Domingo , 19 noviembre 2017
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La región le pone el pecho a la crisis

El Índice de Clima Económico señala que América Latina habría entrado en una fase de recesión desde octubre pasado.

Con un amplio abanico de medidas fiscales, monetarias, cambiarias, sectoriales y sociales han reaccionado los países de América Latina frente al potencial impacto de la crisis económica internacional, a sabiendas de que -pese a estar mejor preparados que en anteriores ocasiones- la región no saldrá del todo ilesa de la actual turbulencia económica.

Aunque los gobiernos minimizaron inicialmente el impacto de la crisis con el argumento del “blindaje económico”, conforme se agravaba la situación internacional se impuso el realismo y se definieron políticas para frenar la reducción del crecimiento regional.

La variedad de medidas e instrumentos adoptados responde a la realidad económica específica de cada país, unos están más expuestos que otros a la economía internacional, unos tienen mayor dependencia de los precios de las materias primas, del financiamiento externo o de los mercados de capitales, otros tienen mayor disponibilidad de recursos para financiar sus iniciativas.

El menú de medidas anticrisis incluye un sustantivo aumento en el gasto público, especialmente el destinado a inversiones en infraestructura, liberación de recursos para dar liquidez al mercado, incentivos para mantener el consumo, líneas de crédito para los exportadores, postergación del cobro de impuestos, restricción de importaciones, programas de subsidios focalizados y planes para estimular el empleo y la inversión.

Hay datos preocupantes. El Índice de Clima Económico (ICE) de América Latina -del Instituto alemán Ifo y la Fundación Getulio Vargas (FGV) de Brasil- señala que América Latina habría entrado en una fase de recesión desde octubre pasado. Los resultados agregados muestran que la economía regional se encuentra en fase de declive y que su clima económico es el peor en 19 años.

La crisis se deja sentir en la contracción de los mercados de exportación, el deterioro de los términos del intercambio, las dificultades para acceder al financiamiento internacional y en las fuertes presiones sobre los mercados de cambios por salidas de capitales. A eso se suman las expectativas negativas que inciden en el deterioro del mercado laboral y en la disminución de la inversión y del consumo.Sin embargo, queda en evidencia que lo hecho hasta ahora representa un conjunto de esfuerzos individuales de cada país y se echa de menos alguna iniciativa regional conjunta porque una crisis global debe ser encarada con estrategias también globales.

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