Con sabor a poco

Con la promesa de reactivar la golpeada economía boliviana, aunque sin precisar cómo, Luis Arce asumió la presidencia de Bolivia, marcando algunas diferencias con el jefe de su partido (Evo Morales) y lanzando un mensaje conciliador, aunque crítico con su predecesora, la interina Jeanine Añez.
“Vamos a recuperar los niveles de crecimiento que el gobierno de facto hizo añicos y lo haremos reduciendo la pobreza y las desigualdades económicas y sociales. Retornaremos a nuestro modelo (económico)”, señaló el flamante mandatario que, en gran parte de su alocución, no se ahorró críticas al gobierno saliente.
Abundó en un diagnóstico ya reiterado sobre la economía boliviana: crecimiento negativo, elevado déficit fiscal, pérdida de reservas, incremento del endeudamiento, recortes en la inversión pública y aumento del desempleo. Todo eso sazonado con el impacto generado por la crisis del coronavirus.
“Gobernaremos con responsabilidad e inclusión, afrontando los cambios para que Bolivia vuelva a la senda de la estabilidad en el menor tiempo” dijo el mandatario tras acotar que su desafío es reconstruir la economía, generar certidumbre, alcanzar un crecimiento con redistribución y reducir las desigualdades.
Aseguró: “venceremos a la pandemia, triunfaremos sobre la crisis como ya lo hicimos porque somos un pueblo luchador”.
Más allá de esa retórica esperanzadora, el discurso de Arce dejó sabor a poco pues no detalló su plan de acción para salir de la crisis como se esperaba de quien fue el responsable de las finanzas nacionales durante algo más de una década. Que un experto con esa experiencia no esboce aspectos de mayor precisión deja impresión que carece todavía de un plan definido.
No es suficiente asegurar que se afrontará los cambios necesarios para que Bolivia retorne a la senda del crecimiento, que se planificarán acciones para reactivar la economía y que la nueva administración tiene “grandes proyectos” para reactivar la economía.
Se comprometió a “honrar las promesas de su campaña”. Esa oferta electoral aludía al retorno a un modelo basado en el consumo, respaldado por una millonaria inversión estatal y sustentado por un ciclo de auge de los precios de las materias primas que cuando decayó obligó a un mayor endeudamiento o a gastar las reservas.
Las medidas específicas anunciadas en la campaña fueron la aplicación de un impuesto a la riqueza, el diferimiento por del servicio de la deuda externa y la devolución de algunos tributos.
Probablemente la mayor novedad fue que impulsará acciones sincronizadas entre el sector público y el privado para reactivar la economía. Un esperanzador anuncio para una corriente ideológica que entre 2006 y 2019 no valoró lo suficiente el rol de la inversión privada.
Tal vez la lista del nuevo gabinete pueda proporcionarnos mayores luces sobre las personalidades que tendrán a su cargo la responsabilidad de impulsar la reactivación.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 10/11/2020