Domingo , 19 noviembre 2017
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Libertad por Excelencia

Un ventrílocuo mete la mano por detrás para pretender que habla su muñeco. La ilusión, le confiere al ventrílocuo derecho a tener la primera, segunda y última palabra. No tiene sentido hacerle preguntas a una marioneta, porque su boca se mueve al compás del pensamiento ajeno. Pero el truco es tan real, que pareciera, que el títere tiene voluntad propia. Si en una mala jugarreta del destino tuviésemos que debatir con un títere, algo de las intenciones ocultas podremos dilucidar de sus respuestas. Escuchar lo que puede decir una marioneta, es mejor que quedarse en el absoluto silencio de la oscuridad mental.

Durante las varias dictaduras militares, Bolivia seguía siendo llamada una “República”, aunque en realidad vivíamos bajo el peso del fusil. Durante los años de las dictaduras de derecha no tuvimos derecho a siquiera chistear. Si una nueva dictadura de izquierda llegase a cambiarle a Bolivia el nombre, o empezara a desmantelar la democracia, sería manifestación de gran involución de nuestro pueblo, si de entrada nos sentimos derrotados. No pudieron contener nuestro espíritu republicano con tanquetas y torturas, ¿lograron derrotarlo con semántica?

El pueblo boliviano ha ganado la libertad de despreciar sus libertades. Si no tenemos apetito de conocimiento y confiamos ciegamente en las recetas que nos venden los poderosos, esa es una opción legítima que nadie nos puede negar. El hecho que seamos libres de indagar sobre la naturaleza de las cosas, no quiere decir que estemos obligados a tener la mínima curiosidad de hacerlo. El pueblo se ha quedado impávido ante un Gobierno dedicado a avanzar una agenda política, un lujo que le permite la bonanza económica del año pasado. La caída en los precios de las materias primas y nuestra endeble capacidad de exportar siquiera gas, nos colocan en ruta a un bache económico, mientras nuestros mandatarios están enfrascados en una guerra de consignas con quien se cruza en su proyecto hegemónico. Sin recursos intelectuales para entender el atolladero, con una economía personal que de “muy pobre”, lo peor que le puede pasar al individuo, es ahora ser 10% más pobre que el año pasado, no debe sorprender a nadie, si el pueblo no siente la necesidad de escuchar a los candidatos a la Presidencia contestar preguntas. Si ser pobre es la condición natural del pueblo, quedar en el analfabetismo político es también un derecho que nos imponemos sin saberlo.

Cantos de sirena

La mayor tiranía no la impone un Gobierno; la mayor tiranía es la que impone la ignorancia. Los casos de comunidades esclavizadas por el canto de sirena de un supuesto redentor son varios, el más célebre, tal vez, el de Jim Jones en Guyana. El ser humano es cada vez menos propenso a caer en la telaraña de carismáticos charlatanes que embaucan – con las mejores intenciones – a inmolarse en vida a sus insospechados feligreses.

No es por maldad que los profetas encausan a sus pueblos hacia la auto-destrucción. Si el profeta dirige al rebaño hacia el abismo, es porque realmente cree que si sigue dando pasos en la dirección equivocada, un milagro ha de elevarlos a todos aquellos que ciegamente obedecen sus dictados. Pero incluso un registro histórico de miles de casos no evitan que todos los días miles de almas, buscando redención, se conviertan en títeres de premisas que han demostrado ser contraproducentes a sus más nobles intenciones. Ignorar las lecciones del pasado – bajo la excusa o promesa de una fe ciega – es una opción que asumen millones de individuos cansados de una vida sin sentido.

Despreciar el debate político es también una opción. Al pueblo se lo ha avasallado precisamente bajo el yugo de la ignorancia. El trabajo difícil es sacudirnos la apatía, asumir responsabilidad por el pasado y educarnos sobre el valor de la iniciativa personal. En el pasado, ese derecho a auto-superarse fue recinto exclusivo de élites, cuya mejor carrera hacia la prosperidad era mediante la metástasis de grupitos de poder, cuya única misión era meterse la mayor cantidad de monedas en el bolsillo. A los poderosos de ayer no les importó un rábano crear una simbiosis entre la educación, superación individual, igualdad y justicia.

No a la mediocridad

Superar el letargo intelectual y las corruptas dinámicas psicológicas que nos hacen prisioneros de una mediocridad es un trabajo que ha de tomar siquiera 20 años. Esa discusión nunca fue incentivada en nuestro entorno político en el pasado, ni será una discusión que estamos dispuestos a sostener hoy; si acaso porque dejaría en claro el abandono intelectual al que fue sometido el pueblo boliviano. La discusión sobre cómo rescatar a la juventud de las garras de la mediocridad se reiniciará algún día, en el seno de futuras generaciones, que discutirán sobre el futuro de nuestros bisnietos. Y si bien el modelo cubano de adoctrinar, premiando a maestros que cumplen sus “misiones”, de crear siervos del Estado convencidos en que algún día llegará la redención a su pobreza seguramente será aquí replicado.

En Cuba esperaron medio siglo para que por fin caigan los frutos de la revolución. Con la inexorable apertura comercial de Cuba e implícito reconocimiento de una obstinada aplicación de políticas basadas en premisas incorrectas, una nueva generación de cubanos podrá por fin demostrar al mundo sus verdaderas capacidades. Esa experiencia está muy cerca de convertirse en “evidente”, incluso ante los ojos de los más fieles y abnegados feligreses que siguen esperando el milagro.

Conocimiento

El conocimiento es la libertad por excelencia. No obstante, nadie, puede ser obligado a buscar la excelencia intelectual. Es muy posible que la ignorancia siga siendo explotada y manipulada durante otros 20 años. Pero si no pudieron someter al pueblo con fusiles, mucho menos podrán insultar indefinidamente la inteligencia colectiva. Si por el momento ha sido posible – gracias a que las estrellas se han alineado para crear la ilusión de una reivindicación sobre la base del racismo y mediocridad – ir en contrasentido del resto del planeta, el truco que la coyuntura hizo posible ni siquiera las profecías mayas del 2012 lograrán sostener durante tiempo indefinido.

El trabajo de debatir y presentar premisas coherentes es un proyecto amargo, que no reditúa en el corto plazo otras cosas que no sean frustración y cansancio. Tal vez sea demasiado ambicioso pedirles a nuestros líderes políticos el mínimo pundonor de darse la molestia de inducir un verdadero debate. El único debate que les interesa es aquel que puede redituarle los votos que se traducen en poder personal. El debate será una crítica a la gestión inexistente de un Gobierno que ha perdido nuestro tiempo en una permanente campaña proselitista.

Discutir temas de fondo, como ser el equilibrio entre la iniciativa personal y la solidaridad colectiva, han de seguir siendo debates marginales entre académicos y estudiantes marginados. La buena noticia es que – paso a paso – un conocimiento más integral y menos dogmatico se ha de ir gestando. Vivimos en un mundo, en el cual es prácticamente imposible contener el ímpetu de la información. Si bien es cierto que con la ignorancia nos traen sugestionados, con modelos importados, que no son la solución; para crear títeres hay que meterle al pueblo la mano por detrás, o por lo menos meterle unas monedas en el bolsillo. Con tanta ignorancia no tendrán la capacidad de seguir metiéndonos durante mucho tiempo ninguna de las dos. Lo único que han de lograr en el largo plazo es seguir metiéndonos la mano en el bolsillo.

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