Una conversación en el corazón de Volterra
Desde las ventanas del Palazzo dei Priori, la historia de Volterra parece desplegarse en capas. La plaza medieval se abre frente al edificio municipal, mientras las calles de piedra descienden entre talleres, comercios y viviendas que todavía forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. En el subsuelo histórico permanecen las huellas etruscas de una comunidad cuyo origen se remonta a siglos antes de Roma.
A primera vista, Volterra podría vivir enteramente de ese pasado. Tiene patrimonio, arquitectura, paisaje, gastronomía, alabastro, tradición artesanal y una posición privilegiada dentro de una de las regiones más reconocidas del mundo. Sin embargo, la conversación que se desarrolla dentro del histórico palacio no gira alrededor de cómo conservar una ciudad detenida en el tiempo, sino de cómo prepararla para el futuro.
Giacomo Santi, alcalde de Volterra, habla de mantener viva la ciudad y proteger su autenticidad. Alessio Barbafieri, miembro del Ejecutivo municipal y presidente del Teatro del Silenzio, introduce la relación entre cultura, infraestructura y desarrollo. Jonni Guarguaglini, empresario y presidente de Confesercenti Val di Cecina, plantea la necesidad de abrir nuevas conexiones internacionales para las pequeñas empresas del territorio.
Frente a ellos, una delegación de Nueva Economía llega desde Bolivia con una pregunta que pronto supera el carácter institucional del encuentro: ¿qué pueden construir juntos dos territorios separados por miles de kilómetros, pero enfrentados a algunos desafíos sorprendentemente parecidos?
Economías de pequeña escala ante una oportunidad mayor
Italia construyó buena parte de su fortaleza económica sobre una aparente contradicción: empresas relativamente pequeñas capaces de competir en mercados globales. Detrás de muchas marcas, productos y territorios reconocidos internacionalmente existe un tejido de pequeñas y medianas empresas, negocios familiares, productores especializados y conocimientos transmitidos durante generaciones.
Bolivia conoce bien la primera parte de esa historia. Su economía empresarial también descansa ampliamente sobre empresas pequeñas y medianas, emprendimientos familiares y actividades fuertemente vinculadas con los territorios. Agricultura, alimentos, comercio, turismo, artesanía y numerosos servicios conservan esa estructura.
La diferencia aparece cuando se observa cuánto valor consigue generar cada economía alrededor de esos activos. Italia desarrolló durante décadas un sofisticado ecosistema para transformar productos locales en productos diferenciados: denominaciones de origen, indicaciones geográficas, certificaciones, consorcios, diseño, tecnología, transformación industrial, promoción territorial y acceso a mercados.
El origen dejó de ser solamente una referencia geográfica para convertirse en un atributo económico.
El valor que todavía no capturamos
La región posee una extraordinaria cantidad de productos con identidad. Café, cacao, castaña, quinua, vinos de altura, frutas amazónicas, textiles, artesanía y conocimientos tradicionales conviven con una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta. Pero poseer el recurso es apenas el comienzo.
La competencia contemporánea se juega crecientemente en quién transforma, certifica, diferencia, posiciona y comercializa mejor ese recurso. La distancia entre vender una materia prima y colocar un producto especializado en un mercado internacional puede representar varias veces su valor original. Es justamente en esa distancia donde Bolivia tiene todavía un enorme espacio económico por desarrollar.
Italia ofrece experiencias útiles porque consiguió construir ecosistemas productivos alrededor de territorios específicos sin obligarlos necesariamente a abandonar su escala. Sin embargo, una nueva relación económica entre Italia y América Latina no debería construirse bajo la antigua lógica de un país que transfiere conocimiento y otro que simplemente lo recibe. La complementariedad empieza a funcionar en ambas direcciones.
Italia también está buscando
Las economías europeas enfrentan una transformación acelerada. La transición energética, las nuevas exigencias ambientales, la necesidad de diversificar mercados y proveedores, la innovación en alimentos y materiales, la sostenibilidad y una competencia global cada vez mayor están modificando las decisiones de las empresas.
Para numerosas pymes italianas, América Latina puede representar algo más que un destino comercial. Puede significar nuevos mercados, socios empresariales, recursos diferenciados, proyectos de inversión y espacios donde aplicar tecnología y conocimiento especializado.
Esta complementariedad apareció con particular claridad en la Val di Cecina. En los intercambios previos a la visita de Nueva Economía, Confesercenti identificó como áreas de interés común la identidad territorial, el desarrollo local sostenible, el apoyo a pequeñas y medianas empresas, el turismo de calidad, los productos locales, la innovación y la cooperación internacional.
