Lunes , 11 diciembre 2017
Inicio / Negocios / Economía boliviana: el escenario de los negocios

Economía boliviana: el escenario de los negocios

Factores económicos,  políticos  medioambientales configuran el mapa de riesgos de la  economía boliviana  a la hora de encarar los negocios y, si  bien en   algún momento podrían  desalentar  a los  agentes económicos, también pueden convertirse en  oportunidades de las  que se podría sacar el máximo provecho, si es que entendemos,   como  los chinos, que toda circunstancia adversa encierra en  sí misma un  desafío y una  oportunidad.

Economía

Si  bien la  economía ha registrado una envidiable  estabilidad y  una prudente conducción macroeconómica, sus problemas estructurales no han  podido ser solucionados, por  lo que  representan un factor de riesgo. El principal de ellos es que se ha hecho más dependiente  de las  materias  primas, gracias al  ciclo   de auge de los  precios.

Las  exportaciones  tradicionales (minería, hidrocarburos) dominan mayoritariamente el comercio exterior, habiéndose revertido una relación que en la década pasada era favorable a las ventas no tradiciones, que incorporaban  valor agregado  y  generaban empleo.

“En 2000,  las exportaciones de Bolivia representaban apenas 18% del  PIB, pero en 2012 alcanzaron un máximo de 47%, y  estaban fuertemente concentradas en  minerales e hidrocarburos (81% de las exportaciones totales en 2014)”, señala un especialista del  FMI en documento de reciente publicación.

Tal   dependencia  proporciona un toque de elevada fragilidad a la economía boliviana, pues la expone a los vaivenes de los  precios internacionales caracterizados por ciclos  de altas y bajas que, en algunos períodos, se  prolongan en el  tiempo. La excesiva  dependencia  de una sola fuente de ingresos tienen  sus consecuencias en  los asignaciones regionales  y  su  disminución puede ser  factor de conflictos sociales con universidades, municipios y gobernaciones).

La baja de ingresos en 30% de las  exportaciones, la  disminución de los  recursos del IDH  y  la reducción de las  reservas representan una alerta sobre un escenario que para el  2016 y  las  gestiones venideras se antoja  mucho más complejo en  materia  de  precios internacionales de las  materias primas y particularmente del   petróleo.

El estudio del   Reporte Global de  Riesgos del   2016, en  el  capítulo  referido a  los   riesgos  que se   perciben  en  Bolivia para  los negocios alude en este acápite a una potencial crisis  fiscal por la caída de los  ingresos.

La desaceleración de  precios no se  limita al  petróleo  sino que afecta a la  gran  mayoría de los precios de los  commodities, muchos de los cuales se  ven afectados  también por el  contrabando.

La  economía nacional es  también dependiente de los  insumos importados, lo  que  crea vulnerabilidades para la  producción nacional y  reduce la  magnitud del multiplicador de  las  inversiones. Esto  es válido no sólo para las importaciones de bienes de capital y  de  insumos intermedios,  sino para todo tipo de productos, incluyendo algunos de  origen  vegetal.

El  desafío de  esa   dependencia  es  la industrialización, la  generación de valor agregado y   la incorporación de tecnología. Los nuevos negocios no  están  en  el subsuelo sino en “la  nube”.

Un  tema de actual preocupación está referido al tipo de cambio que permanece inamovible  desde hace 4  años. Si bien es cierto que el  tipo de cambio fijo proporciona   cierta  certidumbre a los  agentes  económicos y  que ha anclado la  inflación a niveles bajos,   también  es  evidente que desprotege al  mercado  interno  y estimula  las   importaciones,  mucho más cuando la mayoría de los países de la  región han devaluado sus monedas. Es así que la economía se  ve  inundada de productos  de origen brasileño, peruano o argentino.

Otra de las   características  de la  economía  boliviana es  su  elevado grado de informalidad que se  estima alcanza a un 70%. Ese es  el  motor de la  economía, pero se  trata de un motor frágil, pese a su  pujanza y creatividad. El emprendedor carece de mecanismos de financiamiento y de las  herramientas necesarias para potenciar su actividad. No es innovador y se limita a replicar lo  que ya  existe.

