociales Manq’a.
La reciente apertura de negocios se permitirá el incremento al 60% de la producción de todo el rubro, duplicando la empleabilidad con un gran impacto en el sector gastronómico. Se estima que, de manera gradual, se generará alrededor de 10.000 fuentes de empleos, lo que evitará la quiebra total de muchas empresas del rubro.
“Producir, reinventarse y adaptarse son los principales retos, sin embargo, es necesario llegar acuerdos más colectivos de reactivación en cuanto a la oferta de productos para activar la economía de todos. Se tiene que llegar a un punto de volver ajustar el mercado, la oferta y demanda para la reactivación económica” aseguró Luz Bustillos.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 27/12/2020