Volterra: un laboratorio a escala humana
En el centro de esa exploración apareció Volterra: una ciudad de alrededor de tres milenios de historia que enfrenta una pregunta sorprendentemente contemporánea: cómo abrirse al mundo sin perder aquello que la hace diferente.
La respuesta que comienza a articularse entre actores públicos y privados resulta particularmente interesante para Bolivia: internacionalizar el territorio sin desnaturalizarlo; competir mediante valor y no solamente mediante cantidad; aumentar la capacidad del pequeño productor para llegar al mercado; convertir el patrimonio en un activo económico; y tratar la identidad no como una barrera frente a la modernización, sino como una ventaja competitiva.
Volterra posee todos los atributos para convertirse en un destino turístico de alcance mundial. Sin embargo, sus autoridades y representantes empresariales no quieren que el éxito turístico termine expulsando la vida local. La prioridad es mantener habitantes, comercios, talleres y servicios dentro del centro histórico. El turismo debe aportar recursos para proteger la ciudad, pero no sustituir su economía.
El marketing de Volterra es su historia
La mayor parte del tejido productivo de Volterra está compuesto por empresas pequeñas y familiares. En lugar de intentar competir por volumen con grandes industrias, estas unidades concentran su capacidad en la calidad, el origen, la especialización y el conocimiento acumulado.
El alcalde menciona como ejemplo el Pecorino delle Balze Volterrane, un queso protegido por la Unión Europea y producido en escala limitada. Su valor no se encuentra en fabricar millones de unidades, sino en garantizar una procedencia, una técnica y una relación específica con el territorio. Lo mismo sucede con el alabastro, los productos artesanales, determinados alimentos y numerosas experiencias turísticas.
El marketing de Volterra es su historia. La ciudad no debe vender únicamente objetos o servicios: debe transmitir el sistema cultural del que esos productos forman parte.
Cuando la cultura se convierte en economía
Uno de los casos más elocuentes de esta capacidad para conectar territorio, cultura y economía se encuentra en Lajatico, en las colinas volterranas. El Teatro del Silenzio, asociado internacionalmente con Andrea Bocelli, permanece vacío durante gran parte del año y se transforma, en ocasión de sus grandes conciertos, en un escenario de repercusión mundial.
El verdadero impacto no se limita a la venta de entradas ni a la noche del concierto. Los visitantes internacionales llegan atraídos por el evento, pero permanecen varios días en el territorio. Se alojan en hoteles, casas rurales y establecimientos familiares; consumen alimentos locales; visitan Volterra y otras localidades; ingresan a museos y compran artesanías.
Un estudio de la Universidad de Pisa estimó en 34,3 millones de euros el impacto económico directo de los conciertos realizados en 2025. La cifra asciende a 35,9 millones de euros al incorporar los gastos de organización. El 69% de los espectadores llegó desde el extranjero y la permanencia media fue de cinco días.
La conclusión es especialmente relevante para territorios de menor escala: un evento cultural puede convertirse en motor económico cuando está integrado con la oferta del territorio. El valor no depende solamente de cuántas personas ingresan a un concierto, sino de cuánto tiempo permanecen, qué experiencias viven y cuántos actores locales participan en la cadena económica.
Cuando un territorio empieza a funcionar como sistema
Uno de los aspectos más relevantes observados por Nueva Economía fue la relación que empieza a consolidarse entre la administración municipal, las organizaciones empresariales, los productores y los actores culturales. Volterra está comprendiendo que la escala de sus desafíos exige superar las intervenciones aisladas.
La autoridad pública puede planificar, proteger el patrimonio y mejorar las condiciones del territorio. Los empresarios conocen la realidad diaria de los mercados, el empleo y los consumidores. Los artesanos y productores conservan el conocimiento. Las organizaciones representativas pueden conectar esos mundos. La cultura, por su parte, puede proyectar internacionalmente el valor del lugar.
No se trata todavía de un modelo terminado. Volterra enfrenta obstáculos reales: su ubicación interior exige mejores carreteras, transporte y conexiones; algunas zonas rurales todavía padecen limitaciones digitales; la población necesita oportunidades para permanecer en el territorio y las pequeñas empresas requieren herramientas para modernizarse sin perder su carácter.
El espejo sudamericano
A primera vista, Volterra y los países amazónicos pueden parecer realidades distantes. Sus geografías, escalas e historias son diferentes. Sin embargo, comparten dilemas fundamentales: ambas regiones poseen riqueza natural y cultural, conocimientos locales, producción familiar, alimentos con identidad, artesanías y territorios capaces de ofrecer experiencias únicas.
