Crecimiento, inflación y deuda

Lento crecimiento, baja inflación y alta deuda serán las características comunes de las economías avanzadas en las próximas décadas como resultado del impacto generado por la pandemia del coronavirus, según la Unidad de Inteligencia de The Economist.
El brote de coronavirus llevó a las economías avanzadas a impulsar medidas fiscales extraordinarias. En lo que va del año anunciaron programas de estímulo por alrededor de 11 billones de dólares, un valor que equivale al tamaño de las economías de Japón, Alemania y Francia, juntas.
Si bien tales medidas ayudaron a preservar el empleo, a mantener a flote a muchas empresas y permitieron estabilizar los mercados financieros, también han elevado los déficit fiscales y los niveles de endeudamiento.
A diferencia de otras oportunidades el dinero no ha tenido origen en las arcas fiscales ya empobrecidas-, según The Economist, sino en los bancos centrales que han empezado a jugar un nuevo rol con la compra de bonos gubernamentales y corporativos.
En Estados Unidos, la Reserva Federal compró 1,3 billones de dólares en deuda del gobierno y posee el 11% de la deuda corporativa del país del Norte. El papel del Estado en las economías crece en la medida en que aumentan los estímulos fiscales a la vez que tiene una influencia sin precedentes en las empresas estadounidenses.
Otro elemento característico es la inflación moderada durante los últimos meses. En períodos de incertidumbre, los consumidores prefieren ahorrar más que gastar y las empresas posponen inversiones, anota el análisis.
La atención de los déficits fiscales no es, por el momento, la prioridad de los gobiernos que aparecen más preocupados por la acumulación de deuda, que podría superar el 100% del PIB, tal cual ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial. Las autoridades económicas son conscientes de que será difícil la austeridad pues hay urgencias que cubrir sobre todo para cubrir los desfases en los servicios públicos, especialmente en la atención médica.
Existe posibilidad de aumentos de impuestos, pero se advierte que no generarán los suficientes recursos como para reducir el déficit fiscal de manera significativa. Los incumplimientos de deuda soberana tampoco son una opción probable. En este escenario, los bonos estadounidenses aparecen como los activos de inversión más seguros.
Se subraya que muchos de los esquemas generosos de ayuda están dirigidos a ayudar a mantener vivas a empresas que, de otra manera, no serían rentables (empresas ‘zombies’), lo que afectará la productividad y la innovación. Las empresas que se beneficiaron de préstamos patrocinados por el gobierno también pasarán años pagando su deuda, en lugar de invertir en investigación y desarrollo.
Si bien, la doctrina económica tradicional esperaría que la inflación aumente en la medida en que se recupera la economía y según disminuye el desempleo, no ha ocurrido así durante la crisis financiera de 2009, pues el exceso de liquidez generado por los bancos centrales se
ha dirigido a los mercados financieros. Dado que las tasas de interés continuarán bajas, no hay razón para que ese comportamiento no se repita después del coronavirus.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 30/10/2020