Miércoles , 18 octubre 2017
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Los servicios de agua y electricidad: riesgos y desafíos

El reciente incremento dispuesto en las tarifas de energía eléctrica y los problemas de aprovisionamiento de agua vividos por varias ciudades llevan a preguntarse si las actuales políticas públicas son idóneas para garantizar la provisión de servicios continuos, de bajo costo y de calidad aceptable.

Las protestas de ciertos sectores “advierten que el espacio social para la continuidad de una política de ajuste tarifario gradual puede haberse reducido sustancialmente, lo cual plantea nuevos y complejos desafíos para la sustentabilidad de los servicios públicos, para los programas de subsidios y para la solvencia y eficiencia de las empresas proveedoras”, anota un documento de análisis elaborado por la Fundación Milenio denominado “Los servicios de agua y electricidad: riesgos y desafíos”.

La pregunta es si el país se encamina hacia una escalada de problemas sociales, políticos y de gestión, relacionados tanto con la capacidad de provisión de servicios básicos, cuanto con el costo de estos servicios, en un contexto de contracción de las actividades económicas y de menores ingresos familiares y en el que variaciones tarifarias, incluso pequeñas, pueden impactar en la economía de los bolivianos, y en particular de los estratos populares, anota el documento.

Son conocidos los problemas de ineficiencia en la gestión de las empresas proveedoras de agua y cuya responsabilidad en la provisión deficitaria de este servicio, está fuera de duda. Las cifras de la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) registran una pérdida por fugas de entre 30% y 45% de agua potable, en una envejecida red de tuberías. La situación de suministro de energía eléctrica se presenta menos crítica, porque en los últimos años no se han registrado mayores interrupciones ni amenazas.

Agua

Milenio cita el cambio climático entre los factores subyacentes a las crisis en las fuentes de agua que ponen en riesgo el abastecimiento. La vulnerabilidad medioambiental de Bolivia se debe, entre otras razones, a la inestabilidad de los ecosistemas, la deforestación creciente y la carencia de información científica para afrontar los problemas derivados del cambio climático. Otro tema relevante es la intensificación del proceso de deforestación, paralelo a la ampliación de la frontera agrícola.

A esto se suma la falta de control sobre la contaminación de los ríos por cuenta de las explotaciones mineras; las cuales, conforman un sector económico de alto consumo de agua, absorbiendo, en muchos casos, el recurso de muchas áreas rurales y urbanas.

Otra causa es el crecimiento del consumo de agua en las áreas urbanas y rurales, impulsado por las expansiones en las redes de agua, lo que constituye una presión creciente sobre la dotación de recursos hídricos.

El Octavo Informe de Progreso de los Objetivos del Milenio (UDAPE, 2015) muestra que para el año 2014, el 88% de la población nacional utiliza una fuente mejorada de agua para beber y cocinar, con un crecimiento importante en la zona rural, habiéndose duplicado la cobertura de fuentes mejoradas de agua. Si en 1992 se tenía una cobertura de 34%, en 2014 el 72% de los hogares rurales accedía a alguna fuente de agua potable. Mientras, la cobertura en áreas urbanas pasaba del 86% en 1992 a 94% en 2014.

Ese informe indica que en zonas rurales el incremento de cobertura proviene sobre todo de un mayor acceso a otras fuentes de agua mejorada: agua de pileta pública, pozo perforado o protegido, vertiente protegida; priorizadas por los esfuerzos de la política gubernamental. Empero, hay que lamentar que la expansión de la cobertura no estuvo acompañada de programas enfocados a sensibilizar a la población acerca de la necesidad de un consumo racional y ahorrativo del agua.

Energía eléctrica

En energía eléctrica, el crecimiento de la demanda fue impulsado por el incremento en el consumo, a diferencia de lo sucedido con el agua. En este segundo caso, fue el crecimiento de la cobertura de la red lo que explica primordialmente el mayor acceso al agua.

El crecimiento de la demanda de energía eléctrica del sector industrial en el periodo 2000-2005 fue de 3% en promedio, habiéndose incrementado al 11% entre 2006 y 2011, para luego descender al 5,2%. En el caso de los hogares, el consumo promedio entre 2000 y 2014 subió en 5,2%, registrándose un ritmo más acelerado a partir del 2011 (6,4%, en promedio).

Para el segundo semestre este año, la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Electricidad autorizó un incremento tarifario del 3% que, en términos nominales, implica un crecimiento de entre 90 centavos de boliviano y 30 bolivianos, dependiendo del nivel de consumo, aunque mantiene vigente la Tarifa Dignidad.

Los incrementos de años precedentes fueron relativamente menores. Entre 2000 y2015 las tarifas de luz para todos los sectores crecieron a un promedio de 2% anual, con las tasa más altas en 2012 (4,6%) y 2013 (5%).

El alza reciente de las tarifas eléctricas –dice Milenio- no es un hecho extraordinario, puesto que esta medida se inscribe en reajustes semestrales aplicados desde el año 2001, con base en la actualización de los costos de operación y mantenimiento de las unidades generadoras y de las instalaciones de transmisión, y que además se respalda en el Reglamento de Operación del Mercado Eléctrico.

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