La IA en Bolivia según Ipsos: entre el conocimiento y la incertidumbre

Este análisis local se basa en datos del IA Monitor 2025, un instrumento global elaborado por Ipsos Global Advisor, que encuestó a ciudadanos en 30 países.
En un contexto global donde la inteligencia artificial (IA) redefine industrias, modelos de negocio y hábitos de consumo, Bolivia no se queda atrás. Un reciente estudio de percepción realizado por Ipsos en las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz revela un panorama tan prometedor como complejo: los bolivianos comprenden cada vez más qué es la IA, la valoran como herramienta de mejora, pero aún enfrentan incertidumbre sobre su impacto estructural en el empleo y la economía.
Este análisis local se basa en datos del IA Monitor 2025, un instrumento global elaborado por Ipsos Global Advisor, que encuestó a ciudadanos en 30 países. La comparación internacional permite dimensionar el nivel de conocimiento, expectativas y temores sobre la IA en Bolivia, y cómo estos se alinean —o divergen— con respecto a tendencias globales.
Entre la esperanza y el temor: el impacto laboral
Uno de los hallazgos más relevantes es la percepción laboral. El 35% de los encuestados cree que la IA transformará su forma de trabajar en los próximos cinco años, mientras que un 21% teme que pueda directamente reemplazar su empleo. Sin embargo, el 38% confía en que la IA mejorará sus condiciones laborales en el mediano plazo.
Esta dualidad —optimismo funcional y temor estructural— se alinea con la conocida Ley de Amara, que afirma que “tendemos a sobrestimar los efectos de una nueva tecnología en el corto plazo y subestimar sus efectos a largo plazo”. En Bolivia, este principio parece cumplirse: hay altas expectativas inmediatas, pero un entendimiento aún limitado del potencial real de la IA en el futuro.
Confianza, el nuevo activo estratégico
A pesar de los temores, la IA no es vista como una amenaza inminente, sino como una oportunidad de transformación. La mayoría de los bolivianos cree que los productos y servicios basados en IA ya han impactado sus vidas —un 51% lo afirma respecto a los últimos 3 a 5 años— y un 62% anticipa cambios aún más profundos en el mismo período hacia el futuro.
Sin embargo, esta aceptación viene condicionada por un factor crucial: la confianza. Los consumidores bolivianos valoran la ética, la transparencia y el respeto a sus datos personales. Existe una predisposición positiva hacia la IA, facilitada por la menor exposición a escándalos tecnológicos en el país. Aun así, esta confianza no se da por sentada: se construye desde la educación clara, la comunicación responsable y el compromiso de las marcas.
La autenticidad como diferencial
En un entorno donde los algoritmos pueden generar contenidos masivos y automatizados, la autenticidad humana sigue siendo clave. Los consumidores bolivianos valoran el toque humano, la narrativa empática y la comunicación transparente. La IA no debe suplantar ese vínculo emocional, sino fortalecerlo como herramienta de apoyo.
Para las empresas, esto se traduce en una oportunidad estratégica: aquellas que logren humanizar la tecnología, educar sin imponer y proteger los datos sin prometer en vano, construirán una ventaja competitiva sostenible.
En conclusión, La inteligencia artificial en Bolivia está dejando de ser un concepto lejano para convertirse en una realidad palpable. Sin embargo, el verdadero desafío no es tecnológico, sino humano y comunicacional. El futuro de la IA en el país dependerá no solo de su desarrollo técnico, sino de cómo las marcas, las empresas y las instituciones logren integrarla con empatía, ética y visión a largo plazo.
En un escenario donde el conocimiento crece, pero la confianza aún fluctúa, la IA no reemplaza el toque humano: lo amplifica. Y en esa síntesis, Bolivia tiene una oportunidad única para avanzar hacia un modelo de adopción tecnológica más consciente, inclusivo y sostenible —conectado además a un debate global que apenas comienza.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 22/09/2025