ECONOMÍA I TRIMESTRE: ENTRE MIEDOS E INCERTIDUMBRES

La economía boliviana en el primer trimestre no muestra aún signos relevantes de reactivación y se advierte más bien que entre los agentes económicos predomina la incertidumbre, lo que ha llevado a reducir el consumo, a mantener bajos los niveles de empleo y a sostener un ahorro precautorio frente a cualquier eventualidad sanitaria o económica, dice el economista José Gabriel Espinoza.
Los temores están relacionados con la falta de un plan estructurado de reactivación, la demora que experimenta la captación los nuevos recursos anunciados para recuperar la economía, porque la vacunación masiva es todavía incipiente y por la inminencia de otra ola de contagios.
“Con el diferimiento del pago de créditos, la economía se frenado. Hay menos crédito para la reactivación y, al mismo tiempo, menos ahorro. Las expectativas sobre el mercado laboral son pesimistas y se teme futuros contagios. A eso se le suma la falta de un plan explícito, bien diseñado y bien comunicado sobre la reactivación. El proceso de vacunación se ha demorado más allá de lo que se había estimado”, anota el entrevistado.
El balance del primer trimestre de Espinoza toma como referencia algunos indicadores líderes pues, salvo ciertos datos, no se cuenta con información oficial actualizada.
El temor a los contagios y la proximidad de una tercera ola con cepas más agresivas siguen frenando la reactivación y mantienen el desempleo en niveles similares a los del pico de la pandemia (alrededor del 9%). La gente redujo su consumo y mantiene un ahorro precautorio, tanto para una emergencia sanitaria como para retomar los pagos cuando concluya el período de diferimientos. En el sistema financiero decayó el ritmo de crecimiento de depósitos y el crédito se contrajo.
“No se advierten signos de reactivación, más bien sucede todo lo contrario”, sentencia el economista, tras comentar que en la última parte del 2020 creció la demanda. “Parecía que esto iba a mejorar, pero durante el primer trimestre del 2021 se ha derrumbado fuertemente”, agrega.
La baja inflación del primer trimestre (0,51% acumulada y 1,16% a doce meses) puede explicarse por tres factores: una capacidad instalada no aprovechada, la contracción del consumo por parte de las familias y el contrabando. Espinoza explica que las devaluaciones en los países vecinos abarataron los costos de sus productos que ahora llegan a Bolivia por canales formales e informales.
Al primer bimestre, el país registra una balanza comercial positiva porque dejó de importar muchos productos, sobre todo bienes de capital.
Preocupa la constante pérdida de reservas, pese a los desembolsos de créditos externos para el pago de bonos. “Hemos tenido la llegada de dólares (704 millones en diciembre y 350 millones en febrero) y aun así hemos perdido cerca de 600 millones de dólares de reservas líquidas desde diciembre”, afirma Espinoza.
Agrega que entre los agentes económicos existe temor sobre la situación cambiaria. La gente que tiene pequeños niveles de ahorro quiere protegerse y compra dólares.
“Si se suma lo que se ha recibido y se ve el resultado de las reservas, hemos perdido más de 1.700 millones de dólares en divisas durante los últimos tres meses, lo que significa que básicamente la gente está sacando la plata del sistema financiero, la está cambiando a dólares y manteniendo bajo el colchón. Esto refleja la baja confianza de la gente en la dirección de la política económica”, indica.
Aún no se concretó la anunciada emisión de 3.000 millones de dólares en los mercados internacionales, que iba a aliviar la presión sobre las reservas. Además, se estima que el Estado dispondrá de menores ingresos en cuanto a recaudaciones tributarias.
Las perspectivas para los próximos meses parecen ratificar la incertidumbre. No hay certeza sobre nuevos recursos para recuperar la economía y para proporcionar tranquilidad sobre la situación cambiaria.
La contracción de la demanda y la cautela en el consumo anticipan la percepción de los agentes económicos respecto a que la recesión será más prolongada. El ahorro precautorio apunta a tener recursos para hacer frente a las deudas, a las obligaciones financieras y otros imprevistos.
Sobre la conclusión del período de diferimiento de deudas comenta que “se necesita constituir herramientas complementarias para facilitar la salida del diferimiento o periodo de gracia. No se puede dejar que el sistema financiero que enfrente esto solo. No es porque se quiera salvar al sistema financiero sino porque es la correa de transmisión de los recursos”, indica.
