Domingo , 19 febrero 2017
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Turismo: ticket al progreso

La industria del turismo tiene en Bolivia el potencial de convertirse en una actividad que contribuya de manera significativa al desarrollo y a la diversificación de la economía, tal cual sucede en otros países como México y España, por ejemplo, donde se erige en motor de la economía, llegando a constituir una importante fuente de divisas y empleo.

Bolivia cuenta con incontables atractivos naturales, culturales e históricos que pueden ser aprovechados  en la medida en que se definan políticas que conjuguen  esfuerzos públicos y privados.                                     

El Plan Nacional de Turismo 2015-2020, Agenda Turística  al  2025,  Construyendo  el  futuro de Bolivia, “Bolivia te  espera” (PLANTUR), ha   definido los lineamientos  de  la  política  gubernamental para el desarrollo del sector, postulando dos metas específicas: triplicar los ingresos de divisas por  concepto de turismo   y lograr que el gasto medio de   los turistas suba de  51  a  125  dólares diarios, como  ocurre en  Perú Brasil o Chile. Para llegar a las metas señaladas PLANTUR   propone el desarrollo del  turismo comunitario.    

Además de  las  alianzas público-privadas, es  necesario asumir otras tareas. Que el Estado focalice sus gastos e inversiones en turismo en aquellos sitios o regiones donde sea económica y socialmente más rentable hacerlo. Mejorar los aspectos que hacen al país poco competitivo, particularmente en infraestructura. Que se certifiquen los servicios al turismo en toda su cadena de valor. Analizar la posibilidad  de encarar una reforma en el sistema tributario que se aplica al sector. Incorporar a la actividad turística los avances tecnológicos, la innovación y la digitalización.

Los conceptos anotados corresponden a un documento de trabajo preparado por el economista Fernando Candia con el título de “Turismo: ¿un pasaje al progreso?” y que contiene información de diferentes fuentes para mostrar las potencialidades y limitaciones de la actividad turística en  Bolivia.

Bolivia tiene importantes recursos naturales, culturales que se contraponen a la escasa difusión de su oferta turística.

Industria turística

Es importante hacer algunas anotaciones sobre la importancia que ha adquirido la  industria turística en la economía mundial. El número de viajeros en el mundo pasó de 25 millones a mediados del siglo XX a 1.186 millones en 2015. Según la Organización Mundial de Turismo (OMT), las actividades directa e indirectamente relacionadas con el turismo generan el 10% de toda la producción de bienes y servicios en el mundo y que una persona de cada once empleadas, trabaja para el turismo.

Los flujos de dinero que los turistas movilizaron en 2015, equivalen al 7% del total de las exportaciones de servicios globales, un valor que equivale a movilizar un promedio de 4 millardos de dólares por  día.

La mitad de todo el turismo mundial se dirige a Europa y una cuarta parte al Asia. América del Sur capta apenas el 2.6% del turismo mundial. Brasil, Argentina, Chile y Perú son los destinos preferidos en Sudamérica y captan dos terceras partes de todo el turismo que se dirige a región. Bolivia recibe el 3% del turismo sudamericano.

La OMT estima que hacia el año 2030 el número de turistas en el mundo llegará a 1.800 millones y que las economías emergentes recibirán el 57% de ese flujo (57%). La participación de Sudamérica subiría de 2.6% en 2015 a 3.2% en 2030. La región seguirá representando un porcentaje reducido del turismo global, aunque las cifras parecen indicar que el mayor ritmo de crecimiento se dará en el siguiente quinquenio.

Contexto boliviano

La información estadística sobre el sector turismo en Bolivia es débil. La OMT reporta que, en 2015, el ingreso de divisas al país por este concepto fue de 711 millones de dólares, un monto equivalente al 8% del total de exportaciones de bienes. El empleo, directo e indirecto, en el sector, se estima en 266.000 personas.

En 2007, la Comunidad Andina de Naciones, calculó en 3,7%  el  aporte,  directo e indirecto del turismo al PIB boliviano. La contribución promedio del sector turismo al PIB en el mundo, supera con creces este porcentaje lo que indicaría que Bolivia tiene un amplio margen para potenciar la “industria sin chimeneas”.

La encuesta de Gasto de Turismo Receptor del INE (2014) indica que el gasto promedio de los turistas extranjeros en Bolivia alcanza a 61,5 dólares diarios. Europeos y asiáticos tienen un promedio de gastos más alto, aunque se mantiene por debajo de los 100 dólares. Se estima que la duración media de cada estadía en el país es de 12 días. La mayor cantidad de turistas proviene de los países vecinos: Perú (27%), Argentina (21%),   Chile   (10%),  Brasil (9%).

El 60% de los viajeros que visita el país lo  hace  por vacaciones,  recreación u ocio y un 19% para visitar familiares y amigos. Los viajes por negocios representan el 5,8%. La  Paz  y  Santa Cruz, son los principales destinos turísticos urbanos, mientras que Uyuni lo es en el área rural.

