Martes , 22 agosto 2017
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Disminuyen las remesas a los países en desarrollo

Las remesas a los países en desarrollo disminuyeron en 2016 por segundo año consecutivo, una tendencia que no se observaba desde hacía tres décadas, según estimación del Banco Mundial, que señala que el flujo oficial alcanzó los 429.000 millones de dólares, lo que representa una caída del 2,4 % con respecto a los 440.000 millones registrados en 2015.

Según ese cálculo, las remesas mundiales, que incluyen los flujos destinados a países de ingreso alto, se contrajeron un 1,2 % al pasar de 582.000 millones de dólares en 2015 a 575.000 millones en 2016.

En consonancia con una mejora de las perspectivas económicas mundiales, se estima que en 2017 el nivel de remesas a los países en desarrollo se recupere y aumente un 3,3 % hasta alcanzar los 444.000 millones de dólares.

El flujo de remesas a los países en desarrollo supera a los montos de la Asistencia Oficial al Desarrollo y es más estable que el flujo de los capitales privados.

La baja de los precios del petróleo y el escaso crecimiento económico en los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y la Federación de Rusia repercutieron negativamente en los flujos destinados a Asia meridional y Asia central, en tanto que el escaso crecimiento de Europa llevó a que se reduzcan los flujos enviados a la región del Norte de África y África al sur del Sahara. La caída de las remesas, cuando se valúa en dólares de Estados Unidos, se vio agravada por la pérdida de valor del euro, la libra esterlina y el rublo ruso frente a esa moneda.

Como resultado, muchos de los grandes países receptores de remesas registraron fuertes caídas de los flujos. India, si bien se mantuvo en el primer puesto como el mayor receptor del mundo, lideró la caída al recibir un flujo de 62.700 millones de dólares el año pasado, lo que constituye una baja del 8,9 % con respecto a los 68.900 millones recibidos en 2015.

Se estima que el año pasado también cayeron las remesas a otros importantes países receptores como Bangladesh (11,1 %), Nigeria ( 10 %) y Egipto ( 9,5 %). Las excepciones entre los principales receptores fueron México y Filipinas, en los cuales el volumen de remesas aumentó el 8,8 % y el 4,9 %, respectivamente.

“Las remesas son una importante fuente de ingresos para millones de familias que viven en países en desarrollo. Por lo tanto, la caída de los flujos de remesas puede afectar gravemente la capacidad de las familias para recibir atención médica, educación y una nutrición adecuada”, señaló Rita Ramalho, directora interina del Grupo de Indicadores Mundiales del Banco Mundial.

En el primer trimestre de 2017, el costo mundial promedio que supone el envío de 200 dólares se mantuvo estable en un 7,45 %, a pesar de que se trata de un valor considerablemente más alto que la meta del 3% establecida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El costo promedio del 9,8 % corres-pondiente a África al sur del Sahara sigue siendo el más elevado de la región.

Un obstáculo importante a la reducción del costo de las remesas son las medidas de mitigación del riesgo que adoptan los bancos internacionales, cuando cierran las cuentas bancarias de los operadores de transferencias de dinero, para afrontar la elevada carga regulatoria orientada a reducir el lavado de dinero y los delitos financieros. Esto ha representado un importante desafío relacionado con la prestación de servicios de remesas a determi-nadas regiones y con el costo de esos servicios.

En el informe se señala que varios países de ingreso alto que reciben a muchos migrantes están considerando la posibilidad de cobrar impuestos a las remesas que se envían al exterior, en parte para recaudar ingresos y en parte para desalentar a los migrantes indocumentados. No obstante, los impuestos a las remesas son difíciles de administrar y en muchos casos llevan a que las remesas se realicen de manera ilegal.

“Son muchas las probabilidades de que la migración aumente en el futuro, debido a las grandes brechas de ingreso, el desempleo generalizado entre los jóvenes, el envejecimiento de la población en muchos países, el cambio climático, y las situaciones de fragilidad y conflicto”, afirmó Dilip Ratha, autor principal del informe.

Características

El Fondo Monetario Internacional analiza en un reciente documento algunas características particulares de la migración en América Latina llegando a la conclusión de que la migración y las remesas han tenido un leve efecto negativo en el crecimiento real per cápita de grandes partes de la región, aunque con diferencias entre las subregiones. En algunos casos, el efecto sobre las personas que se quedan en los países de origen puede ser negativo, pues los migrantes tienden a ser jóvenes y, tal vez, altamente calificados (médicos, enfermeros o ingenieros) y su partida perjudica el potencial económico del país. El lado positivo es que las remesas tienen efectos ventajosos para la estabilidad.

Las remesas tienen efectos ventajosos para la estabilidad, contribuyen a reducir la pobreza ; pero también estimulan la “fuga de cerebros”, lo que lastra el crecimiento local.

