Javier Román: Bolivia puede sobresalir sin depender de la producción masiva, sino mediante la innovación y la especialización

El nuevo presidente de Juventud Empresa ve que el desafío de la economía boliviana pasa por evolucionar de una cultura extractivista hacia una economía basada en la ciencia, la tecnología, la logística y las finanzas
Con una visión optimista y desafiante para los jóvenes empresarios de Bolivia, el nuevo presidente de Juventud Empresa, Javier Román Roig (34), se refirió a la necesidad cambiar el enfoque de la economía nacional hacia la innovación, la especialización y la diversificación, buscando abrir puertas a sectores emergentes y romper barreras estructurales para una verdadera transformación del país
- ¿Cuál es el diagnóstico que haces sobre el estado actual de los jóvenes empresarios en Bolivia? ¿Qué elementos urgentes se van a abordar desde Juventud de Empresa?
Existe mucho optimismo en las acciones, pero pesimismo en la comunicación. En cuanto a las acciones, lo interesante está ocurriendo principalmente en Santa Cruz. Es allí donde se están lanzando más empresas, donde las inversiones están creciendo y donde empiezan a verse los primeros indicios de pequeños imperios que, aunque algunos no sobrevivirán, otros se consolidarán.
Lo que es fascinante de Santa Cruz es que está permitiendo una movilidad socioeconómica ascendente, donde una persona con pocos recursos puede alcanzar el éxito empresarial en menos de 20 años. Esto es algo muy difícil de ver en Latinoamérica, pero está sucediendo en Bolivia.
Sin embargo, la narrativa social es negativa, se ha vuelto socialmente aceptable ver las cosas de manera pesimista, aunque en las acciones no somos coherentes con esa perspectiva. Es crucial fortalecer la comunicación, demostrar que a pesar de las adversidades, las empresas están prosperando.
- ¿Qué oportunidades aparecen para el corto y mediano plazo?
Estamos atravesando un periodo de crisis o recesión. En este ciclo actual, Bolivia está viendo algunos efectos positivos. Por ejemplo, la caída de la economía hace que las importaciones sean más caras, mientras que las exportaciones se vuelven más rentables debido a la devaluación de la moneda. Esto puede ser aprovechado y el Estado tiene herramientas para regularlo y orientar la economía hacia un mercado más libre.
La oportunidad clave para Bolivia es diversificar la producción. Cuando se piensa en Bolivia, lo primero que viene a la mente son hidrocarburos, minería y el sector agropecuario, lo cual es extractivista. Por ejemplo, ahora tenemos la oportunidad de crear productos de alto valor agregado, como vino, café, chocolate o productos derivados de la lana de vicuña o alpaca. También debemos explorar sectores como los souvenirs y artesanías de alto valor agregado, que están relativamente vinculados al turismo y, sobre todo, orientados a la exportación.
Necesitamos dejar de pensar en volumen y enfocarnos en calidad. Bolivia no solo debería ser vista como un proveedor de materia prima, sino como un país de productos de alta calidad con marcas poderosas. El desafío principal es convencer a la gente de todas las clases sociales de invertir en estas industrias, especialmente aquellos con capital para hacerlo. Es necesario que más personas empiecen a apostar por estas ideas.
- ¿Cómo pueden los jóvenes emprendedores tomar un rol más protagónico en la transformación de la economía y qué barreras se deben romper?
Va por lo generacional y estructural. Generacionalmente, los millennials y centennials deben ocupar puestos de toma de decisiones, no solo por herencia, sino por méritos. Necesitamos fomentar una verdadera meritocracia. Además, es importante que haya más inversión fuera del círculo familiar, que las grandes familias y grupos empresariales empiecen a crear fondos de inversión y private equity, no para controlar empresas, sino para invertir en ellas y hacerlas crecer.
Estructuralmente, Bolivia debe evolucionar de una cultura extractivista hacia una economía basada en la ciencia, la tecnología, la logística y las finanzas. Estas cuatro industrias son de servicios y son claves para el futuro del país. Bolivia puede seguir el ejemplo de países como Luxemburgo, Suiza, Singapur y Corea del Sur, que han logrado sobresalir sin depender de la producción masiva, sino mediante la innovación y la especialización.
- En un contexto donde el aparato estatal suele ser percibido como ineficiente o incluso adverso al sector privado, ¿cómo plantea Juventud Empress articular puentes de diálogo y colaboración entre los jóvenes empresarios y el Estado?
Siempre ha habido esa percepción del Estado; sin embargo, la crisis actual está agudizando esa sensación. Lo que necesita cambiar es el enfoque del Estado: en lugar de solo reunirse con los grandes empresarios, debería involucrar a los pequeños, medianos y grandes empresarios que estén mejor preparados y alineados con el país que queremos ser, no el que fuimos o somos. Debemos apostar por la creación de un ecosistema colaborativo en el que todos los sectores participen, sin que el status quo frene el progreso.
- ¿Los empresarios tradicionales están entendiendo a los liderazgos y empresarios jóvenes?
En conversaciones, los empresarios tradicionales dicen entender la importancia de los nuevos liderazgos, pero en la práctica las acciones no han sido coherentes con ese discurso. El empresariado tradicional debe cambiar su enfoque y ser más inclusivo, permitiendo que las nuevas voces sean escuchadas y tomando decisiones de manera más equitativa.
- ¿Qué está haciendo Juventud Empresa para descentralizar este paradigma?
Juventud Empresa se mueve de manera colaborativa. El siguiente paso es hacer crecer nuestra red, alertar a la gente sobre los casos de éxito que ya están existiendo y buscar financiamiento para escalar estos proyectos. A medida que la comunidad crezca, debemos facilitar el acceso a capital, tanto a través de fondos privados como venture capital, para que las empresas puedan escalar y convertirse en competidores internacionales.
- ¿Cómo se puede democratizar el acceso al capital para estos nuevos negocios?
No podemos depender únicamente de los bancos tradicionales. Se necesita crear fondos de private equity y venture capital especializados. Mientras los negocios tradicionales requieren menos capital, las startups y empresas innovadoras necesitan mayores montos. Necesitamos que los fondos de inversión empiecen a poner grandes cantidades de dinero en estas industrias emergentes para que podamos ver el verdadero impacto.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 24/04/2025