La mayoría de las entidades financieras optó por limitar su cartera a la demanda calificada, lo que significa que el flujo de recursos es menor para los que quieren mantener un negocio, reconvertirlo o simplemente comprarse una moto para hacer delivery.
La situación del sistema financiero es heterogénea. Las entidades más grandes tienen áreas diversificadas de negocio (depósitos, operaciones cambiarias, comercio exterior), mientras que otras como las Entidades Financieras de Vivienda o las IFDs no tienen capacidad para hacer otro giro de negocio que no sea prestar.
El sistema financiero ya no está en capacidad de otorgar muchos más créditos porque ya consumió gran parte de sus recursos. Ahí debe intervenir el Estado con fondos de garantía. “Si no lo hace probablemente vamos a tener una crisis financiera y eso nos llevaría a una crisis de insolvencia que sería el peor escenario posible”, apunta.
Espinoza considera que las autoridades están equivocando medidas al aplicar algunas que son propias de un contexto diferente.
“Sería importante un cambio de timón en cuanto a quiénes tienen que empezar a generar empleo y dinamismo económico. Está claro que no se puede reducir el gasto público, pero sería bueno descentralizarlo. Está claro que la inversión pública es importante, pero hay que preservar la inversión privada que es la que genera empleo”, sostiene.
Finalmente, el entrevistado se refiere a la importancia de la vacunación. “La vacunación es necesaria pero dentro de plan integral. Las necesidades económicas, la falta de crédito, la necesidad de introducir recursos económicos a la economía siguen estando presentes con o sin vacunas. Solo la vacunación no alcanza”, remarca.
Cauteloso inicio económico
La perspectiva económica en el primer trimestre se caracterizó por la profundización de la incertidumbre dada la generación de anuncios gubernamentales que pusieron la inversión privada en modo de espera (ej. creación de impuestos a las grandes fortunas, amenazas y persecuciones), según la evaluación del economista Roger Alejandro Banegas.
A eso se suma la ausencia de un plan de reactivación económica, la debilidad en la estabilidad de las reservas internacionales y los riesgos sistémicos en el sistema financiero.
Como expresión de esa incertidumbre, menciona la decisión de Standard & Poor’s de cambiar la perspectiva de calificación de Bolivia de “estable” a “negativa” debido a la profundización en los desequilibrios en su economía: afectación del ingreso per cápita, aumento de la deuda pública, elevado déficit fiscal estructural, déficit en el sector externo (cuenta corriente), bajo nivel de reservas internacionales y persistencia del perfil externo del país, lo que aumentaría la vulnerabilidad del país a choques externos.
Mencionó que las reservas internacionales continuaron con tendencia a la baja. A fines de marzo alcanzaron alrededor de 4.600 millones, de los cuales las divisas suman 2.000 millones de dólares y el resto corresponde a oro (no disponible). Banegas dice que este indicador puede afectar la estabilidad del sistema financiero, las expectativas de los ahorristas y al sector real frente a una eventual crisis de balanza de pagos, devaluación monetaria y corrida de depósitos. Subsiste el riesgo de que una crisis financiera se convierta en una crisis económica.
Le preocupa el fondeo del déficit fiscal en el mercado interno, que estaría desplazando la inversión privada y perjudicando a la reactivación económica. En el primer trimestre del 2021, el TGN obtuvo 2.600 millones de bolivianos del mercado interno (50% de lo gestionado en el 2020), lo cual repercute en la disminución de la liquidez del sistema financiero y en la menor disponibilidad de recursos para la otorgación de créditos.
Sostiene que el pronóstico de un crecimiento económico positivo para este año no responde a una gestión de política pública, sino a un tema meramente estadístico, pues comparara el actual ejercicio con un año de cuarentena rígida y paralización de las actividades económicas.
Sostiene que para la recuperación no son suficientes normas y decretos, se requiere la inyección de recursos financieros externos para canalizarlos hacia diversos sectores económicos. Es usual que en contextos de fases bajas del ciclo económico, los bancos centrales disminuyan las tasas de interés del sistema financiero con el ánimo de incentivar la demanda de créditos y así, fomentar a la inversión y el crecimiento económico para la reactivación.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 29/04/2021