Viernes , 20 octubre 2017
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Transición demográfica y desarrollo económico

El mundo está experimentando un gran cambio poblacional que  no sólo  plantea varios retos, sino  que  ofrece al mismo tiempo oportunidades para  reducir  la pobreza y garantizar una distribución más equitativa de las rentas, si se adoptan las políticas adecuadas. La demografía mundial se encuentra en un punto de  inflexión: la población crece  a un ritmo mucho más  lento, pero también envejece a una  velocidad sin precedentes.

Hay una heterogeneidad significativa entre los distintos países ya que mientras algunos siguen teniendo poblaciones jóvenes y en crecimiento, en particular aquellos en los que se concentra la pobreza a nivel  mundial, otros están envejeciendo, especialmente los países de renta alta y media.

Durante el último cuarto de  siglo,  más de mil millones de personas salieron de la pobreza extrema, sin embargo, una décima parte de la población mundial continúa viviendo con menos de dos dólares al día, lo que muestra la enorme tarea que queda pendiente. Las políticas deben enfocarse a  atender a  los  más pobres de entre los pobres.

Las estrategias para acabar con  la pobreza de  manera sostenible y promover la prosperidad compartida deben tener en cuenta la demografía, al mismo tiempo que los países promueven  un  crecimiento de  base amplia, invierten en  desarrollo humano y diseñan mecanismos de  protección contra los  riesgos que suelen afectar sobre todo a los pobres (seguros sociales o seguros contra desastres naturales).

Así lo establece un informe del Banco  Mundial denominado “Los objetivos de  desarrollo en  una era  de  cambio demográfico”,  el primero sobre la demografía mundial que publica ese organismo desde 1984, y que da cuenta de un cambio en la trayectoria de  las tendencias demográficas y en  la manera en  que un mundo cada vez más globalizado valora la importancia de la demografía para el desarrollo.

Durante los últimos 15 años, la humanidad tuvo por  norte los “Objetivos de  Desarrollo del  Milenio (ODM)”,  mientras que ahora está en fase de transición hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un  nuevo conjunto de  metas mundiales que engloban las prioridades  económicas, sociales y medioambientales hasta el 2030.

Independientemente de  la fase  de  desarrollo demográfico en que cada país se encuentre, esa diversidad presenta oportu- nidades y desafíos únicos para los países epicentro de la pobreza mundial y aquellos que son  motores del  crecimiento mundial. Los cambios demográficos pueden impulsar el  crecimiento y acelerar el desarrollo local.

Los gobiernos con  poblaciones jóvenes pueden  maximizar los beneficios de la demografía invirtiendo en salud y educación para sacar  el máximo partido de  las habilidades y las perspectivas laborales futuras de  sus jóvenes, así como un  mayor empoderamiento de las mujeres.

Por  su parte, los países cuyas  poblaciones están envejeciendo deben consolidar sus ganancias económicas impulsando la  productividad y fortaleciendo las redes de  seguridad social  y  otros  sistemas de  protección  social para proteger a las personas mayores.

El estudio señala que los países pueden obtener un  primer dividendo demográfico cuando  crece  la proporción de  mano de  obra en  el conjunto de la población nacional, constituyéndose en un poderoso acelerador del crecimiento.  A medida que los cambios en  la estructura de  edades expanden la producción y los recursos, es posible obtener un segundo dividendo al acumularse el ahorro y aumentar la inversión.

Así, el documento establece cuatro tipos de países. Aquellos que se están quedando atrás en  su desarrollo y cuentan con  tasas de  fertilidad elevadas están clasificados como países en  la etapa previa al dividendo demográfico. Ellos  se beneficiarían de  la mejora de  la atención sanitaria y la educación, de la reducción de las tasas de  fertilidad y de  la aceleración de  la transición a una proporción mayor de  sus poblaciones en edad de trabajar.

