DIFERIMIENTOS: ¿DECISIÓN POLÍTICA O ECONÓMICA?

Las disposiciones sobre el diferimiento del pago de créditos en el sistema financiero generan dudas respecto a su pertinencia. Si bien la medida proporciona oxígeno a los negocios afectados por la pandemia, también amenaza con riesgos sobre el sistema financiero y posterga la recuperación de la economía porque merma la disponibilidad de recursos para nuevos préstamos. ¿Fue una medida económica o política?
Las entidades financieras sortearon muy bien la crisis. En medio de las limitaciones de la cuarentena, atendieron a sus clientes, aseguraron la provisión de efectivo en los momentos más críticos y facilitaron el pago de los bonos estatales. Algunas incluso tomaron contacto con sus clientes para conocer su estado de salud y la situación de sus emprendimientos.
¿Era conveniente el diferimiento cuando la liquidez del sistema financiero se reduce y la brecha entre créditos y ahorro se estrecha? Algunas entidades están pensando en estimular la cultura de pagos con algunos premios. Por ahora, la mora continúa en bajos niveles, pero el riesgo crediticio acecha.
Bancos
Cultura de pagos
El diferimiento del pago de créditos genera múltiples riesgos para el sistema financiero: reduce la disponibilidad de recursos para futuras operaciones crediticias, deteriorará la cultura de pagos que tardó décadas en construirse y tendrá incidencia en el incremento de la mora, explicó Nelson Villalobos, Secretario Ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban).
Dijo que para la banca es muy preocupante la adopción de medidas de este tipo, pues revelan “la falta de conocimiento de las particularidades del funcionamiento del sistema bancario”. Afortunadamente, la salud del aparato financiero se mantiene, gracias a la eficiencia de la gestión interna.
“El diferimiento también aumenta el riesgo de incremento de la mora y expone a algunas entidades a riesgos de solvencia, ya que el tamaño y el segmento al que cada entidad orienta sus productos es distinto, aspectos que no son considerados en normas generales”, remarcó el vocero de la banca privada nacional.
Villalobos precisó que la imposibilidad de contar con recursos de forma periódica dificultará la futura colocación de créditos, que dependerá de la situación de cada entidad y de sus políticas internas de riesgo. Con esos recursos repagados es posible expandir la cartera crediticia hacia otros sectores que lo demandan, favoreciendo así al crecimiento sectorial y del país.
“Las captaciones constituyen en un elemento vital para la intermediación financiera, por lo que precautelarlas y fomentar su crecimiento son objetivos primordiales para el sistema”, sostuvo el entrevistado.
El sistema bancario atiende a más de un millón de prestatarios, de los cuales algunos están cumpliendo regularmente con sus obligaciones. Indicó que los bancos analizan aquellas operaciones que enfrentan dificultades para ofrecerles un plan de pagos que se adecue a las nuevas condiciones del prestatario, de manera que pueda cumplir con las obligaciones contraídas.
Opina que, si las entidades implementaran “incentivos” para que los prestatarios cumplan con sus obligaciones, estarían desincentivando a los clientes que cumplen sus compromisos.
IFD
Riesgos de liquidez
El mayor riesgo del diferimiento es la liquidez porque si las Instituciones Financieras de Desarrollo dejan de recibir las cuotas de capital no pueden dar nuevos créditos ni cumplir con sus financiadores. Al no disponerse de nuevos recursos la cadena de pagos se irá paralizando, explicó Néstor Castro, gerente General de Finrural.
El 90% de los ingresos de las IFDs proviene del cobro de los intereses de los créditos, por lo tanto su diferimiento provocará una reducción considerable de ese flujo empleado además para cubrir los gastos operativos de las entidades y sus préstamos con instituciones de financiamiento locales e internacionales.
Se identifica también el Riesgo de Crédito, ya que el diferimiento por un prolongado periodo (9 meses) podría aumentar la mora crediticia y, en consecuencia, la cultura de pagos de los clientes, elevando la probabilidad de no poder cobrar el total de las deudas.
Este peligro puede mitigarse con la inyección de nuevos fondos, lo que permitirá destrabar la progresiva paralización de la cadena de pagos y reactivar la economía. Castro dijo que, en otros países, el diferimiento de créditos se aplicó por un período más reducido y estuvo acompañado con recursos públicos y de cooperación internacional para reactivar la economía y preservar la salud de sus sistemas financieros.
Gracias a su solvencia patrimonial, las IFDS pudieron hacer frente a la reducción considerable de su liquidez y la obligatoriedad de mantener sostenibles operativamente los servicios para sus clientes, continuando con el pago de Bonos, rentas, cobro de servicios y otros. Sin embargo, su capacidad de atender la demanda de nuevos créditos se redujo considerablemente.
“Los indicadores financieros muestran una mora ‘congelada’ en los últimos meses debido al diferimiento establecido; sin embargo, ello oculta el verdadero riesgo de cobro de dicha cartera a partir del 2021”, señaló Castro.
Los clientes con voluntad de pago pueden seguir amortizando sus créditos. Las IFDs con recursos suficientes, pueden ofrecer a los clientes la posibilidad de refinanciar o reprogramar sus deudas, con nuevos planes de pago que se ajusten a su nueva dinámica económica y a su nuevo flujo de fondos.
Asofin
Reactivación postergada
El diferimiento generalizado del pago de los créditos perjudica las posibilidades de una reactivación económica ya que resta recursos que podrían ser canalizados a la micro y pequeña empresa para su recuperación, en circunstancias en que tales unidades productivas requiere dinamizar su dinámica comercial.
“Si bien fue necesario diferir el pago de cuotas de crédito, es también necesario acompañar esas medidas con la provisión de fondos para financiar las necesidades de crédito que se están generando una vez que se retorna a la nueva normalidad”, señaló Marcelo Diez de Medina, Secretario Ejecutivo de la Asociación de Entidades Financieras Especializadas en Micro Finanzas (ASOFIN).
Indicó que, pese al diferimiento, la salud financiera de las entidades de ASOFIN, medida por el coeficiente de adecuación patrimonial (CAP), está más de tres puntos por encima del requerimiento de la normativa.
“Desde diciembre 2019, el nivel de captaciones se ha incrementado lo que refleja la confianza del público en nuestras entidades. Las colocaciones respondieron a la disponibilidad de fondos, aunque con menor ritmo que en gestiones pasadas” reveló el ejecutivo.
Por las disposiciones de diferimiento del pago, la mora no presenta incrementos. Tradicionalmente, el nicho de mercado que manejan las Entidades Financieras Especializadas en Microfinanzas es el que tiene mayor grado de cumplimiento en el pago de sus deudas.
Diez de Medina dijo que, frente a la norma del diferimiento, las entidades crearon diferentes tipos de incentivos para los usuarios que pueden pagar sus créditos y analizar cómo acogerse a la ley. Eso se establece en una relación personal con cada prestatario. Su objetivo es seguir beneficiando a los clientes con la cultura del buen pago y la mejor relación con la entidad por el cumplimiento de los acuerdos.
“Los acuerdos dependen sobre todo de lo que cada cliente plantea. No se tiene un estándar general, sino que debe analizarse, caso a caso, en función de las posibilidades y flujos futuros de dinero que cada cliente formula según su tipo de negocio”, remarcó.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 16/09/2020