Miércoles , 13 diciembre 2017
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América Latina se recupera pero la inversión externa se reduce

Los países de América Latina y el Caribe crecerán en promedio 1,1% en 2017 tras dos años consecutivos de contracción, gracias a un moderado pero sostenido crecimiento de la economía mundial, a la mejora en los precios de las materias primas que exporta la región y a pesar de la alta incertidumbre derivada de los riesgos políticos globales, según el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2017 presentado por la Cepal.

El pronóstico supone para la región una lenta expansión económica tras dos años de contracción del producto, aunque también representa un aumento nulo del PIB per cápita de la región en promedio. Para América del Sur se espera un crecimiento del 0,6%; de 2,5%, para Centroamérica y México y de 1,2% para el Caribe.

A pesar de la consolidación del crecimiento y de una menor volatilidad financiera, las incertidumbres políticas y comerciales derivadas de las tendencias proteccionistas han aumentado lo que podría incidir, no solo en la incertidumbre global, sino también en el desempeño de la actividad real a nivel mundial.

El informe estima que, a diferencia del año pasado, en 2017 todos los países de la región presentarán tasas positivas de crecimiento, con excepción de Venezuela, cuyo PIB caería un -7,2%.

Se prevé que en 2017 el saldo en cuenta corriente regional se mantenga en niveles similares a los de 2016, en torno al -1,9% del PIB, aunque con una mejora en los términos de intercambio y un aumento de las exportaciones.

Según cifras oficiales, en marzo de este año se observaba un crecimiento de las exportaciones de casi un 15% interanual en el promedio de 13 países de la región. Para el año completo se proyecta un crecimiento de las exportaciones del 8% como resultado de un aumento del 2% del volumen exportado y un incremento del 6% de los precios de las exportaciones.

El mejor desempeño de las exportaciones estará acompañado por un aumento en los flujos de remesas, que tienen un significativo impacto en la dinámica de consumo en muchos países de la región.

En el ámbito fiscal, el déficit promedio en América Latina se mantendrá estable en 2017, en torno al -3,1% del PIB, aunque con tendencias distintas según la subregión. En tanto, la inflación promedio de las economías de la región se ha reducido a partir del segundo semestre de 2016, pese a que tres economías mantienen tasas superiores al 20%. Esta tendencia se ha mantenido en los primeros cinco meses de 2017, en que la inflación promedio cayó 1,6 puntos porcentuales, pasando del 7,3% en 2016 al 5,7% en mayo de 2017.

En lo que hace al empleo, a pesar del repunte mostrado por el crecimiento económico durante el primer trimestre de 2017, las condiciones laborales continuaron deteriorándose debido a una nueva caída interanual de la tasa de ocupación urbana. Para la región en su conjunto se espera que la tasa de desempleo urbano aumente de un 8,9% en 2016 a un 9,4% en 2017. Con ello se acumularía un aumento de la tasa de desempleo urbano de 2,5 puntos porcentuales entre 2014 y 2017.

América Latina tendrá una moderada expansión después de dos años de contracción económica. Sin embargo, necesita políticas anticíclicas para retomar el crecimiento.

Los indicadores disponibles para los primeros meses de 2017 sugieren que las economías de la región se mantienen en una senda de crecimiento positivo. La demanda interna crece, impulsada por mayores exportaciones y el consumo. El incremento de la demanda interna regional, del 1,1% en el primer trimestre de 2017, es resultado de un aumento del 1,6% en el consumo privado, que compensó tanto la caída de la formación bruta de capital fijo (-0,2%) como del gasto público (-0,2%).

Al igual que en 2016, en el primer trimestre de 2017 la deuda pública del gobierno central alcanzó en América Latina un promedio simple del 37,3% del PIB. Aunque los niveles de endeudamiento se mantienen altos en algunos países, la dinámica de crecimiento de la deuda ha disminuido.

Por su parte, los ingresos públicos caerían en América Latina en 2017. En particular, se prevé una caída de los ingresos tributarios a nivel de los gobiernos centrales (del 15,7% del PIB en 2016 al 15,5% del PIB en 2017).

Como expresión de la consolidación fiscal en varios países, se prevé un recorte del gasto público en América Latina en 2017, sobre todo en los países de América del Sur, donde caería del 24,3% del PIB en 2016 al 24,0% del PIB.

En los primeros cinco meses de 2017, las reservas internacionales de América Latina y el Caribe se incrementaron un 2,2% respecto del valor registrado al cierre de 2016. Esto equivale a una acumulación de 17.996 millones de dólares.

Si bien las reservas se incrementaron en la región en su conjunto, la acumulación observada en la Argentina (6.370 millones de dólares) y en el Brasil (11.961 millones de dólares) da cuenta de casi la totalidad del aumento de las reservas en la región. En términos del PIB, las reservas internacionales en los cinco primeros meses de 2017, para el promedio de la región, cayeron 0,6 puntos porcentuales.

