Martes , 22 agosto 2017
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Economía a dos fuegos

Mientras las autoridades se muestran satisfechas por el comportamiento de los principales indicadores de la economía en el primer semestre y ratifican su confianza en que el crecimiento se ubicará nuevamente entre los mayores de la región, el sector privado advierte signos de desaceleración económica y pide acciones concretas para evitar futuros problemas.

Una política monetaria que acompaña el desarrollo

La economía en el primer semestre tuvo un carácter expansivo gracias a las bajas tasas de interés, niveles suficientes de liquidez, disminución del encaje legal, estabilidad de tipo de cambio, crecimiento de las reservas internacionales y, principalmente, por la política de desarrollo con los créditos a las empresas públicas estratégicas, explicó el presidente del Banco Central de Bolivia (BCB), Pablo Ramos.

La autoridad señaló que la política monetaria en la primera mitad del año tuvo un carácter expansivo para apoyar al proceso de crecimiento económico mediante “un bajo costo del dinero” y bajas tasas de interés para facilitar el crédito. Explicó que el ente emisor tomó medidas completas para garantizar a la economía los niveles suficientes de liquidez. La entidad nacional ha entregado créditos de liquidez cuando las instituciones lo requerían.

“Se utilizó las operaciones de mercado abierto en el rescate anticipado de títulos, lanzando a la economía 1.000 millones de bolivianos, para dotar de liquidez”, precisó el ejecutivo del ente emisor.

Indicó que se disminuyó el encaje legal tanto en moneda nacional y extranjera para hacer que los bancos tengan recursos suficientes para que puedan canalizar el crédito. Además se creó un fondo destinado a los sectores productivos y la vivienda social.

También se refirió a la estabilidad de tipo de cambio. Mencionó que, a partir de un estudio del tipo de cambio real, el BCB asegura que la moneda boliviana muestra una equivalencia próxima al equilibrio, y no está sub o sobre evaluada. “Tenemos una ventaja competitiva que la mantenemos desde los primeros meses respecto a los otros países”, subrayó.

Señaló asimismo que, el Banco Central, cumpliendo la función de no sólo apoyar a la estabilidad sino también al desarrollo, apoyó la actividad económica a través de desembolsos para las empresas públicas estratégicas con un adecuado flujo de recursos para YPFB, COMIBOL, ENDE y otras grandes empresas.

El ente emisor también desembolsó recursos al Fondo Nacional de Desarrollo Regional y para municipios que requirieron fondos para cumplir sus necesidades específicas. Asimismo, se cubrió las exigencias para el financiamiento del Bono Juana Azurduy de Padilla, un instrumento para la distribución del ingreso.

Ponderó el incremento de las Reservas Internacionales Netas durante el primer semestre de 2017. “Cuando iniciamos la gestión, nuestras RIN llegaban a 10.081 millones de dólares y el 30 de junio el monto alcanzaron a 10.306 millones de dólares, por lo tanto hemos tenido un significativo incremento en el curso de estos seis meses”, acotó.

La relación de las reservas y PIB es del 28%, superior a la de otros países. “Si sumamos las reservas y otros recursos en moneda extranjera (que totalizan 13,3%), tenemos una fortaleza de económica de capacidad de compra externa del 41,3% del PIB”, remarcó.

En ese marco, dijo que aunque es cierto que se registraron pérdidas muy aceleradas de reservas en gestiones anteriores, argu-mentó que eso se debió a que cuando el comercio y la economía internacional funcionan mal, generan consecuencias en todos los países, entre ellos Bolivia.

Asimismo, el titular del Ente Emisor informó que Bolivia recibió un pago del gobierno de Brasil por 58 millones de dólares corres-pondientes a la factura del gas, lo que implica que las RIN siguen tonificándose.

En el curso del primer semestre, la inflación se mantuvo baja, con una variación a junio del 0,09% y una tasa acumulada de 0,14% para todo el semestre.

Precisó asimismo que la liquidez al 30 de junio alcanzó a 7.504 millones de bolivianos que, a su juicio es lo que requiere el país. En julio ese volumen se ubicó cerca a los 9.000 millones.

La emisión monetaria fue de 40.428 millones de bolivianos con lo cual se abastece a los bancos para sus necesidades y también al público.

Destacó la bolivianización como otro elemento esencial de la política monetaria, pues permitió recuperar las funciones monetarias que antes estaban en beneficio del dólar. Al 30 de junio, los depósitos en moneda nacional representaban el 84,4% y la cartera de créditos en denominación local representaba el 97,2%.

Ramos precisó que en el sistema financiero la cartera de los bancos se incrementó en 13,8% y los depósitos en 6,5%. “Los activos de los bancos han crecido en 8,3%, los pasivos en 8,4% y las utilidades en 15,2%. Cerramos el semestre con un monto global de todo el sistema bancario de 771 millones de utilidades”, aseguró en conferencia de prensa.

Informó también que la mora bancaria llegó a 1,7%, lo que implica que los que se prestan del sistema bancario son buenos pagadores, siendo uno de los indicadores más bajos de la región, lo que demuestra la solidez del sistema financiero.

