Domingo , 19 febrero 2017
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Los “cisnes negros” que asedian la economía global

La desigualdad económica, la pola­rización social y los crecientes peli­gros medioambientales son los tres principales “cisnes negros” que inci­dirán en los avances globales en la próxima década, según el  Informe de Riesgos Globales 2017 del  Foro Económico Mundial.

El concepto de “cisnes negros” fue acuñado por  el  financista-filósofo libanés-estadounidense Nassim Ni­cholas Taleb y hace referencia a su­cesos sorpresivos, no habituales, que llegarían a tener un impacto extre­mo con importantes consecuencias y que si bien no puede ser predicho, cuando ocurre pensamos que lo “veíamos venir”.

El cambio climático es la tenden­cia subyacente número dos este año. Por primera vez, los cinco riesgos medioambientales de la encuesta se han clasificado como de alto riesgo y de alta probabilidad, con los fenóme­nos meteorológicos extremos emer­giendo como principal riesgo global.

Un grupo de riesgos interconectados relacionados con el medio ambiente -incluyendo fenómenos meteorológicos extremos, cambio climático  y crisis hídricas- ha  aparecido sistemáticamente entre los riesgos globales más altos de las siete ediciones anteriores del Informe Global de Riesgos.

Los riesgos relacionados con el medio ambiente se encuentran en el cuadrante de mayor impacto y ma­yor probabilidad. Las diez principa­ les interconexiones de riesgo en el estudio involucran riesgos ambien­tales, siendo los más citados la ” crisis de agua” y ” fallas de mitigación y adaptación al cambio climático”.

Esto demuestra que  el  mane­jo ineficaz de los “bienes comunes globales” -los océanos, la atmósfera y el sistema climático- puede tener consecuencias tanto locales como globales. Por ejemplo, los cambios en los patrones climáticos o las cri­sis hídricas pueden desencadenar o exacerbar riesgos geopolíticos y so­ciales como los conflictos internos o regionales y la migración involunta­ria, especialmente en zonas geopolí­ticamente  frágiles.

Durante 2016 se avanzó en el tra­tamiento de los riesgos climáticos y otros riesgos ambientales, lo que re­fleja la firme determinación interna­cional sobre la transición hacia una economía mundial con bajas emisiones de carbono y sobre la resistencia al cambio climático.

Según la encuesta, los riesgos más interconectados de este año son el alto desempleo estructural o subempleo y una profunda inestabi­lidad social.

El Informe de Riesgos Globales es elaborado en base a una consul­ta anual en la que participaron 750 expertos que evaluaron 30 riesgos globales, así como las tendencias subyacentes que podrían agravarlos o alterar sus interconexiones.

Se anota que  la  sociedad  no si­gue el ritmo del cambio tecnológico.De  las  12  tecnologías emergentes analizadas  en el  informe, los exper­tos han detectado que la inteligen­cia artificial  y la  robótica tienen el mayor  potencial  para ofrecer bene­ficios, pero también para provocar efectos negativos, por lo que se hace imprescindible una mejor regulación al respecto.

Se indica que, a pesar de los ni­veles sin precedentes de paz y pros­peridad global, en muchos  países ha surgido un estado de malestar económico que dio lugar a  posturas anti-establishment, populistas y re­acciones contra la globalización.

La debilidad  de  la recuperacióneconómica  tras  la  crisis financieramundial es parte de esta historia, pero impulsar el crecimiento por sí solo no remediaría las fracturas más profundas  de la  economía  polít ica

Es posible que se requiera reformas más fundamentales del capitalismo de mercado para hacer frente, sobre todo, a una aparente falta de soli­daridad entre los que están al tope de las distribuciones nacionales de ingresos y riqueza y los que están más abajo.

El hecho  de que los  principales la categoría económica (aumento de desafíos  clave  del  mundo  estén en la disparidad de ingresos y riqueza) exige una acción colaborativa por parte de los dirigentes mundiales para evitar mayores dificultades y volatilidad en la próxima década.

“Se requiere  que los líderes  to­men medidas urgentes para identifi­car formas de superar las diferencias políticas e ideológicas y que trabajen juntos para solucionar  problemas críticos. El impulso experimentado en 2016 para hacer frente al cambio climático demuestra que esto es posible y nos hace pensar que también podríamos conseguir una acción colectiva a nivel internacional para hacer frente a otros riesgos”, afirmó Margareta Drzeniek-Hanouz, directora  de competitividad y riesgos globales del Foro Económico Mundial. Cinco factores agravan el impac­to en los riesgos mundiales de la actual atmósfera geopolítica de cre­ciente competencia, pérdida de con­fianza y mayor sospecha. En primer lugar, la cooperación internacional está dando paso a enfoques unilate­rales o transaccionales de la política exterior, así como una serie de cues­tiones -como el crecimiento mundial, la deuda y el cambio climático- que exigen una acción colectiva urgente .

