Lunes , 26 junio 2017
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Plagas bíblicas tras varios años de bonanza

Después de varios años de bonanza económica, tanto  en precios como en producción, el agro boliviano encara un  período  recesivo  caracterizado  por  la  sequía y la presencia de plagas. Coinciden así las historias bíblicas de los siete años de ‘vacas gordas’, seguidas  por similar período de ‘vacas flacas’, y el de las plagas de Egipto, un castigo divino ante un obstinado faraón que se resistía a liberar al pueblo  israelita.

El norte integrado cruceño, en expansión durante varios años, enfrenta desde el 2015 una etapa de dificul- tades caracterizada por la sequía, a consecuencia de la cual se han instalado el gusano cogollero en el maíz, el gusano ‘pega hoja’ en la soya, la broca en la caña, la chicharra en el arroz y recientemente la plaga de langostas en los cultivos maíz, soya y sorgo.

Los resultados económicos de la gestión agrícola en la campaña de verano se han traducido en la disminución de 600.000 toneladas en la producción (caída del 50%) y una consecuente pérdida económica cercana a los 180 millones de dólares.

Los sectores afectados piden al gobierno acciones urgentes de solución, aunque los requerimientos difieren según se trate de grandes o pequeños productores. La agroindustria pone énfasis en que se autorice recurrir a la biotecnología para que la producción boliviana sea competitiva frente a la de los países vecinos. Sus representantes argumentan que otras naciones desarrollaron variedades genéticamente tratadas resistentes a la sequía, a la humedad  y a diferentes plagas.

Por su parte, los pequeños productores,  solicitan más bien liberar las exportaciones de granos, así como un mayor control de los mercados pues actualmente no tienen otra opción que vender su cosecha  a bajo precio a las grandes industrias, lo que les genera significativas pérdidas.

Este segmento demanda también la apertura del negocio de las semillas que hoy está en manos de un reducido grupo que determina su precio a su albedrío, sin la participación de los pequeños productores. Este comportamiento está dando lugar a un mercado ilegal de semillas.

La difícil coyuntura del agro cruceño pone en evidencia la debilidad del Estado, con una insuficiente  respuesta y la burocracia existente en el seguro agrícola. Otra de las preocupaciones es el impacto medioambiental por las fumigaciones.

Este escenario quedó en evidencia durante una visita de campo de los medios de comunicación al norte integrado cruceño y sus áreas de expansión, donde los estragos del cambio climático son innegables y apuntan a generar efectos multiplicadores en los sectores avícola, ganadero y porcino, principales consumidores de su producción.

Freddy Suárez, presidente electo de la Cámara Agropecuaria del Oriente CAO, anunció que se pretende elaborar un programa para se- guir exigiendo seguridad jurídica con la imperiosa necesidad de ser dueño de la tierra sobre la que trabajan. Otro planteamiento es la autorización del uso de la biotecnología como único camino para alcanzar competitividad frente a los países vecinos.

Suárez explicó que con la sequía aumentaron las plagas, como el caso de las langostas. Por esta razón algunos campos fueron fumigados hasta 7 veces. Así también, la presencia del gusano cogollero afectó los costos de producción, debido a la aplicación de mayores insecticidas, lo que deja a Bolivia fuera de competencia frente a los países que producen más y  a menor costo.

Susano Terceros presidente Asociación Nacional de Producción de Oleaginosas ANAPO explicó que el tema de mayor preocupación para pequeños y medianos agricultores es el de mercados y buen precio. Para este fin exigen la liberación plena de las exportaciones “para tener un precio de oportunidades para los productores de grano”, subrayó.

Los resultados económicos de la gestión agrícola en la campaña de verano se han traducido en la disminución de 600.000 toneladas en la producción.

Para Terceros, el mercado nacional está garantizado con el 30% de la producción total  y el 70% debería ser liberado para la exportación. “Pedimos que nos liberen la exportación de grano, en el entendido de que con el embargo para la producción de harina, aceite, las industrias no pagan un precio justo”, reclamó el ejecutivo de ANAPO.

