ECONOMÍA BOLIVIANA, ENTRE PANDEMIA Y DESAJUSTES ESTRUCTURALES

La economía boliviana cerrará el 2020 con crecimiento de -7% debido sobre todo a los efectos del coronavirus, aunque no debe olvidarse que el deterioro de los principales indicadores data de gestiones anteriores.
“La pandemia ha agravado en forma sustancial los fundamentos económicos que ya estaban débiles”, sostiene el economista Javier Aliaga refiriéndose a los continuos desfases fiscales y comerciales, a la reducción de reservas internacionales, a la falta de inversiones en exploración gasífera, a la ausencia de proyectos mineros de magnitud, a la excesiva dependencia de las materias primas y al deterioro del empleo formal.
“Si queremos entrar en una lógica de reactivación económica vamos a tener que apretarnos los bolsillos. Hay que dar un paquete integral de incentivos para dinamizar la demanda interna y la inversión privada y pública, en un enfoque coordinado entre oferta y demanda, usando sabiamente nuestros préstamos”, indica.
Añade que el país “no tiene muchos instrumentos para salir de la crisis más que inyectar liquidez vía endeudamiento”, por lo que “lo más importante es prestarse con sabiduría, no en demasía, con una noción clara sobre dónde vamos a invertir”.
Algunos opinan que la relación deuda externa respecto al PIB es razonable (29%) y que hay espacio para incrementar ese ratio. Empero, si se suman deuda externa e interna esa proporción bordearía el 60%, lo que ya no parece tan recomendable. De registrarse una devaluación esa proporción se incrementaría aún más.
El tipo de cambio fijo impone restricciones por lo que el único canal para inyectar liquidez sea la contratación de mayor deuda. Empero, endeudarse más podría acarrear problemas, generando efectos sobre el déficit y llevando a que el déficit presione sobre el tipo de cambio. El endeudamiento tiene que ser selectivo.
El economista menciona también que la acelerada pérdida de reservas internacionales está conduciendo a una vulnerabilidad muy alta en el tipo de cambio por lo que se debe diseñar una estrategia para desacoplar el tipo de cambio sin dañar a otros sectores. La modificación del tipo de cambio podría impactar en los pasivos de los bancos
El tipo de cambio fijo está supeditado al monto de las reservas internacionales y éstas dependen de la balanza comercial. Con menores ingresos por la venta de materias primas el déficit comercial se profundizaría generando mayor presión sobre las reservas.
Aliaga indica que, desde un enfoque sistémico la economía boliviana presenta serias vulnerabilidades que requieren de políticas integrales. Si bien algunas medidas aisladas parecerían correctas, en una perspectiva sistémica podrían tener impacto en otras variables que no están siendo identificadas y causar efectos contraproducentes. Se requiere una precisión se cirujano para encarar los ajustes necesarios. “La economía está bien caliente”, subraya.
Considera que la economía boliviana no podrá reactivarse si se apuesta exclusivamente por los instrumentos del lado de la demanda ya que existen problemas de oferta que tienen que ser trabajados. Son asuntos que tienen que ver con la inversión privada y deben discutirse en un diálogo con el sector privado.
Otro efecto subyacente está referido a la regulación financiera que obliga a colocar créditos en determinados sectores. Esto ha provocado que las entidades de intermediación coloquen fondos en clientes que no son tan solventes. Tal conducta es caldo de cultivo para que el sistema financiero encare problemas de liquidez y solvencia que se sumarían a los problemas ya generados por el diferimiento y la reprogramación de créditos.
Para la gestión 2021 se pronostica un rebote de entre 4% y 5%, en caso de que el país no registre una segunda ola de contagios pues, de hacerlo, la tasa de recuperación estaría en torno al 2%.
“Es un típico efecto estadístico”, precisó Aliaga tras explicar que cuando se destruye mucha riqueza, cualquier recuperación es importante, lo que no necesariamente quiere decir que se haya retornado a los niveles previos a la pandemia. Un taxista puede haber perdido tres de las cuatro unidades móviles. Si tras la crisis recupera otro de sus taxis, estadísticamente sus bienes habrán aumentado en 100%, pero el número de motorizados no será el mismo que poseía inicialmente.
El entrevistado lamenta que el gobierno no haya proporcionado suficientes señales sobre el rumbo de la reactivación económica. Reitera la necesidad de un paquete que contenga medidas integrales por el lado de la oferta y de la demanda.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 27/12/2020