En las empresas formales, la carga tributaria representa un factor de riesgo. Aunque la  normativa que regula la  tributación no ha cambiado sustancialmente, en la  práctica se  aplican disposiciones que representan una carga onerosa  sobre  algunos  sectores. Es el  caso de la  banca a la  que en los últimos años  se  le  ha eleva- do la  presión impositiva hasta el 66%. Detrás de ellos parece sub- yacer la valoración negativa de la legítima obtención de ganancias.

A esto debe sumarse el trabajo de fiscalización de la  administración tributaria  que  se  ha intensificado en el  último tiempo con sanciones desproporcionadas a los  contribuyentes, como si el  fisco  estuviera desesperado de obtener recaudaciones, a cualquier costo.  Sin  embargo, no se  mide con  la   misma vara  a  todos  los agentes económicos, pues el  contrabando campea impunemente.

Los  costos laborales  son   otra piedra en el  camino de los  negocios. Los elevados incrementos salariales de los  últimos años, así como los   pagos del   doble aguinaldo representan una   carga adicional sobre las empresas, desanimándolas a reclutar más personal, lo  que incide en la  calidad de  la   oferta  laboral, estimulando más bien la  informalidad. Sin embargo, el  mismo FMI reconoce que  estos aumentos  contribuyeron a reducir la  desigualdad de los   ingresos.

En  la  otra cara de la  medalla, aparece el  problema del   desempleo, muy ligado a la  economía informal. Trabajadores  por cuenta propia o dependientes sin  seguridad social de corto plazo, sin aportes para su  jubilación y  con salarios incluso por debajo del mínimo. Condiciones que se  aplican no sólo en el  sector privado, sino  también  –paradójicamente- en el  público que pregona mejores  condiciones laborales.

Junto a lo  señalado, es  justo mencionar la  gran calidad de la mano de obra nacional. La habilidad de los  artesanos y su  dedicación, factores ambos ampliamente reconocidos sobre todo en los países donde hay migrantes bolivianos.

Si  bien  el   sistema  financiero ha mantenido su  salud y  solvencia,  las  normas de asignación de cupos de cartera y de fijación de tasas de interés han proporcionado un factor de inquietud que podría  ensombrecer  los   escenarios  de crédito.

Todos   estos  factores  inciden en la  competitividad de la  economía, mucho más si a lo ya descrito se añaden los problemas burocráticos, la  falta de legislaciones apropiadas y  los mecanismos apropiados para el  cumplimiento de las  leyes. En fin,  la  carencia de seguridad jurídica.

Para cerrar el  capítulo económico, hay que mencionar la  débil integración de  nuestro mercado a los  mercados internacionales. El último informe Merco daba cuenta  que  entre  las   200   empresas más relevantes de América Latina no hay una sola boliviana, pese a los  esfuerzos de muchas de ellas para exportar.

Social

En  lo  social hay que ponderar los  avances registrados en cuanto a la  reducción de la  pobreza  y de la  desigualdad  social, factores que neutralizan las  presiones sociales, pero  hay  todavía  un  largo  camino para  consolidar esos avances, para evitar que vuelvan a la  pobreza quienes salieron de esa  situación.

Política

En  el   ámbito  político, el   referendo para la modificación constitucional que  permita  una segunda reelección del  presidente y  vicepresidente ha desatado pugnas  políticas que  aparentemente   estaban   superadas.  Se han  reposicionado los  comentarios  racistas, los  juicios políticos, los  insultos y  diatribas contra el adversario político e  incluso las advertencias  sobre  el   retorno a los   escenarios de  conflicto que caracterizaban  la   vida  nacional al  concluir la  primera década de este siglo.

Esto   no  revela otra  cosa que una  aparente  estabilidad política,   generando  temores  sobre la gobernabilidad futura. Ese  es  un factor que preocupa a los  agentes económicos a la hora de hacer negocios.