Los países en  la etapa inicial  del  dividendo demográfico, como Bolivia,  que ya han experimentado una caída de  su  tasa de  fertilidad pero  que  aún  tienen  poblaciones jóvenes, podrían beneficiarse de  la  aceleración de  la creación de  empleo. El aumento de  la  mano de  obra y el crecimiento están vinculados: un incremento porcentual de  un  punto en  la población en  edad de  trabajar puede traducirse en  un  aumento del PIB per  cápita de  hasta 2 puntos porcentuales, como señala el informe.

La humanidad experimenta un cambio demográfico que  puede ser  aprovechado para  encarar el desarrollo.

DEMO 7En los países en la etapa avanzada del dividendo demográfico cuya proporción de población  en  edad de  trabajar está disminuyendo, el dinamismo económico está en riesgo de decaer. En ellos, los gobiernos deben fomentar el ahorro para hacer posible la inversión productiva, la participación de la mujer en el mercado laboral y el fortalecimiento de  los sistemas de protección social.

El comercio puede reducir la pobreza al acelerar el crecimiento,  diversificar la economía y aportar mayor estabilidad macroeconómica. Puede también facilitar las  transferencias de tecnología impulsando la productividad y el crecimiento.

En los países en la etapa previa al dividendo demográfico y en los que están en la etapa inicial, las medidas adicionales de  facilitación del comercio pueden contribuir a su ventaja comparativa en productos intensivos en mano de obra y ayudar  a crear empleo.

Los flujos  migratorios internacionales pueden mitigar el descenso del porcentaje de población en edad de trabajar en los países que están envejeciendo.

La demografía puede aumentar la demanda de flujos  de capital internacional. El facilitamiento de  tales flujos  permitiría  a los países jóvenes y con abundancia de mano de obra. Los flujos  de capital podrían generar un aumento de la productividad laboral y de  los salarios, contribuyendo a un  crecimiento más rápido en los países jóvenes y con abundancia de mano de obra.

Mejorar la calidad institucional y desarrollar el sector financiero  atraerá flujos  de capital a los países en la etapa previa al dividendo demográfico y los que están en la etapa inicial.

Bolivia

Bolivia está clasificada como un  país  en  etapa inicial  del dividendo demográfico (early  dividend). Está  en  un  buen momento en  la transición demográfica, con  oportunidades de  crecimiento y aumento del  ahorro en  un  contexto  en  el que crece  la población en edad de trabajar.

Los países en  la etapa inicial  del  dividendo demográfico son en  su mayoría países de  renta media que han superado la transición de fertilidad. Las tasas de fertilidad han descendido a menos de  cuatro nacimientos por  mujer y la proporción de población en edad de trabajar está aumentando.

Estos países necesitan centrarse en  obtener el primer dividendo demográfico (aumento del número de trabajadores en la economía) y poner los cimientos para hacer realidad el segundo dividendo demográfico. El desafío es crear puestos de trabajo productivos para población en edad de trabajar en aumento a fin de cosechar el primer dividendo demográfico.

En Bolivia,  la tasa de  fertilidad se ha  reducido mucho desde la última generación: de  5,09 hijos  por  mujer (1985- 1990)  a 2,83 hijos  por  mujer (2015-2020). La población en edad de  trabajar  (entre 15  y 64  años) sigue aumentando:  de   54.4% (1990)  a  61.1% (2015)  y alcanzará el 65.2% (2050).  La población infantil (0-14 años) bajó de  41.3% en 1990  a 32.4% en  2015  y llegará a 22.4% (2050).  La  población  de  ancianos (+65 años) crece  de  4.4%   (1990)  a 6.5% (2015) y a 12.4% (2050).

Los países en la etapa posterior al dividendo demográfico, como Japón, que se caracterizan por  su mano de obra en descenso y su número creciente de  ancianos, harían bien en  llevar  a cabo reformas en  salud y pensiones y ejecutar medidas adicionales para aumentar la participación y la productividad de sus trabajadores.

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