Historia: Los cercos de Nuestra Señora de La Paz

Publicado el 09 jun 26 - 12:00 AM UTC.
Historia: Los cercos de Nuestra Señora de La Paz
Historia: Los cercos de Nuestra Señora de La Paz

El gran valor de la obra de María Eugenia del Valle de Siles está en presentar el Diario que escribió durante el cerco, el Oidor Francisco Tadeo Diez de Medina, encontrado en el Archivo de Indias de Sevilla por el historiador boliviano José Vázquez Machicado.

Opinión

Erick Larrazábal Antezana

Economista


En junio de 1981, el entonces gran Director del Archivo Nacional de Bolivia, Gunnar Mendoza en el prólogo del libro ‘El Cerco de la Paz 1781, Diario de Francisco Tadeo Diez de Medina’ introduce la obra de la historiadora María Eugenia Del Valle de Siles, la brillante investigación historiográfica de la rebelión indígena en 1781.


La historiografía de María Eugenia del Valle de Siles se basó en investigaciones sustanciales en el Archivo General de Indias en Sevilla, España; en el Archivo General del Virreinato del Rio de La Plata (Argentina); y, en el Archivo de la Audiencia de Charcas (Bolivia).


El levantamiento que condujo al sitio de La Paz de 1781 no se lo identifica con los primeros que fueron parte de una serie de rebeliones desde 1572 cuando se produjo la rebelión de Tupac Amaru; al respecto, la historiadora señala: “…fueron movimientos breves, muy localizados y obedecieron por lo general a motivos muy concretos de protesta ante alzas de contribuciones, malquerencias o descontento frente al proceder de determinadas instituciones. [...] En cambio, las rebeliones que sacuden al Imperio, en el tiempo que analizamos, tienen características especiales: […] extensión y amplitud, la intensidad, el arraigo y la aparición de grandes caudillos”. Entre ellos Julián Apaza que tomó el nombre de Tupac Catari, y su esposa Bartolina Sisa.


El gran valor de la obra de María Eugenia del Valle de Siles está en presentar el Diario que escribió durante el cerco, el Oidor Francisco Tadeo Diez de Medina, encontrado en el Archivo de Indias de Sevilla por el historiador boliviano José Vázquez Machicado. En agosto de 1779 Diez de Medina consiguió la plaza de Oidor de la Real Audiencia de Chile, y demoró en ocupar el cargo debido a la sublevación que tuvo inicios en 1780 en La Paz (página 13 de la Introducción).


El Oidor al escribir el Diario es un testigo del cerco de La Paz: “Aún cuando gran parte de sus notas están dirigidas a referir batallas y describir, ataques, salidas, combates y matanzas, en las que él no participó, cabe pensar que vio desde algún lugar estratégico gran parte de aquellos hechos militares porque los describe con tanta fuerza y lujo de detalles…” (página 22 de la Introducción).


María Eugenia del Valle de Siles resalta el estado de ánimo en la villa paceña entre el 14 de marzo y 30 de junio de 1781, que constituye el primer cerco a La Paz de este asedio: “A medida que pasa el tiempo y se espera en vano el auxilio prometido, el ánimo de los pobladores decae, las instituciones cívicas ya no tienen tareas que realizar […..], el hambre ha ido postrando las energías; las enfermedades y pestes han diezmado a los habitantes[…..] el hambre es acuciante entre los pobladores, el hedor insoportable de los cadáveres que yacen en las calles y la esperanza se frustra día a día”.


Los acontecimientos se desarrollaron en una villa defendida por una muralla que separaba dos mundos: “Por un lado estaban los sitiados, por el otro lado los sitiadores […]. Existía, por tanto, una ciudad, un muro que la protegía y un espacio que, rodeando tal muro, servía de contorno a la villa, [...] ese contorno era el escenario de una tragedia sufrida por el choque de dos grupos, que hasta ese momento habían convivido en forma más o menos normal y pacífica” (páginas 28 y 30 de la Introducción).


No obstante, de que eran dos mundos separados por una muralla y una sublevación los había dividido, no imposibilitó que: “…ni el muro ni la guerra pudieron impedir el que siguieran en comunicación en pleno cerco.”


A pesar de ello, la crueldad durante el sitio estuvo presente: “Si la salida la hacia algún sitiado para recoger verduras o frutas, aunque se tratara de una mujer, merecía por lo general la prisión o el degüello. Por las observaciones que hace el Oidor se puede pensar que estos actos de salvajismo obedecían más que a un espíritu sanguinario estable […] a un cierto desenfreno que les produce la frecuente absorción de alcohol…(página 47 de la Introducción).


La segunda parte del Diario del Oidor diez de Medina describe un segundo sitio que se inició el 28 de julio de 1781 y concluyó el 19 de octubre del mismo año. Entre ambos cercos La Paz estuvo sitiada siete meses.


Han transcurrido 245 años de los dos cercos a La Paz, y al presente, la ciudad se encuentra sitiada 39 días, sin que se visualice una solución pacífica y amigable, reflejando similares rasgos de fractura social y crueldad de los sitiadores con los sitiados, con 13 personas fallecidas por causa de los bloqueos; con la diferencia que los caudillos de hoy no luchan por su libertad, sino son corporaciones que defienden sus privilegios políticos y económicos al margen de la legalidad.


El propósito de los sitiadores (bloqueadores) es el mismo: cortar el suministro de alimentos y generar sufrimiento en los sitiados, como si ambos fueran enemigos de una guerra cargada de odio y resentimiento, parece surreal, pero es la doliente realidad.



Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 09/06/2026