Domingo , 19 febrero 2017
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Menor crecimiento y regulación debilitan perspectivas

 

La desaceleración del crecimiento económico, la disminución de los ingresos fiscales originados en las exportaciones de gas, y las regulaciones referidas a topes tasas de interés (por debajo de las tasas de mercado) así como la asignación de cartera a sectores prioritarios son los elementos que enrare­cerán el clima de operación de la banca boliviana según el último reporte de la Calificadora de RiesgoMoody’s.

La entidad prevé que esos elementos aumentarán los riesgos sobre los activos y ocasionarán una disminución de la rentabi­lidad y el deterioro de algunos indicadores como el índice de morosidad, por lo que asigna una perspectiva negativa para el sistema bancario boliviano .

El documento de referencia hace notar que las condiciones de funcionamiento donde opera la banca boliviana se están debilitando. Bolivia (Ba3 negativo) depende en gran medida de las exportaciones de gas natural y los persistentes bajos precios mundiales de hidrocarburos han dejado a la economía cada vez más dependiente del gasto público y la inversión es­tatal, lo que aumenta los riesgos económicos para los bancos.

Moody ‘s pronostica un crecimiento del 4% para este año, por encima del crecimiento promedio de la mayor parte de los países de América Latina, dicha tasa se coloca por debajo de la tasa promedio de crecimiento de 5,3% que   Bolivia registró en el período 2006 y 2015.

Los bancos bolivianos enfrentan riesgos derivados de la gran dependencia del país de las exportaciones de hidrocarburos. Aunque la economía boliviana continúa creciendo a un ritmo más rá­pido que el de sus pares latinoamericanos, el crecimiento se ha moderado por la caída de los precios mundiales del gas natural, la principal ex­portación del país. Se estima que la debilidad de la activi­dad económica en Argentina y Brasil, principales socios co­merciales de Bolivia, podría generar efectos negativos en la economía boliviana .

La ralentización de la eco­nomía ha provocado que el ritmo decrecimiento general  de los préstamos disminu­ya ligeramente, pasando de 19% en 2013 a 17% en 2015.

Otro factor que podría complicar las operaciones bancarias es la aplicación de la nueva Ley de Servicios  Fi­nancieros y que ha derivado en la aprobación de topes de tasas de interés y en la obli­gatoriedad de asignar présta­mos al sector productivo y de vivienda social.

Esta normativa ha impul­sado una intensa competen­cia por prestatarios de alta calidad, llevando a algunos bancos a comenzar a  pres­tar a clientes más riesgosos, mientras  reducen  la  oferta de crédito a los prestatarios en otros sectores de la econo­mía. Esta constatación podría derivar en el deterioro de los ratios  de  morosidad  de  los   bancos, aunque el sistema cuenta con suficiente cobertura para mitigar los riesgos  de los activos.

Para cumplir con los man ­ datos de préstamos en 2018, los bancos también tendrán que asumir nuevas exposicio­nes, lo que inevitablemente incluirá préstamos a prestatarios de menor calidad, en algunos casos en segmentos de mercado donde los ban­cos tienen una experiencia li­mitada. El mayor riesgo es el incremento de la mora.

Aunque el índice de mo­rosidad del sistema sigue siendo uno de los más bajos de América Latina, la medi­ción de la calidad de los ac­tivos se ha deteriorado como resultado de la desacelera­ción de la expansión econó­mica de Bolivia.

Las condiciones de funcionamiento donde opera la banca boliviana se están debilitando, lo que aumenta los riesgos para las entidades .

Se prevé que los coefi­cientes de capital de los ban­cos bolivianos comenzarán a disminuir en la medida en la caída de sus ingresos limite su capacidad para reponer el ca­pital consumido por el rápido crecimiento de los préstamos . El aumento de los préstamos obligatorios será un obstácu­lo  para la rentabilidad .

Se pronostica que las condiciones de liquidez no se verán severamente afectadas ya que aunque la cartera con­tinúa en expansión, los ban­cos continuarán beneficián­dose del acceso a depósitos en moneda local, debido al proceso de bolivianización, lo que afortunadamente limita los riesgos cambiarios. Los activos líquidos seguirán siendo altos en comparación con los sistemas financieros de otros países.

Dado que el 85% de todas las ganancias la banca se origina  en  los ingresos por  los intereses de sus préstamos, el sistema tiene una li­mitada flexibilidad para au­mentar los ingresos a través de otras fuentes.

“El retorno sobre los acti­vos (ROA) del sistema ya está por debajo del promedio la­tinoamericano, de 1,2%, y esperamos que caiga al 0,9% para fines de 2017”, subraya el documento.

Moody’s confía en que el Estado boliviano pueda acu­dir en socorro de los bancos ante cualquier eventualidad crítica, pero advierte que la capacidad de ese apoyo po­dría reducirse en caso de que se deteriore la situación fiscal del gobierno por la caída de los ingresos de gas natural o continúa la acelerada dismi­nución de las reservas internacionales del país, lo que aumenta la exposición del país a los shocks externos.

Los bancos bolivianos verán también aumentar  a la carga tributaria sobre sus espaldas debido a mayores impuestos  a la renta sobre el sector financiero. Además están ahora obligados  a recapitalizar al menos la mitad de sus ingresos netos. Si bien esto tendrá un impacto posi­tivo en los niveles de capita­lización en el sistema,podría limitar la disposición de los accionistas a proporcionar ca­pital adicional si es necesario. Los bancos bolivianos es­tán adaptando sus  modelos de negocio para cumplir con las restricciones de tasas de interés y los objetivos de préstamos establecidos en la ley de servicios financieros. 

 

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