La  victoria  del   SI  en el   referendo  no  alteraría el   panorama presente, a lo  más lo  exacerbaría pues el partido de gobierno se sentiría estimulado a  demostrar su  poder. El  triunfo del   NO  desataría pugnas internas al  interior del   MAS  para escoger el  liderazgo  que  suceda a  Evo   Morales. Obligaría también a la  oposición a diseñar un proyecto alternativo y también a catapultar su liderazgo, todavía difuso. En  ambos casos  la  aceleraría la  inversión pública con  el  objetivo de mostrar logros que permitan cosechar votos  en 2019.

Pero tal  vez   el  factor que se revela más preocupante  es  el  de la  corrupción  que pareciera haber adquirido un cariz institucionalizado. El caso del   Fondo Indígena  aparece  como el   pico  del iceberg, pues la  frecuencia con la que  aparecen nuevas denuncias, pareciera mostrar que el  manejo discrecional de los  fondos públicos  es  moneda común y atraviesa transversalmente a  todo el  apa- rato  estatal,   particularmente a las empresas estratégicas que manejan ingentes recursos.

La  conducción de  este escándalo muestra la  escasa voluntad gubernamental  por resolver el asunto,  pues más allá del   discurso  oficial de que no se  protegerá a nadie, hasta la  fecha no se ha convocado a declarar ante los tribunales a  los   principales  responsables de esa  institución. Más aún,  se   ha tratado  de justificar ese  escándalo con argumentos de corte  racista y  minimizándose el monto, como si el  número de millones malversados marcara una sustancial diferencia en la calidad de los  corruptos.

Lo que está detrás de eso  es  la debilidad institucional. Un Estado carente  de  mecanismos de  con- trol y de fiscalización. Una justicia tuerta,  que  cuela los mosquitos de la oposición, pero que se traga el  camello del  oficialismo.

La  cooptación de los  sectores sociales,  del   aparato  estatal, de los   poderes  del   Estado  y  hasta de la  misma prensa,  por parte el aparato gubernamental, debilitan la  institucionalidad de la  democracia, ha denunciado recientemente el   mismo  Defensor  del Pueblo.

Medioambiente

La preservación del  medio ambiente, la  adaptación al  cambio  climático son  también riesgos que  representan  un  reto  para los   agentes  económicos. La  última Conferencia  Mundial  sobre el   Cambio  Climático  (COP  21)   y la  misma encíclica del  papa Francisco  (Laudato Si) han alertado sobre la  responsabilidad de la  sociedad frente a los  desastres eco- lógicos  y  sobre  la   necesidad  de crear conciencia respecto a ello.

La virtual   desaparición   del lago Poopó y la reducción del caudal de las  aguas de las  lagunas  de colores, en la  frontera con Chile, un importante  destino turístico, son  asuntos preocupantes que nos  deberían llevar a cuestionar  sobre cómo nuestros  estilos de vida –personal e institucional- contribuyen a esos resultados. Cuestionamientos sobre el ahorro de energía, aprovechamiento de agua, el  uso  de papel y de bolsas plásticas, así  como sobre el  tipo de tecnología que se  emplea.

Surgen aquí  retos para negocios  de reciclaje o tratamiento  de desechos.

El recurrente Fenómeno de El Niño con sus  efectos de sequía e inundaciones, tienen también un mensaje para los  agentes económicos, pues  sus  consecuencias generan pérdidas económicas y dañan las  inversiones.

El  tema  pone  asimismo en cuestión algunas decisiones de política como la exploración y explotación de áreas protegidas o el  tendido de carreteras a través de Parques Nacionales bajo el  argumento de un supuesto desarrollo  o del  aprovechamiento de las materias primas.

La  “Madre Tierra”  debe  pasar de  ser   un concepto romántico a convertirse en una verdadera política de respeto a la  biodiversidad  y traducirse en  conductas concretas de protección a nuestro entorno.

acerca nuevaeconomia

Podría interesarle

Empresas comprometidas a impulsar el emprendimiento

Hace más de un año, Nueva Empresa lanzó el Programa E-100 con el objetivo de …