Lo que revelan los datos del sector a febrero de 2026

El ritmo de expansión del sector parece moderarse en los periodos más recientes, lo que sugiere una fase de consolidación tras varios años de crecimiento.
El comportamiento de la cartera bruta del sistema microfinanciero muestra una trayectoria de crecimiento sostenido en los últimos años, al pasar de 29.228 millones de bolivianos en diciembre de 2020, a 38.606 millones a febrero de 2026. Sin embargo, aunque la tendencia es claramente ascendente, el ritmo de expansión parece moderarse en los periodos más recientes, lo que sugiere una fase de consolidación tras varios años de crecimiento más acelerado.
Este crecimiento también se refleja en el número de prestatarios, que pasó de 496.128 en 2020 a más de 634.000 en 2026. No obstante, la evolución no es completamente lineal: tras alcanzar un pico en 2024, se observa una leve caída en 2025, antes de una recuperación parcial en 2026. Esto podría indicar ajustes en la colocación de créditos o cambios en la demanda.
En paralelo, los depósitos del público mantienen una tendencia creciente y alcanzan los 36.478 millones de bolivianos a febrero de 2026, lo que refleja un nivel sostenido de confianza en el sistema microfinanciero. El crecimiento de los depósitos, en línea con la expansión de la cartera, sugiere una base relativamente equilibrada de financiamiento, aunque será clave observar si ambos indicadores continúan evolucionando de forma acompasada.
En términos de calidad de cartera, la mora presenta un deterioro progresivo desde 2020, pasando de 1,16% a niveles superiores al 2% en los últimos periodos. Si bien se observa una ligera mejora en 2025, el repunte en 2026 confirma una tendencia al alza que podría reflejar mayores presiones económicas sobre los prestatarios. Este comportamiento introduce un elemento de cautela sobre la sostenibilidad del crecimiento del crédito en el mediano plazo.
Pese a este incremento en la mora, los niveles de cobertura continúan siendo elevados en el sistema, con ratios que en algunos casos superan ampliamente el 200% e incluso alcanzan más del 400% en determinadas entidades. Esto sugiere que, aunque el riesgo ha aumentado, las instituciones mantienen colchones importantes para enfrentar posibles deterioros adicionales, lo que contribuye a preservar la estabilidad del sector.
Finalmente, la distribución de la cartera y los depósitos evidencia una marcada concentración geográfica y por tipo de produc- to. Departamentos como La Paz, Santa Cruz y Cochabamba concentran la mayor parte de la actividad; mientras que productos, como los depósitos a plazo fijo y los créditos destinados a inversión, dominan la estructura del sistema. Este patrón refleja tanto
el peso económico de las principales regiones como una orientación del crédito hacia actividades productivas, aunque también pone en evidencia las brechas persistentes en el acceso financiero en otras zonas del país.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 08/05/2026