EL ESTADO LLEGÓ A LA ECONOMÍA PARA QUEDARSE

Publicado el 01 ene 21 - 04:00 AM UTC.
EL ESTADO LLEGÓ A LA ECONOMÍA PARA QUEDARSE
Foto: Estado Llego Economia

Más allá de la respuesta inmediata de los Gobiernos ante una emergencia de proporciones no vistas desde la gripe de 1918, lo cierto es que hay señales de que algunos de los cambios a los que asistimos en estas semanas han llegado para quedarse.

En apenas una década el mundo desarrollado ha visto tambalearse en dos ocasiones los cimientos de su modelo económico y en ambas crisis se ha constatado que la única respuesta efectiva es una intervención de los Estados en la economía hasta extremos desconocidos desde la revolución conservadora y liberal de los años ochenta.


Entonces, bajo el impulso del presidente de USA, Ronald Regan, y la primera ministra británica, Margaret Thatcher, el neoliberalismo se fue imponiendo como la ideología dominante basada en la reducción del peso del sector público en la economía, la liberalización de los mercados y las rebajas de impuestos. Especialmente desde el colapso de la URSS y la caída del Muro de Berlín (1989), el liberalismo se convirtió en el modelo dominante en la economía mundial y ha acabado siendo asumido por Gobiernos de todo signo.


Hasta el propio FMI admitió en su reciente informe de perspectivas el nuevo rol que los Estados van a tener en la economía. “El paisaje económico se verá alterado de forma significativa durante la duración de la crisis y quizás más allá, con una mayor implicación de los Gobiernos y los bancos centrales en la economía”, advertía la economista jefe del organismo, Gita Gopinath.


A juicio de Yves Bonzon, de jefe de inversión de Julius Baer, “la crisis está acelerando la transición del modelo capitalista hacia políticas no ortodoxas”, un giro que, a su parecer, resultaba inevitable desde la crisis financiera de 2008. “Los Gobiernos no tienen alternativa: tienen que intervenir de forma masiva no solo en los mercados sino en toda la economía real para evitar un desastre similar al de la Gran Depresión de los años treinta. Estamos entrando en una etapa de capitalismo patrocinado por el Estado”, sentencia.


Si el cambio del paradigma económico al que asistimos acaba propiciando un giro tan radical es algo que a estas alturas arroja todavía demasiados interrogantes. Pero los expertos auguran que ese renovado protagonismo del Estado en la economía no es algo pasajero. “Con indicadores que anticipan la mayor recesión global de los últimos 150 años, esperamos que los Gobiernos y los bancos centrales tengan que seguir jugando un papel fundamental a corto y medio plazo”, admite Saadia Zahidi, directora gerente del Fondo Económico Mundial.


“Ante una situación inédita como la actual, la ideología se difumina. Solo hay una manera de salvaguardar rentas y evitar cierres de empresas y eso exige la presencia de lo público: de bancos centrales y de Estados”, explica Antonio García Pascual, profesor visitante de la Johns Hopkins en Washington.


Los expertos advierten que el mundo no va a salir más o menos indemne de esta recesión a medio plazo, como sucedió con la crisis financiera a nivel macroeconómico. “Las sociedades van a exigir que los años de insuficiente inversión en el sistema de salud, especialmente en las economías anglosajonas, se reviertan y, ante el descomunal colapso económico que se empieza a intuir, es más que probable que el gasto público sea la única alternativa económica posible”, apunta Louis-Vincent Gave, de Gavekal Research en Hong Kong.


Ese nuevo protagonismo del Estado sumado a la emergencia sanitaria ha devuelto la mirada sobre la política industrial, un concepto que parecía desfasado y superado con la aparición de las cadenas globales de valor, las que permiten que un teléfono inteligente sea diseñado en Cupertino (California), sus componentes se fabriquen tanto en Estados Unidos, como en Japón, Taiwán y Corea del Sur y sea finalmente ensamblado en China y devuelto a EE UU como producto importado.


Uno de los primeros en alertar durante esta crisis sobre la dependencia que las economías occidentales tienen de China fue el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, que en marzo pasado aseguraba que “habrá un antes y un después del coronavirus en la economía mundial”, que llevará a repensar el sistema económico y la globalización.


A su juicio, debemos “reflexionar sobre una mejor organización de la cadena de valores, sobre una relocalización de ciertas actividades estratégicas, en particular en materia de salud”. También el Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, abundaba hace unos días en esa idea: “China produce el 80% de los antibióticos del mundo mientras Europa no produce un solo gramo de paracetamol''.


Esa tendencia, que a juicio de Pol Morillas, director del Cidob, puede suponer “un punto de inflexión en la era de la globalización”, no ha surgido como consecuencia de la pandemia. Ya había iniciado su recorrido bajo la batuta del presidente de USA, Donald Trump, con su “América primero” y su guerra por el dominio tecnológico y comercial con China hasta el punto de obligar al resto de las economías a buscar alternativas de suministro.


Si en ese efecto el Estado va a desempeñar un nuevo rol en la economía, los expertos piden huir de viejos clichés y aportar una mirada nueva a su desempeño. Entre todas las teorías académicas desarrolladas desde la crisis financiera se va abriendo paso la condicionalidad, la idea de que si el Estado va a acabar rescatando sectores como las aerolíneas, cuyos aviones se han quedado en tierra de un día para otro, condicione las ayudas públicas a un cambio de modelo de estas empresas hacia uno más compatible con la lucha contra el cambio climático.



Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 01/01/2021