Sudamérica puede encontrar en territorios como la Val di Cecina conocimientos valiosos sobre denominaciones de origen, certificaciones, protección de productos, gestión de centros históricos, asociatividad empresarial, turismo cultural y posicionamiento internacional. Toscana, a su vez, puede establecer vínculos con una región que posee biodiversidad, alimentos, materiales, conocimientos tradicionales y nuevas posibilidades de innovación sostenible.
No se trata de copiar un modelo italiano en Bolivia ni de trasladar mecánicamente una experiencia amazónica a Toscana. Se trata de identificar capacidades complementarias y convertirlas en proyectos concretos.
Una nueva geografía para los negocios
Desde esta perspectiva, la relación Bolivia-Italia puede adquirir una dimensión diferente. La oportunidad no está únicamente en aumentar exportaciones e importaciones; está en conectar capacidades empresariales complementarias.
Una pyme italiana puede encontrar un socio, un mercado o un proyecto en Bolivia. Un productor boliviano puede incorporar tecnología, certificaciones o diseño italiano. Un territorio amazónico puede desarrollar productos de biodiversidad de mayor valor agregado. Una empresa europea puede encontrar oportunidades vinculadas con conservación, alimentos, turismo, energía o innovación.
Dos pequeñas empresas situadas a miles de kilómetros pueden descubrir que tienen más posibilidades trabajando juntas que intentando competir separadamente contra actores globales mucho mayores. Esa es también la hipótesis que Nueva Economía comienza a explorar mediante NE | Global Access.
De la conversación a una agenda económica
Nueva Economía llegó a Volterra con un propósito definido: iniciar una conexión capaz de producir resultados. Durante más de tres décadas ha trabajado para visibilizar empresas, liderazgos y sectores que impulsan el desarrollo boliviano. En esta nueva etapa, el desafío es ir más allá de informar sobre la economía: contribuir a conectarla, dinamizarla y proyectarla internacionalmente.
La Val di Cecina reúne características particularmente relevantes: identidad territorial, producción familiar, cultura empresarial, patrimonio histórico, turismo internacional, artesanía, energía, gastronomía y una institucionalidad interesada en construir alianzas. Bolivia y los países amazónicos poseen una base excepcional de biodiversidad, producción local, conocimientos ancestrales y emprendimientos que necesitan mejorar su acceso a mercados, certificaciones, tecnología, inversión y alianzas internacionales.
El objetivo no es construir una cooperación abstracta ni acumular declaraciones de intención. Es crear vínculos específicos: empresa con empresa, productor con productor, territorio con territorio, conocimiento con oportunidad.
Una fórmula de internacionalización con identidad
La internacionalización suele entenderse como la búsqueda de grandes mercados para productos estandarizados. El diálogo de Volterra propone otra perspectiva. Un territorio puede internacionalizarse precisamente a partir de aquello que no puede ser estandarizado: su identidad.
La tecnología digital permite hoy que una pequeña empresa familiar presente sus productos fuera de su comunidad, encuentre compradores especializados y cuente su historia a públicos internacionales. Pero estar presente en Internet no es suficiente. Se necesitan estándares de calidad, trazabilidad, diseño, logística, narrativa, reputación y conexiones comerciales.
La lógica es ganar-ganar: Volterra amplía sus conexiones y oportunidades internacionales; Bolivia y la Amazonía acceden a capacidades, mercados y experiencias; y las empresas de ambos lados encuentran proyectos comercialmente viables con impacto territorial.
Con los pies en el territorio y la mirada en el futuro
Volterra no necesita elegir entre historia y modernidad. Su oportunidad consiste precisamente en unirlas. Puede conservar sus calles, sus productos y su cultura mientras emplea tecnología, alianzas internacionales y nuevos modelos económicos. Puede recibir visitantes sin perder a sus habitantes. Puede crecer sin renunciar a su escala humana.
El encuentro en el Palazzo dei Priori fue un primer paso. El desafío empieza ahora: transformar la afinidad cultural y la coincidencia de visiones en una agenda práctica, con actores responsables, plazos, proyectos piloto y resultados medibles.
Para Bolivia, quizá esa sea la pregunta más importante que deja Volterra: cuánto de aquello que hoy llamamos recurso, tradición, biodiversidad o patrimonio podría convertirse en una ventaja económica internacional si consiguiéramos conectar mejor territorio, conocimiento, empresa y mercado.