Se refirió además a la urgencia de avanzar en el tema de la biotecnología dado que en la última gestión perdieron “como nunca” por no contar con variedades resistentes a las plagas y a la sequía.

Pedro Rocha, presidente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) destacó que existe una demanda casi angustiosa del sector productivo pequeño, mediano y grande que sufrieron los embates de los fenómenos climáticos, plagas y de  la falta de políticas de gobierno.

“Nos preocupa porque el 2016 se ha tenido el mayor déficit comercial de 1.200 millones de dólares y en los últimos 24 meses se tuvo  una caída del valor de las exportaciones en 6.000 millones de dólares siendo casi un espejo de la caída de las reservas internacionales netas con alrededor de 5.000 millones de dólares en los últimos 24 meses”, anotó.

Para el representante del IBCE, la única manera de recuperar los índices negativos es con producción e inversión que genera empleo y riqueza para el país. Riqueza, (impuestos y alícuotas) con la que se  mueve la economía boliviana.

Reynaldo Díaz, ex presidente de ANAPO, opinó que el agro cruceño tiene el reto de crear prosperidad en base una política de tres pilares: mantener su liderazgo para consolidar y conquistar mercados; innovación en biotecnología para ser competitivos en el mundo; y seguridad jurídica para invertir y emprender.

Pequeños productores

Con hojas llenas de gusanos muy pequeños y viscosos, Silvia Vale, pequeña productora de la zona Chané, mostró que el gusano de pegador de hoja está acabando con la producción soyera. “Las plagas incrementaron nuestros costos de producción y para ello es que pedimos eventos biotecno- lógicos para los agricultores, para que podamos tener nuevas variedades de soya y no tener que tropezar campaña tras campaña con permanentes pérdidas”, reclamó.

La agricultora pidió semillas resistentes al gu- sano pegador de hoja, que hizo estragos con la producción de la zona, y asimismo contar con variedades resistentes al cogollero en el cultivo de maíz. “También pedimos a las instituciones que correspondan liberen la liberen la exportación de soya y podamos tener acceso a precios más justos”, exclamó.

Centeno Zurita de la  zona  Fernández  Alonzo (norte Integrado), productor de maíz, explicó que el principal problema de los productores es el tema de precios. “El precio del quintal de maíz de bajó de 90 a 54 bolivianos y,  con las plagas,    el costo no alcanzará para cubrir nuestros costos de producción. Resulta un contra sentido escuchar que compramos maíz de la Argentina a mayor  precio, cuando necesitamos que se apoye al pro- ductor nacional”, comentó.

“He sembrado 20 hectáreas de maíz y también tengo arroz y antes de su cosecha ya se ve una perdida grande por la chicharra que me ha azotado. Poco rendimiento tiene el maíz, por lo que mi futuro es muy negro” añadió  Zurita.

Juana Arias Mamani, productora de Faja Bolívar, muy molesta y triste por los resultados de su producción, comentó que desde hace dos años la sequía le va afectando. “También hay mucho bicho, no se ha podido controlar, ahí están las hojas están puro huequitos y sigo perdiendo. Los precios están bajos, no cubren nada y esta campaña solo cubrirá la deuda, nomás”, señaló la agricultora.

En Cuatro Cañadas, Eimer Alanez, frente a la inminente perdida del 50% de sus cultivos, señaló que quiere otro tipo de soya que no deje entrar al gusano.  Pide que de una vez por todas se controle el precio ya que los industriales solo pagan entre 150 y 210 dólares frente a los 350 dólares de su precio de mercado.

La agroindustria plantea recurrir a la biotecnología. Los pequeños productores sugieren liberar las exportaciones y cortar su dependencia de las grandes empresas.

Semillas

Danilo Patriota, presidente de Totai, explicó que su factoría oferta novedades y lo mejor en semillas para soya, maíz y sorgo. Con los avances tecnológicos y maquinaria, sus productos alcanzan rendimientos de 2,5 toneladas por hectárea, en comparación a la soya del Brasil donde el rendimiento es de 5 toneladas por hectárea.