El medio de transporte más utilizado por los extranjeros que visitan Bolivia es el terrestre, aunque en los últimos años el ritmo de crecimiento de los pasajeros que llegan por vía aérea ha ido en incremento, superando incluso a otros medios de transporte.

Competitividad

El autor recurre al Índice de Competitividad en Viajes y Turismo del Foro Económico Mundial, que mide los factores que más contribuyen el buen desempeño del sector, para  examinar las condiciones que rodean el desenvolvimiento de esa actividad  en  Bolivia.  Dicho Indice incluye cuatro grandes categorías: Ambiente propicio, Políticas y condiciones para su desarrollo, Infraestructura y Recursos Naturales y culturales.

En la versión 2015, Bolivia ocupa el puesto 100 entre 141 países, con 3.29 puntos, lo que muestra que las condiciones que  ofrece el país para  el  desarrollo de este sector son todavía menores a las del promedio mundial y regional.

Brasil ofrece las mejores condiciones al turismo por sus recursos naturales y culturales, sobresale por su oferta cultural y en su capacidad instalada para ser  el centro de convenciones de negocios y, encabeza a la región en cuanto a la infraestructura transporte aéreo nacional e internacional.

En los catorce subíndices que componen el índice de la competitividad  en  viajes y turismo, Bolivia tiene puntuaciones que están por debajo del promedio de la región en trece de ellos y solo sobresale en uno, el de competitividad en precios. Allí resaltan el precio de la gasolina que está entre los más baratos del mundo y el bajo costo de vida.

La fortaleza de Bolivia radica   en   su   dotación de recursos naturales (es el quinto país del mundo con mayor biodiversidad)  y  en la riqueza de su patrimonio cultural, sin embargo, esto se contrapone la escasa difusión de la oferta turística. También ocupa posiciones rezagadas en la valoración de su ambiente de negocios y en la priorización del turismo dentro de sus políticas públicas. En términos de la infraestructura de transporte aéreo y terrestre, la mala calidad de los aeropuertos y de las carreteras son una desventaja para el turismo.

Bolivia es un país seguro en términos generales, aunque tiene mucho por mejorar, en salud e higiene. Las variables peor valoradas para Bolivia son el escaso acceso a servicios básicos sanitarios y al agua  potable. La ausencia de estos dos elementos determina condiciones de riesgo a la salud de los turistas y es motivo de que malas experiencias se difundan en  desmedro del número de futuros visitantes al país.

Los   aspectos  descritos pueden ser útiles para orientar esfuerzos públicos y privados hacia el desarrollo de la industria del turismo en el país.

Los recursos naturales y su patrimonio cultural son las fortalezas del turismo en Bolivia. Pero tiene desventajas en infraestructura e higiene. Hay competitividad en precios.

Recomendaciones

La competitividad en la industria turística no es una tarea exclusiva del Estado, sino que también depende mucho del aporte de los actores privados, por lo que es necesario buscar los mecanismos que permitan el concurso de ambos sectores, insiste el autor.

La comprensión cabal de los determinantes del turismo en una economía permitirá elegir los varios instrumentos de política pública para desarrollar este sector y asignar los escasos recursos estatales allá donde tengan el mejor retorno económico y social frente a otras necesidades de gasto e inversión.

Debe ponerse énfasis en la inversión pública para la dotación de una infraestructura que constituya un verdadero soporte al turismo: construcción de accesos por vía carretera, aérea o fluvial a los destinos turísticos. También será importante definir políticas en materia de impuestos para alentar el desarrollo del sector, como la aplicación de exenciones tributarias o la devolución del IVA en el momento de salida del turista del país. Un principio válido es que los impuestos al turismo más eficientes son aquellos que se cobran lo más cerca posible al destino y al propósito de la imposición tributaria. Los tributos que hoy se  aplican  tienen  finalidades puramente recaudatorias.

Un tema central es que el PLANTUR ha elegido al turismo comunitario como el eje del desarrollo del sector y como factor para erradicar la pobreza, para contribuir la sustentabilidad ambiental y la preservación y valorización del patrimonio cultural del país. Si bien hay destacadas iniciativas en turismo comunitario (51 emprendimientos en todo el país), es evidente que hay que encarar un esfuerzo enorme para ampliar la actual capacidad de hospedaje, para lo cual habrá que conjugar la intervención del sector privado con otras formas de operación tradicionales. Las modalidades de turismo de aventura y riesgo tienen enorme potencialidad.

La industria del turismo, al igual que todas las demás actividades económicas, debe ser revolucionada por los avances y las innovaciones tecnológicas. Integración de servicios en toda la cadena de valor. Es indispensable el desarrollo de plataformas que acerque al turista con los diversos servicios que requiera durante su estadía en el país: boletos de viaje, hoteles, hospedajes alternativos, servicios gastronómicos, de transporte, alquiler de vehículos, tours y otros. Aquí, el sector privado tiene mucho que aportar.

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