La primera característica es que la migración es un fenómeno predominante en los países de América Central, el Caribe, República Dominicana y México donde los emigrantes representan cerca del 10% de la población y las remesas equivalen al 6% del PIB en promedio. En los países de América del Sur el volumen de remesas del exterior es sustancialmente inferior al que reciben las naciones de América Central y el Caribe.

Estados Unidos es, de lejos, el destino más importante de los migrantes de América Latina y el Caribe: alrededor de dos tercios de los emigrantes de esas regiones viven y trabajan en USA. Esta alta concentración en un solo país de destino significa que la prosperidad económica de los migrantes de la región, y de las remesas que envían a sus hogares, está a merced de los altibajos económicos y los cambios de la política de inmigración estadounidense.

Otra característica es que los emigrantes provenientes de México y América Central tienden a ser más jóvenes (en promedio, de alrededor de 20 años de edad) con menores niveles educativos que los de América del Sur y el Caribe. De estos últimos, cerca del 40% ha cursado por lo menos estudios universitarios. Con una alta proporción de trabajadores calificados que abandonan sus países de origen, se puede concluir que la región ha estado sufriendo una “fuga de cerebros”.

En consecuencia, con niveles educativos más bajos, los emigrantes de México y América Central tienden a ocuparse en trabajos que exigen menores calificaciones y, por lo tanto, su remuneración es menor.

El FMI subraya que la emigración de personas en edad laboral reduce la fuerza laboral y debilita el crecimiento del país de origen, y este efecto tiende a ser más intenso en los países que enfrentan una fuga de cerebros. Pero el dinero que los migrantes envían a sus hogares aporta una serie de beneficios a sus familias, así como recursos financieros para el comercio y la inversión.

Sin embargo, el análisis del organismo indica que el efecto global de estos factores depende del perfil de los migrantes y del monto de dinero que envían a casa, con variados efectos netos sobre el crecimiento en toda la región.

En el caso de países con emigrantes altamente calificados, como los del Caribe, y en menor medida de América del Sur, el impacto negativo de la emigración sobre el crecimiento no se ve totalmente compensado por el dinero que los migrantes envían a sus países de origen. En cambio, en el caso de los países de América Central, las ventajas del mayor volumen de remesas parecerían compensar en buena medida (o superar) los efectos negativos de la emigración.

El FMI sostiene que las remesas pueden constituir un valioso aporte a la estabilidad económica. Al ser una importante fuente de ingresos, pueden estimular el consumo en los países de origen cuando la economía atraviesa una situación difícil. Por ejemplo, se observa que los emigrantes tienden a enviar más dinero a casa luego de desastres naturales.

Asimismo, las remesas pueden apuntalar la estabilidad financiera al reforzar la capacidad de reembolso de los prestatarios, y ayudan a generar ingresos para el gobierno, que grava el gasto derivado de las remesas. Al tener como principal destino los hogares de bajo ingreso, esos flujos pueden contribuir a reducir la pobreza y la desigualdad.

¿Qué podrían hacer los países para aprovechar las ventajas y a la vez minimizar los costos de la emigración y las remesas? En términos generales, el FMI formula dos recomendaciones: la aprobación de políticas orientadas a reducir la emigración y la promoción del uso productivo de las remesas por parte de las familias que las reciben.

Los países deberían enfocar su atención en políticas estructurales que incentiven a la gente a quedarse y a los emigrantes a retornar. Cita entre ellas medidas que permitan revalidar las calificaciones profesionales adquiridas en el extranjero y reformas para limitar la fuga de cerebros, como el desarrollo del sector del turismo.

Sugiere además políticas orientadas a fomentar la oferta de trabajo, en particular las que incrementen la participación de la mujer en la fuerza laboral, también pueden servir para compensar el efecto adverso de la emigración sobre la productividad.

También debería facilitarse el desarrollo de canales financieros formales para que los migrantes envíen dinero a sus hogares, así como la reducción de los costos de enviar dinero con soluciones nuevas como el dinero móvil. Asimismo, convendría propiciar una mayor inversión de las remesas en pequeñas empresas.

En el caso de los países que dependen mucho de las entradas de remesas, es importante garantizar que las defensas financieras, como son las reservas internacionales del banco central, estén en niveles adecuados para compensar una posible pérdida de remesas debida a shocks económicos negativos o cambios en las políticas de inmigración de los países que acogen a los inmigrantes.

Bolivia

Según datos oficiales del Banco Central, Bolivia recibió en 2016 un flujo de remesas equivalente a 1.204 millones de dólares, una cifra que ha ido fue en leve ascenso en los últimos años. El mayor porcentaje de los envío tuvo origen en España (41%), Estados Unidos (16%) y Argentina (12%). Santa Cruz recibe el 39% de las remesas, Cochabamba el 33% y La Paz el 16%.

 

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