Allison Silva y las claves para construir una Bolivia más competitiva

Allison Silva reflexiona sobre competitividad, innovación y las condiciones necesarias para impulsar a los emprendedores.
Bolivia tiene talento. Para Allison Silva, directora ejecutiva de Fundación Emprender Futuro, esa no es la discusión. La verdadera pregunta es si el país está generando las condiciones necesarias para identificarlo, conectarlo con las oportunidades y permitir que alcance su verdadero potencial.
“Sí existe talento”, sostiene Silva durante una conversación con Nueva Economía. Sin embargo, inmediatamente introduce una interrogante que cambia el enfoque: “¿Se están dando las condiciones para que el talento pueda florecer en Bolivia?”.
Desde su experiencia trabajando con jóvenes, emprendedores y empresas de base tecnológica, identifica una brecha que todavía persiste: la conexión entre las capacidades que se forman y aquello que realmente necesita el mercado.
¿Cómo se reconoce el talento?
Silva propone mirar más allá de títulos, conocimientos técnicos o capacidades intelectuales.
Una de las primeras señales que observa es la voluntad de una persona de salir de su zona de confort y buscar algo más. Lo ve, por ejemplo, en quienes deciden postular a incubadoras, programas de formación o procesos que les exigen desarrollar nuevas capacidades.
A partir de ahí aparece otro factor: la velocidad para aprender y crecer.
Para Silva, esa mentalidad no necesariamente es innata. Puede desarrollarse y está fuertemente influenciada por el entorno. “Tú te rodeas de gente muy competitiva, vas a terminar siendo competitiva”, señala.
Por ello, considera que uno de los elementos que Bolivia necesita impulsar con mayor fuerza es precisamente una cultura de competitividad.
Pero la inteligencia por sí sola tampoco basta.
Una persona puede sobresalir técnicamente y, aun así, encontrar dificultades para desarrollar todo su potencial si no sabe comunicar una idea, explicar un proyecto, construir equipos o transformar su conocimiento en soluciones.
“De nada me sirve ser el mejor en una característica matemática si no puedo explicar lo que pienso, si no puedo explicar un proyecto”, reflexiona Silva.
Son esas capacidades complementarias las que, desde su experiencia, terminan haciendo que el talento pueda “brillar”.
Del talento a empresas que puedan crecer
Desde Fundación Emprender Futuro, Silva dirige actualmente proyectos vinculados al desarrollo económico, la tecnología y la innovación.
El objetivo es acompañar emprendimientos desde etapas tempranas para que puedan convertirse en empresas, diferenciando las necesidades de los negocios tradicionales de aquellas iniciativas de base tecnológica.
Una de las prioridades es conseguir que las buenas ideas encuentren mercado.
“En Bolivia existe mucho talento”, afirma, pero el desafío es que esas iniciativas logren un buen fit con el mercado.
La institución desarrolla programas vinculados con incubación, aceleración, liderazgo, talento tecnológico e internacionalización, trabajando con jóvenes, mujeres y emprendedores en distintas etapas de desarrollo.
Un ecosistema que maduró, pero todavía avanza lentamente
La mirada de Silva permite también comparar cómo ha cambiado el ecosistema boliviano durante los últimos años.
Hace ocho años, recuerda, ni siquiera existía una interpretación homogénea sobre qué era una startup y tampoco había fondos formales de inversión como los que hoy comienzan a formar parte del ecosistema.
Con el tiempo aparecieron verticales más claramente definidas. Entre ellas, Silva identifica a Fintech como una de las que concentra una mayor cantidad de startups.
También existe una nueva mirada hacia el exterior. Si antes la internacionalización estaba poco presente, actualmente más emprendimientos buscan probar sus productos en otros mercados y abrir operaciones fuera del país.
Sin embargo, la evaluación no es complaciente.
Comparado con otros ecosistemas, sostiene Silva, Bolivia “está yendo lento, muy lento”.
Y escalar tampoco significa simplemente replicar un modelo.
Incluso países que comparten idioma pueden tener dinámicas comerciales completamente diferentes. Una startup boliviana que quiera crecer hacia Paraguay o Perú, por ejemplo, necesita entender culturas, formas de hacer negocios, idiomas y características propias de cada mercado.
A las capacidades empresariales y tecnológicas —ámbitos en los que Silva reconoce que Bolivia cuenta con buen talento— deben sumarse entonces nuevas habilidades para competir internacionalmente.
Sin información no hay decisiones
Otro desafío es contar con información que permita entender hacia dónde está avanzando el ecosistema.
Silva sostiene que disponer de datos no solo sirve para medir resultados, sino para aprender de lo realizado, detectar errores y reorientar esfuerzos.
“No puedes tomar decisiones si no hay información”, afirma.
Precisamente, Fundación Emprender Futuro trabaja junto con distintas instituciones en una nueva edición de su reporte sobre tecnología digital, que será presentada este octubre y que incorporará información sobre startups y un análisis sobre las necesidades del mercado y la vinculación entre emprendimientos tecnológicos y empresas.
La confianza también construye ecosistemas
Hay, finalmente, un elemento menos visible que la tecnología o el financiamiento, pero que Silva considera fundamental: la confianza.
Para ella, la fortaleza de un ecosistema también puede medirse por la capacidad de personas e instituciones para confiar unas en otras, transparentar sus intereses y construir relaciones que trasciendan proyectos puntuales.
El objetivo debería ser evolucionar desde la confianza entre personas hacia una verdadera confianza institucional, capaz de mantenerse independientemente de quién esté al frente de una organización.
Las alianzas de mediano y largo plazo, sostiene, permiten sumar capacidades diferentes y construir resultados que difícilmente podrían alcanzarse de manera individual.
Entonces, ¿dónde está el talento boliviano?
Está en las universidades, en los emprendimientos, en las incubadoras, en las empresas y entre quienes están dispuestos a salir de su zona de confort para aprender y crecer.
Pero identificarlo es apenas el comienzo.
El desafío para Bolivia es conectar ese talento con el mercado, desarrollar habilidades más allá del conocimiento técnico, elevar la competitividad, generar información, fortalecer la confianza y construir oportunidades para que las capacidades existentes puedan convertirse en empresas, innovación y crecimiento económico.
Porque quizá la pregunta ya no sea si Bolivia tiene talento.
La pregunta es qué estamos haciendo para que ese talento pueda florecer aquí y competir con el mundo.
Fuente: Nueva Economía
Última actualización 03/10/2026
Foto: Allison Silva, directora ejecutiva de la Fundación Emprender Futuro · Fuente: Nueva Economía