Viernes , 23 junio 2017
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China, el banquero de América Latina

China, a través de sus bancos estatales, se ha convertido en los últimos años en el principal financiador de América Latina con generosas líneas de crédito destinadas a variados proyectos de infraestructura.

Un reciente reporte del centro de estudios Diálogo Interamericano señala que el financiamiento otorgado por Eximbank y por el Banco de Desarrollo de China desde el año 2005 –cuando se inició este proceso- llega a 141.000 millones de dólares. La ralentización del crecimiento latinoamericano brinda a China la posibilidad de adquirir activos de bajo costo en sectores estratégicos, acota el documento.

A pesar de la desaceleración de la economía tanto en China como en Latinoamérica, el flujo de recursos de los bancos estatales chinos alcanzó en la gestión 2016 la cifra de 21.000 millones de dólares. Los créditos chinos se centraron en el desarrollo de infraestructura y la explotación de materias primas. Entre ellos destacan 2.200 millones de dólares para mejorar la capacidad de producción de la petrolera estatal PDVSA, 327 millones a Jamaica para la construcción de una red de carreteras.

El 71% de los recursos aprobados el año pasado correspondió a Brasil. La estatal Petrobras recibió la gran mayoría de la participación, a pesar de estar inmersa en un escándalo de corrupción. La cifra del 2016 supera el financiamiento conjunto otorgado a la región por el BID y el Banco Mundial.

El monto de 2016 es el tercero más alto del período, aunque el más elevado corresponde al ejercicio 2010 con 35.600 millones de dólares (25% del total). La mayor parte del financiamiento chino se orientó a las economías más frágiles de América Latina, que tienen un acceso relativamente limitado a los mercados de capitales. Brasil, Ecuador, Argentina y Venezuela concentran el 93% de los préstamos otorgados por China a la región en un total de 77 operaciones. Pese a ser un receptor primario de los préstamos de los bancos estatales, Argentina no recibió financiamiento en 2016.

Desde 2009, Bolivia recibió casi 3.500 millones de dólares en un total de 10 operaciones que abarcan desde la compra de un satélite, pasando por la compra de helicópteros y buses, siguiendo por proyectos de infraestructura y terminando en el tendido de gas natural. Bolivia recibió considerable atención de los bancos de política china en 2015 y 2016.

En 2015,  China anunció una línea de crédito  de 7.000 millones de dólares para Bolivia, que se extendió a 10.000 millones en 2016.

En octubre de 2016, durante la visita del ministro chino Wang Yi, China prometió la entrega de 4.800 millones de dólares destinados sobre todo a proyectos de infraestructura. De esas muchas propuestas anunciadas por las empresas chinas y el gobierno boliviano, recientemente se han materializado varios para proyectos para infraestructura económica y para proyectos viales. En 2016, China y Bolivia iniciaron operaciones trabajos en el proyecto de hierro y acero de El Mutún (Puerto Suárez) y de construcción de la central hidroeléctrica Rositas en la provincia cruceña de Cordillera.

Estos préstamos suelen estar estrechamente vinculados a la  contratación de empresas chinas o a la adquisición de insumos y equipos que tienen origen en el gigante asiático. Las principales chinas con mayor presencia son China National Petroleum Corporation, Sinohydro, China Three Gorges Corporation y Sinosteel.

Mientras los bancos comerciales buscan diversificar su presencia en América Latina, es probable que los  préstamos  de los bancos estatales permanezcan concentrados en un puñado de países: Brasil, Ecuador  y  Venezuela,  Argentina  y Bolivia. Estas naciones son ricas en recursos naturales, están alentadas por impulsar grandes proyectos de infraestructura respaldados por China y algunos de ellos tienen grandes mercados internos. El reto para los gobiernos latinoamericanos será proponer acuerdos económicamente favorables y ambientalmente sostenibles.

Este financiamiento enfrenta riesgos para la misma China. Se ha orientado a sectores que enfrentan conflictos sociales y problemas ambientales y a países frágiles, lo que podría complicar su repago en el futuro.

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