En cuanto a los créditos a las empresas nacionales estratégicas, en el primer semestre del 2017 el BCB desembolsó 2.571 millones de bolivianos, mientras que las empresas amortizaron capital por 322 millones y pagaron intereses por 171 millones. Con desembolsos fluidos, las empresas están cumpliendo sus compromi-sos de acuerdo con los flujos aprobados en la concesión de los créditos, concluyó.

Signos de desaceleración

En contraste, el sector privado percibe que la economía nacional muestra un conjunto de señales que evidencian una tendencia de desaceleración lo que exige acciones correctivas por parte de quienes conducen la economía.

El primer signo es la reducción de la tasa de crecimiento durante los últimos años. El PIB, que en 2013 alcanzó su punto más alto con 6,83%, se fue paulatinamente ralentizanodo a 5,5% en 2014, a 4,85% en 2015 y a 4,3% en 2016. Los datos reflejan una reducción del ritmo de la actividad económica como conse-cuencia de la disminución de los precios de las materias primas.

Otro dato que refleja el enfriamiento eco-nómico es el referido a una menor inflación. La tasa acumulada del primer semestre del año es de 0,14% sustancialmente más baja a la de similar período del año pasado (2,27%). La baja inflación pone en evidencia la caída en la demanda interna de bienes y servicios.

Persiste el déficit en la balanza comercial, lo que muestra que ya no está ingresando el flujo de divisas por exportaciones. En los dos últimos años el déficit comercial ha ido en ascenso y en mayo pasado registró un total de 645 millones, monto superior al del mismo mes del 2015 cuando el desfase era de 555 millones). La reducción en la liquidez de dólares provenientes de las exportaciones refleja también la contracción económica.

Asimismo, las reservas internacionales muestran también una importante reducción desde su pico más alto registrado en 2014 (15.123 millones de dólares). A junio pasado, ese volumen alcanzó a 10.306 millones.

Otro factor es el tipo de cambio que permanece inamovible desde hace casi seis años, mientras que los países vecinos han devaluado sus monedas. Como resultados de ambas políticas, la economía boliviana ha perdido competitividad.

La desaceleración está también expresada por el constante déficit fiscal que se registra a partir del año 2014. Para este año se presupuesta un desfase de 6,50%, que demuestra que los gastos gubernamentales superan el volumen de sus ingresos.

También se evidencia un descenso en la liquidez del sistema financiero. La diferencia entre depósitos y créditos que en el 2015 al-canzaba a 4.884 millones de dólares se redujo este año a 1.717 millones, mostrando que hay menor disponibilidad de recursos para transac-ciones, compras e inversiones.

Los indicadores de empleo son también preocupantes. La tasa de desempleo que, según datos oficiales, había caído al 2,3%, se ubica en 4,1% en la gestión 2016. Según el sector privado, ese comportamiento tiene relación con las inflexibles políticas de contratación, los incrementos salariales y disposiciones como el pago del segundo aguinaldo.

Los aumentos salariales fueron decisiones políticas y no estuvieron ligados a los indicadores de inflación o productividad, lo que causó serios problemas a muchas unidades produc-tivas. Son políticas que, en conjunto, desincentivan la contratación ya que aumentan los cos-tos de producción e influyen en la pérdida de competitividad de la industria.

El sector privado echa de menos la falta de coordinación para que la inversión pública y privada impulsen el carro de la economía en la misma dirección. Es indudable que el gobierno apostó por la inversión pública para impulsar la economía, pues la inversión del sector público fue en ascenso alcanzando los 8.800 mi-llones en 2016. La inversión pública estimada para el 2014 fue de 2.200 millones.

Esa brecha muestra la necesidad de generar mejores condiciones para la atracción de capitales privados, sobre todo en un contexto de desaceleración, a fin de impulsar la producción y el empleo. En un reciente foro internacional, los expertos señalaban que las economías más dinámicas del mundo mantenían una proporción de 20% de inversión privada y 80% de inversión pública. Sin embargo en Bolivia esas proporciones están invertidas, lo que despierta dudas sobre su futura viabilidad.

No se cuestiona la inversión pública, pero se recomienda que sea más selectiva, que se guíe no por presiones políticas o regionales, sino por sus resultados y sus efectos multiplicadores. Tampoco se censura el endeudamiento para impulsar la inversión pública, pero se sugiere que esa política responda a una racionalidad económica.

La excesiva normativa regulatoria sobre el sector formal, la alta presión que ejerce la oficina de Impuestos Nacionales sobre las empresas regulares y la intimidante fiscalización desalientan al sector privado y más bien incentivan la informalidad.

La recomendación del sector privado boliviano es clara: el desarrollo del país exige caminar con dos pies: Estado y empresarios. Ello requiere promover una institucionalidad que estimule la inversión de los agentes económicos privados.

Es preciso generar fuentes alternativas de divisas ante la caída de ingresos por las exportaciones. No basta la demanda interna y parece urgente incentivar a las empresas exportadoras. El gasto público vía endeudamiento necesita ser sostenible.

Se debe encontrar respuestas al cambio de ciclo económico. Si bien es cierto que la eco-nomía es de mayor tamaño, es preciso evitar su deterioro. El país tiene suficiente margen de reacción, pero el tiempo apremia, pues las condiciones externan presentan caracterísitcas de incertidumbre.

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