Totai, produce soya en verano y sorgo en invierno sembrando bajo una superficie de 2.500 hectáreas, con precios inferiores a los 300 dólares la tonelada. “En Bolivia existe contrabando de semilla y de grano que ingresan por la Argentina y es BT y nosotros no podemos sembrar maíz de ese tipo”, reclamó Patriota.

Todo un sistema integrado con maquinaria, tierra, experiencia e infraestructura, almacenamiento moderno y toda una tecnología de punta ofrece siete variedades de semillas, acompañado con asistencia técnica y capacitación.

Propiedad modelo

Manuel Pantoja presentó, en Cuatro Cañadas, la propiedad modelo de San Jorge donde se trabaja con la filosofía de un campo sostenible. “Somos agricultores hoy, mañana y para siempre” señaló a tiempo de mostrar un campo exitoso con soya, maíz y chía que rinden mejor gracias a la incursión de agricultura mecanizada, siembra directa y la rotación de cultivos.

Pese a los buenos resultados, los productores están conscientes de la urgencia de incursionar en la biotecnología para modificar algunas variedades y dar resistencia a ciertos fenómenos. “Es importante no solo analizar sino implementar las  nuevas  tecnologías  porque nuestros vecinos, con el mismo costo de producción y el mismo esfuerzo, producen más y mejor. Afuera, la producción llega a 10 toneladas de maíz por hectárea y nosotros producimos sólo tres toneladas. Unicamente usando biotec- nología podríamos triplicar nuestra producción”, remarcaron.

Además, los cultivos de maíz, sorgo son alimentos para ganado y para el sector avícola. La buena o mala producción repercutirá en el rendimiento de la producción avícola y ganadera. “Si nosotros podemos producir más maíz, más sorgo podríamos producir más alimentos para la ganadería, para el sector avícola y para la exportación con acceso a mercados internacionales”, destacó Pantoja.

Investigación

Tanto el Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) y como el Centro de Investigación de Transferencia Tecnológica de la Caña de Azúcar (CITTCA) contribuyen  a generar nuevas variedades de semilla y a mejorar la producción. El CIAT generó 120 variedades de semilla: 46 variedades de soya, 32 variedades de arroz, 22 variedades de trigo y 20 variedades de maíz. El CITTCA ofrece variedades más resistentes a las plagas.

El mandato

Los momentos críticos que enfrentó el sector agrícola a causa de los fenómenos naturales y biológicos requieren soluciones grandes que se inicien con el cumplimiento de responsabilidades y reglas. Mandatos que se resumen en las siguientes condiciones para el sector:

La actividad agrícola necesita de Seguridad Jurídica en cuento a la tenencia de la tierra, la titulación, la propiedad sin avasallamientos, eso es protección a la inversión. La producción requiere Seguridad de Mercado. Así como hay un precio justo para el consumidor debe haber un precio de garantía para el productor para ello es necesario la libre exportación.

El urgente la implementación de mecanismos que protejan la producción frente a los cambios climáticos.

Universalizar y agilizar la cobertura del Seguro Agrario. Eso se hace más necesario ante las pérdidas registradas en la campaña de invierno.

Es vital que el Estado a través de los di- ferentes niveles de gobierno, las universidades y el sector privado realicen investigación genética de OGMs y otras alternativas Además de dar respuesta al control de alimentos y semillas importadas.

La única forma  de controlar  alimentos y semillas de calidad es evitando el contrabando, para ello es necesario realizar campañas continuas que luchen contra la ilegalidad del ingreso de alimentos de manera subterránea y su comercialización.

Es imperioso no perder la competitividad de la producción agrícola interna, para ello es elemental el control de precios del pequeño productor al industrial. Deberá fijarse techos y pisos para que los costos de producción no sean un problema serio para el agricultor.

El precio de los productos deben asegurar la seguridad alimentaria dentro el mercado interno y es pertinente que los alimentos para ganado y el sector avícola deberán ser garantizados para que no afecte la canasta familiar.

Este modelo debe servir para toda la cadena de producción tanto en el oriente y en el occidente  de Bolivia,  asegurando mejor calidad de vida para todos los habitantes.

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