Si se les permite multiplicarse, estas cuestiones podrían generar una se­rie de nuevos problemas con costos que caen desproporcionadamente en comunidades frágiles.

En segundo lugar, la naturaleza interconectada del sistema mundial produce riesgos en cascada a nivel nacional. En Siria, por ejemplo, los fracasos de la gobernanza han pro­ducido conflictos civiles, impulsando la migración que transfiere las pre­siones económicas,  sociales  y políticas a países que ya experimentan frustraciones con bajo crecimiento y creciente desigualdad, alimentando la radicalización y los actos de vio­lencia.

El mundo necesita encarar la gestión tecnológica a través de una apropiada regulación.

En  tercer  lugar,  la disminución del  sentimiento de confianza  y de buena fe mutua en las relaciones internacionales hace más difícil conte­ner las presiones resultantes a través de la política interna. El clima actual de sospecha mutua puede exacerbar las tensiones políticas internas a tra­vés de acusaciones de actores exter­nos que interfieren para dar forma a las percepciones populares a través de  fuerzas  proxy,  manipulación delos medios de comunicación  o ame­naza de gestos militares.

En  cuarto  lugar,  la innovación tecnológica exacerba el riesgo de conflicto.  Una  nueva  carrera  ar­mamentista se está desarrollando en robótica  armada  e inteligencia artificial. El ciberespacio es ahora un dominio de conflicto, y el Árti­co y los océanos profundos se están abriendo por el acceso de los vehí­culos  de control  remoto. En cada caso, no  existe un sistema estable­cido para vigilar comportamientos responsables.

La investigación y el desarrollo de las tecnologías han adquirido  un “doble uso”, pues además del sector privado,  pueden  también  ser  em­pleados por una gama más amplia de actores estatales y no estatales. Por ejemplo, por el autoproclama­do  “Estado Islámico”  para entregar bombas en Siria. La tecnología de código abierto podría potencial­ mente crear armas biológicas de­vastadoras. Los métodos e institu­ciones existentes de lucha contra la proliferación no pueden impedir la difusión de tecnologías que existen en forma digital.

En quinto lugar, mientras los ries­gos se cruzan y las tecnologías se de­sarrollan rápidamente, con demasia­da frecuencia las instituciones para gobernar la seguridad internacional siguen  siendo  reactivas  y  de lento movimiento.

Las complejas transiciones que atraviesa el mundo actual, desde pre­pararse para un futuro con emisiones reducidas de carbono y un cambio tec­nológico sin precedentes hasta las nue­vas realidades económicas y geopolíticas globales, hacen aún más necesario que los dirigentes practiquen el pensamiento, la inversión y la cooperación internacional a largo plazo.

Se menciona la posibilidad de que la Cuarta Revolución Industrial acentúe  los riesgos globales. Basando su análisis en 12 tecnologías emergentes diferentes, los expertos identificaron claramente la inteligencia artificial y la robótica como las áreas con un ma­yor potencial de consecuencias nega­tivas y mayor necesidad de una mejor regulación. A pesar de su potencial para impulsar el crecimiento econó­mico y resolver problemas complejos, los expertos también las mencionaron a esas tecnologías como las mayores impulsoras de riesgos económicos, geopolíticos y tecnológicos.

John Drzik, presidente de riesgos globales y especialidades de Marsh, afirma: “La Inteligencia Artificial tie­ne potencial para generar importan­tes beneficios en los sectores de fa­bricación y transporte a través de los servicios financieros y del cuidado de la salud. Sin embargo, una mayor de­pendencia de la Inteligencia Artificial creará nuevas amenazas y agravará 

las ya existentes, como la cibernéti­ca o la inestabilidad social. Todo ello hará crucial que la práctica de Gober­nanza del Riesgo sea desarrollada a la vez en las organizaciones” .

“Vivimos en tiempos disruptivos,en  los  que el  progreso tecnológico también genera desafíos. Sin una adecuada regulación y reciclaje de los trabajadores, la tecnología des­truirá más empleos de los que puede crear.  Los gobiernos ya no  pueden ofrecer los mismos niveles de protección social que  antes y  la narrativa antisistema ha arraigado  con fuerza, con la aparición de líderes polí­ticos que culpan a la globalización de los desafíos a los que se enfrenta la   sociedad,  creando un  círculo vicioso  mediante  el  cual  un   menor crecimiento económico solo puede aumentar la desigualdad. La coo­peración es esencial para evitar un deterioro aún mayor de las finanzas gubernamentales y  una intensifica­ción de la tensión social”, declara Cecilia Reyes, Chief Risk Officer de Zurich lnsurance Group.

Por tercer año consecutivo, el In­forme de Riesgos Globales también aporta datos sobre cómo las empre­sas perciben los riesgos globales en sus respectivos países. 

 

 

 

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