CAINCO ratifica liderazgo y plantea una agenda de reformas en un momento decisivo para Bolivia

En una noche que combinó institucionalidad y definición estratégica, la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (CAINCO) posesionó a su Directorio para la gestión 2026–2027, ratificando a Jean Pierre Antelo Dabdoub como presidente y consolidando la continuidad de un liderazgo que busca incidir de manera más directa en la agenda económica del país.
El acto, que reunió a representantes del sector empresarial y actores relevantes del entorno institucional, estuvo marcado por una señal clara: el empresariado no se posiciona únicamente como un actor económico, sino como parte estructural de la construcción del país. En esa línea, la reelección de Antelo no solo responde a una lógica de continuidad, sino a la validación de un enfoque que plantea mayor protagonismo, coordinación y capacidad de incidencia en un contexto marcado por la incertidumbre.
El nuevo Directorio quedó conformado por Jean Pierre Antelo Dabdoub en la presidencia, acompañado por Juan Pablo Roda Roden como primer vicepresidente, Orlando Javier Vaca Carranza como segundo vicepresidente, Marco Antonio Justiniano Molina como tesorero y Cecilia Beatriz Justiniano Aguilera como secretaria.
Más allá del acto formal, el momento estuvo atravesado por una lectura de coyuntura que reflejó con claridad la situación actual del país. En su intervención, Antelo planteó un giro en la forma de entender la empresa, alejándola de una visión sectorial para ubicarla en el centro del funcionamiento económico y social. “Cuando hablamos de empresa, no hablamos de intereses particulares, hablamos de miles de personas que trabajan, que producen y que construyen futuro”, afirmó, en una declaración que busca responder a cuestionamientos recientes y reposicionar el rol del sector privado en el debate nacional.
El discurso avanzó hacia una caracterización del contexto económico que dejó de ser descriptiva para convertirse en interpretativa. La escasez de divisas, las restricciones a la producción y las dificultades operativas ya no se presentan como fenómenos aislados, sino como una experiencia compartida que atraviesa al conjunto de la sociedad. “Cuando encontrar dólares dejó de ser una cifra y se convirtió en angustia, entendimos que todos estamos en la misma fila”, sostuvo, sintetizando un cambio en la percepción colectiva que marca el momento actual.
A partir de esta lectura, el mensaje central se estructuró en torno a la necesidad de definir un rumbo. Antelo planteó que Bolivia enfrenta un punto de inflexión que exige claridad estratégica y capacidad de articulación entre actores. “Ningún país avanza si no comparte propósito”, señaló, introduciendo una idea que atraviesa todo su planteamiento: la unidad no como eliminación de diferencias, sino como alineación en torno a objetivos comunes.
Sobre esa base, delineó una agenda de reformas orientadas a reactivar la economía, enfatizando la necesidad de generar condiciones reales para la inversión, recuperar la capacidad productiva y avanzar en la creación de empleo sostenible. En ese marco, hizo referencia a la importancia de marcos normativos en ámbitos clave como inversión, hidrocarburos, trabajo y asociaciones público-privadas, advirtiendo que el contexto actual no admite dilaciones en decisiones estructurales.
El enfoque del discurso evidenció también un desplazamiento hacia una lógica más pragmática en la relación entre el sector privado y el Estado. Lejos de una confrontación ideológica, el planteamiento se orientó hacia la generación de resultados concretos. “El pragmatismo se impuso”, afirmó, reflejando la necesidad de priorizar soluciones efectivas en un entorno donde las restricciones económicas han reducido el margen de acción.
En un mensaje dirigido a las autoridades, Antelo subrayó la urgencia de transitar de la etapa electoral hacia una fase de gestión efectiva. “La campaña terminó y empieza la gestión”, expresó, marcando un punto de quiebre entre el discurso político y la necesidad de ejecución. Al mismo tiempo, manifestó la disposición del sector empresarial para trabajar de manera coordinada, en un contexto donde la articulación se vuelve condición necesaria para avanzar.
El cierre del discurso proyectó una visión que trasciende la coyuntura inmediata. “Estamos decretando el final de la decadencia y el inicio de un tiempo de grandeza”, afirmó, en una declaración que busca instalar una narrativa de cambio de ciclo, apelando a la construcción de confianza en medio de un escenario complejo.
La posesión del nuevo Directorio de CAINCO, en ese sentido, no se limita a un acto institucional. Se configura como una señal de reposicionamiento del empresariado en la agenda país, en un momento donde la crisis ha dejado de ser sectorial para convertirse en estructural. La continuidad del liderazgo de Antelo refleja una apuesta por profundizar un enfoque que combina lectura crítica, propuesta de reformas y voluntad de incidencia.
En un entorno marcado por la urgencia económica, el mensaje que emerge es consistente: el país requiere propósito compartido, decisiones estructurales y capacidad de ejecución. Bajo esa premisa, el nuevo ciclo de CAINCO se proyecta no solo como una gestión institucional, sino como un actor que busca contribuir activamente a la definición del rumbo económico de Bolivia.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 25/03/2026