Viernes , 20 octubre 2017
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2016: un año de desaceleración

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La economía en Bolivia se desaceleró en 2016, aunque afortunadamente no al punto de generar todavía una crisis, como sucedió en otras naciones de la región. En una economía como la boliviana, enormemente dependiente de los ingresos que genera la exportación de las materias primas, sobre todo de gas, la caída de sus precios representó un se- vero golpe.

Concluyó así una prolongada coyuntura favorable que se había extendido a lo largo de casi una década, en la cual los precios de los commodities alcanzaron cotizaciones sin precedentes.

La merma en los ingresos y la falta de iniciativas para generar otras fuentes de recursos encendieron las luces de alerta de las Calificadoras de Riesgo. Moody’s puso en negativa la perspectiva de la calificación boliviana, mientras que Fitch la rebajó un escalón.

Por fortuna, el shock externo no pasó a mayores. La economía boliviana ha generado suficiente ahorro como para encarar este tipo de turbulencias. El volumen de reservas internacionales que ha acumulado le proporciona cierto margen de maniobra, aunque los espacios de reacción son cada vez más estrechos. El tiempo apremia, pues la economía mundial no está proporcionando mayores señales de certidumbre.

En esa perspectiva, hay algunos asuntos básicos que debieran encararse. Un ajuste fiscal que permita la optimización del gasto público y una mejor asignación de la inversión pública. Una depreciación cambiaria para alinear el tipo de cambio interno con el tipo de cambio de nuestros socios comerciales. La generación de ingresos adicionales al margen de los hidrocarburos. Un serio análisis de la política de endeudamiento externo. La construcción de mayores espacios para la participación del sector privado en la economía.

ine-3La economía boliviana viene arrastrando varios problemas desde hace años atrás, postergando inexplicablemente las decisiones de solución. Si los conductores de la economía nacional no hacen frente a un ajuste ordenado y oportuno, será el mercado el que se encargue de hacerlo y probablemente a mayores costos.

Tal fue el diagnóstico y las conclusiones del encuentro que sostuvo el equipo de prensa de Nueva Economía con un selecto grupo de economistas del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (INESAD) para evaluar el desempeño de la economía boliviana en 2016.

Cuatro Doctores en Economía le tomaron el pulso a las cifras bolivianas. Ellos son Car- los Gustavo Machicado, Director Ejecutivo de INESAD, Doctor en Economía e investigador senior. Luis Carlos Jemio, Doctor en Desarrollo Económico, investigador senior y ex ministro de Finanzas. Beatriz Muriel, Doc- tora y Máster en Economía, investigadora senior de INESAD y Boris Branisa, Doctor en Economía e investigador senior.

El INESAD es un think tank boliviano especializado en investigaciones económicas y sociales orientadas a elevar la calidad de las políticas públicas.

 

Un escenario con indicadores fiscales en rojo, déficit en balanza de pagos y tipo de cambio fijo es altamente riesgoso.

Efectos

Los principales efectos macroeconómicos de la merma de los ingresos provocada por la baja de precios se manifestaron en un menor crecimiento del producto, un déficit externo en la cuenta corriente de la balanza de pagos y un importante déficit fiscal. Estos dos últimos indicadores habían presentado superávit durante varios años, cuando la dinámica de los precios lucía favorable.

La ralentización de la economía es evidente también en la microeconomía. Los trabajadores ya no recibirán este año su segundo aguinaldo, por lo tanto el motor de la demanda interna bajará su intensidad. La mora del sistema financiero registra un ligero incremento como resultado de que los prestatarios de algunos sectores están enfrentando problemas para cumplir con el repago de sus créditos.Para evitar que la economía se resintiera aún más por la disminución de los ingresos, el gobierno recurrió a las reservas internacionales, las que han presentado en el último año una acelerada reducción y ha elevado también el ritmo de endeudamiento externo. Además, el tipo de cambio fijo estimula las importaciones y resta competitividad a la industria nacional.

Los sectores informales sienten los efectos de la disminución de ingresos por una menor actividad económica y se advierte una leve expansión en la tasa de desempleo y en los índices de pobreza monetaria.

Sin embargo, el panorama futuro no parece ser tan sombrío como se perfilaba a inicios de año. Los precios de las materias primas se están recuperando. El petróleo podría estabilizarse en un nivel cercano a 50 dólares por barril tras el acuerdo suscrito por los productores.

A esa recuperación parecen estar apostando los conductores de la economía boliviana, tal como sucedió también en el año 2009. Sin embargo, la estrategia es muy osada, porque no hay ninguna certeza sobre tal evolución y más bien muchos analistas se inclinan por pensar que el período de bajos precios será también prolongado. Además, el arribo a la Casa Blanca de Donald Trump, con un marcado sesgo anti comercio, genera incertidumbre, pues de materializar el discurso   de su campaña electoral, los efectos sobre la economía mundial podrían ser severos, incluso para países como Bolivia que no dependen comercialmente de Estados Unidos, como sucede, con México.

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