A partir del segundo semestre de 2016, la inflación promedio de las economías de América Latina y el Caribe se ha reducido, pese a que tres economías mantienen tasas superiores al 20%. Esta tendencia se ha mantenido en los primeros cinco meses de 2017, en que la inflación promedio de la región cayó 1,7 puntos porcentuales, pasando del 7,3% en 2016 al 5,7% en mayo de 2017.

Para retomar el crecimiento de mediano y largo plazo es necesario cambiar la dinámica del ciclo. Para lograrlo es necesario contar con políticas anticíclicas que no solo se centren en reducir las fluctuaciones cíclicas; también deben afrontar el desafío de modificar las características específicas del ciclo que influyen negativamente en el crecimiento y en la estructura productiva de los países de la región. Esto implica fortalecer el marco contracíclico de la política fiscal e impulsar el papel de la inversión pública. Este marco fiscal deber ir acompañado de una política financiera de estabilización del crédito y una política monetaria que apoye el crecimiento de la inversión, señala el documento.

Bolivia

Según estimaciones de la Cepal, en 2017 el crecimiento de la economía boliviana seguirá moderándose (hasta el 4%), pues, a pesar de la mejora del contexto internacional, la baja del desempeño del sector de los hidrocarburos no solo tendrá impacto en la producción, sino también en las finanzas públicas. Si bien las autoridades económicas proyectan el gasto fiscal debería ajustarse en 2017; sin embargo, el déficit fiscal del sector público consolidado podría alcanzar el 7,8% del PIB, principalmente por el descenso de los ingresos por ventas de gas natural. De esta manera, la inversión y el consumo público podrían verse limitados.

Consecuentemente, remarca el organismo, resulta necesario desarrollar proyectos de inversión que diversifiquen y potencien la matriz de ingresos públicos; de otro modo, el ambicioso programa de inversión para el período 2016-2020 del Plan de Desarrollo Económico y Social podría verse afectado, lo que restringiría las posibilidades de crecimiento.

Cae la inversión extranjera

En otro documento de análisis, la Cepal revela que el flujo de inversión extranjera directa hacia América Latina y el Caribe cayó en 7,9% en 2016, sumando 167.043 millones de dólares, lo que representa una caída de 17% desde el pico máximo alcanzado en 201.

Según el organismo, el drástico descenso está relacionado con los bajos precios de las materias primas, el lento crecimiento de algunos países de la región (Brasil y México) y por el escenario global de “sofisticación tecnológica y de expansión de la economía digital”, que tiende a concentrar las inversiones en las economías más desarrolladas del mundo.

Las perspectivas futuras no son alentadoras ya que la Cepal pronostica que la inversión extranjera directa caerá en 5% al cierre de esta gestión.

América Latina y el Caribe recibieron la décima parte de la inversión extranjera directa global en 2016, similar a la del 2015, pero cuatro puntos porcentuales menos que en el periodo 2011-2014, que fue uno de los más prolíficos en términos de inversiones en la región. Pese a la tendencia a la baja, los flujos de IED representan el 3,6% del PIB de la región, cuando el promedio global es de 2,5%, lo que da cuenta de la relevancia de estas entradas para las economías latinoamericanas y caribeñas.

Pese a la recesión, Brasil se mantuvo como el principal receptor en la región (78.929 millones de dólares, equivalentes a 47% del total. Sus entradas de IED aumentaron en 5,7%. En México, que recibió 32.113 millones de dólares y fue el segundo país receptor (19% del total), la IED cayó un 7,9%, aunque se mantuvo en niveles históricos elevados. Las entradas en Colombia crecieron un 15,9% hasta los 13.593 millones de dólares, posicionándose como la tercera economía con mayores ingresos de IED (8%), por encima de Chile, que absorbió 12.225 millones de dólares de IED (7% del total).

La IED dirigida al sector de recursos naturales cayó de 18% en 2010-2015 a 13% en 2016, en línea con el fin del auge de los precios de las materias primas. En cambio, el peso de las manufacturas y los servicios aumentó hasta llegar al 40% y 47%, respectivamente.

Las nuevas inversiones anunciadas se concentraron en energías renovables, telecomunicaciones y la industria automotriz. Los proyectos en energías renovables representaron el 18% del monto anunciado en 2016 (en 2005-2010 fue de 6%), lo que posiciona a esta actividad como la más dinámica del período.

Las estadísticas no muestras mayores variantes respecto al origen de los inversionistas. El 73% del total de la IED ingresó desde Estados Unidos 20%), principal inversor individual, y la Unión Europea (53%). China es responsable de solo el 1,1% de la IED recibida por la región en 2016.

Empero, si se observa el valor de las fusiones y adquisiciones en 2016, el gigante asiático fue el cuarto origen de la inversión.

En el caso boliviano, el flujo de IED alcanzó a 410 millones de dólares, habiendo registrado una disminución por tercer año consecutivo.

En el último año la baja fue de 145 millones de dólares, equivalente al 26%.

 

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