Viernes , 23 junio 2017
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El sector del lujo se aprieta el cinturón

La naturaleza te da la cara que tienes a los 20 años. Depende de ti merecer la cara que tienes a los 50”. Esta frase, atribuida a Coco Chanel, se puede aplicar perfectamente al imperio que la diseñadora francesa ayudó a cimentar. Como si de un regalo de la naturaleza se tratase, a finales de los años noventa una serie de factores económicos y políticos abrieron las puertas del mercado del lujo a un nuevo grupo de consumidores que se sumaron a él con la fe del converso.

Durante años, con solo encender la luz de las tiendas, a Louis Vuitton, TAG Heuer, Ralph Lauren, Hugo Boss o Tiffany, entre otras  grandes marcas, les quitaban los productos de las manos. Los días de vino y rosas, sin embargo, se han acabado y en los últimos años el ritmo en el crecimiento de las ventas se ha desacelerado notablemente. A partir de ahora ya no hay ese viento de cola y cada compañía va a tener que trabajarse su futuro, tal y como auguraba Chanel. Está en juego un negocio que mueve cada año más que el PIB de España y que genera decenas de miles de puestos de trabajo.

“El mercado mundial de artículos de lujo se enfrenta a la primera crisis estructural de su historia tras 10 años de crecimiento. Hay una ‘nueva normalidad’ en el sector, con un crecimiento de entre el 2% y el 5% anual frente al ritmo del 10% de  la última década”, advierten los expertos de The Boston Consulting Group (BCG) en un informe elaborado junto con AllianceBernstein.

El sector de grandes marcas es muy heterogéneo. En 2016 el segmento que tuvo un crecimiento mayor fue el de coches de lujo (8%). También registraron un comportamiento relativamente bueno los hoteles de alta gama, cruceros, productos de belleza, bebidas y alimentación. Empero, el corazón del negocio, los bienes personales de lujo (ropa, bolsos, zapatos, joyería y relojería), tuvo una evolución plana y hasta negativa teniendo en cuenta los tipos de cambio.

“Es el tercer año consecutivo con un crecimiento muy modesto y representa un nuevo entorno en el que las compañías de lujo ya no se benefician de un mercado favorable y de un gasto sin freno de los consumidores. El Brexit, las elecciones en USA y el terrorismo han generado una gran incertidumbre, erosionando la confianza del consumidor”, argumentan desde Bain & Company.

Más allá de los factores puntuales que azotaron al negocio, los analistas advierten que los problemas “no son cíclicos, sino estructurales”.

El primero tiene que ver con China. Los consumidores de este país son responsables de entre el 30% y el 35% de las ventas anuales que genera la industria del lujo. El temido aterrizaje forzoso de China no se ha producido, pero su creci- miento ya no tiene el ritmo frenético de hace un lustro.

“Gran parte de la demanda viene de China y la desaceleración de su economía se deja sentir. Se está notando, especialmente en segmentos como los relojes y las joyas, la campaña contra la corrupción emprendida por el Gobierno de Pekín. Antes era bastante habitual sobornar a funcionarios con regalos caros para lograr contratos”, señala Beatriz Catalán, gestora de Ibercaja. La industria del lujo depende en gran medida del denominado “turismo de compras”.  Por  eso  la   concatenación de atentados, principalmente en París, la meca de las marcas, es un duro golpe para el sector. “La llegada de turistas chinos a Francia y Alemania en el tercer trimestre de 2016 cayó un 34% y un 17% en tasa interanual, lo que se ha trasladado a las ventas tanto en las tiendas urbanas como en los comercios libres de impuestos”, señala Francesca di Pasquantonio, analista de Deutsche Bank.

El mercado mundial de artículos de lujo  se  enfrenta a la primera crisis estructural de su historia tras 10 años de crecimiento.

Paralelamente, el volumen de compras de artículos de lujo en China en 2016 superó en cinco puntos porcentuales las adquisiciones efectuadas en el exterior, la primera vez que esto ocurre desde 2001. “Hay una redistribución del mercado, un cambio de tendencia en las pautas de consumo de los chinos que hay que tener en cuenta”, dice Arantxa Piñeiro, de Banco Sabadell.

Si se comparan los obstáculos a los que se enfrenta el sector del lujo con las crisis recientes de otras industrias como la financiera o la inmobiliaria,  el  resultado parece un juego de niños. Empero, la reconversión siempre es más compleja en aquellos negocios que solo han vivido días de gloria. Los virus atacan con más saña cuando no se han desarrollado previamente anticuerpos.

Entre 1994 y 2007 el 87% de las compañías de este negocio fue  capaz  de  crecer, y más de la mitad lo hizo a tasas superiores al 10%; por el contrario, el pasado año, menos del 50% de las empresas mejoró sus ventas, y solo el 14% lo hizo a un ritmo de doble dígito.

Si hubiese que apostar por un ganador, todo el mundo señalaría a LVMH. La presencia global y su diversificación en marcas y productos le hacen más resistente al nuevo entorno. Sin embargo, su presidente y máximo accionista, Bernard Arnault, lanzó un mensaje conservador en la reciente reunión con analistas para presentarles las cuentas de 2016. “Soy muy prudente respecto a 2017. Nuestras tiendas están llenas, pero creo que debemos estar extremadamente vigilantes  porque, por experiencia, cada año que nos encontramos en esta situación, el balance final del ejercicio no suele ser bueno”, reconoció.

Tomado de El País

 

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