Viernes , 23 junio 2017
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Otro año más de contracción

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El PIB de América Latina y el Caribe en 2016 disminuyó un 1,1%, lo que se tradujo en una reducción del 2,2% del PIB por habitante de la región. Esta tasa negativa de crecimiento del PIB representa la continuación del proceso de desaceleración y contracción de la actividad económica en que ha estado inmersa la región desde 2011.

Según el balance regional de la CEPAL, América del Sur será la subregión más afectada, con una caída de 2,4% (-1,7% en 2015), mientras que el Caribe se contraerá 1,7% y Centroamérica tendrá un crecimiento positivo de 3,6%.

La disminución del dinamismo de la actividad económica regional en 2016 obedece fa la reducción del crecimiento que presentan la mayoría de las economías de América del Sur y la contracción de algunas de ellas como Argentina (-2%), Brasil (-3,6%), Ecuador (-2%)  y Venezuela (-9,7%).

Se explica que el débil desempeño económico de la región fue consecuencia principalmente de la fuerte caída de la inversión y del consumo.

A nivel de la región en su conjunto, se estima que en 2016 la demanda interna disminuyó (-2,0%), como resultado de una contracción de todos sus componentes, el consumo privado (-0,9%), el consumo público (-1,0%) y la formación bruta de capital fijo (-6,8%).

Por su parte, debido a la caída de la demanda interna, las importaciones disminuyeron en torno al 3%, realizando un aporte positivo al crecimiento del producto. “Estamos  en  un  punto  de  inflexión. América Latina y el Caribe volverá a crecer pero de manera moderada y sin motores claros que la impulsen. Su recuperación será frágil mientras  se mantengan  las  incertidumbres  del  contexto  económico, en particular las tendencias proteccionistas recientemente observadas”, declaró Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL. Sin embargo, el organismo mostró su optimismo respecto al 2017 ya que proyecta para la región latinoamericana un modesto crecimiento de 1,3% y de 0,9% para América del Sur.

Sobre Bolivia se señala que “la economía muestra un crecimiento del 4,0% del PIB, uno de los más altos de la región, basado principalmente en la inversión pública y en una política monetaria contracíclica que compensó el débil desempeño del comercio externo, afectado principalmente por los menores términos de intercambio que enfrenta el país”.

“Los ahorros que el país acumuló durante el superciclo de los precios de las materias primas han permitido financiar el déficit fiscal. Sin embargo, se hace necesario que se desarrollen proyectos de inversión que diversifiquen y potencien la matriz de ingresos públicos, de otro modo, el ambicioso programa de inversión se podría ver afectado en el futuro”, subraya el documento.

Se indica que, en 2017, “el crecimiento en Bolivia se podría ver afectado por restricciones presupuestarias que podrían condicionar de alguna manera el consumo y la inversión pública, que han sido dos pilares de la economía boliviana”.

Las autoridades proyectaron para  2017  un  déficit fiscal de 7,8% del PIB, como resultado de una alta inversión pública, que se financiaría con el ahorro de años anteriores y financiamiento externo.

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