Miércoles , 13 diciembre 2017
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Un atajo a la competitividad

Como resultado de los efectos en el cambio climático, la crisis alimentaria, la dinámica excesiva de consumo a nivel mundial y otros factores asociados a los hábitos de un alto porcentaje de la población mundial, ha surgido un “consumidor consciente”, que demanda productos sustentables y marcas que denotan responsabilidad social y ambiental. Existe información abundante que muestra que esta tendencia se acentuará en los próximos años y que la misma está en su fase inicial. De hecho, la semana anterior fue presentado por la representante residente del PNUD en Bolivia el estudio La Otra Frontera: Usos alternativos de recursos naturales en Bolivia. En este estudio se plantea una economía alternativa que tiene base en la gestión de servicios ambientales, el manejo forestal sostenible, la aplicación de tecnologías de desarrollo limpio, el biocomercio, el comercio orgánico y el ecoturismo, como fuentes de creación de empleo, protección del medio ambiente y conservación de la biodiversidad.

Las tendencias en ciertos segmentos de consumo del mundo desarrollado plantean claramente una oportunidad para aquellos países como Bolivia, fundamentalmente porque muchos de sus productos responden a las principales preocupaciones del “consumidor consciente”: son orgánicos, producidos de manera amigable con el medio ambiente y socialmente responsables. Por otra parte, los productos contienen otros atributos: saberes tradicionales y un alto valor intrínseco de las materias primas. Este grupo de productos bolivianos, responden ampliamente a los atributos (tangibles e intangibles) que hoy valora el consumidor y por los que estaría dispuesto a pagar un precio mayor.

Existen ejemplos incipientes pero reveladores de productos y servicios, que a pesar de la ausencia de condiciones mínimas de competitividad en el sentido tradicional del término, se están posicionando exitosamente (competitivamente) en estos nichos de mercado de alto valor y de demanda inelástica. Es el caso de “El CEIBO”, que hoy produce un chocolate capaz de comercializarse en el mercado gourmet más exigente y competir con chocolates suizos de primer nivel, pues pone en evidencia como el posicionamiento de la marca a través de una historia que acompaña a su producto, un proceso productivo distinto, que busca preservar el medio ambiente, respetar las formas tradicionales de gobiernos cooperativos, y, principalmente preservar sus hábitos y costumbres permite la inserción de estos productos en nichos específicos de mercado.

Asimismo, esta oportunidad representa también la posibilidad de lograr avanzar en superar la pobreza a través de un camino alternativo factible de transitarlo en un tiempo razonable. En contraposición, resulta poco probable que en un horizonte de 20 a 30 años se puedan generar las condiciones de infraestructura, de educación, de desarrollo de instituciones y de inversión mínimas que permitan impulsar una producción competitiva bajo estándares internacionales, en el sentido tradicional del término.

Lo anterior, sin embargo, no sería factible si no se avanza claramente en una política de apertura y consolidación de mercados internacionales. Si el actual gobierno continúa con la política de “ideologizar” el comercio, estaríamos perdiendo la oportunidad de transitar hacia el camino de la competitividad por un “atajo” que además represente la construcción de una identidad productiva que nos una y nos movilice hacia un futuro mejor. Los mercados del mundo hoy nos abren las puertas para lograr transitar por ese camino. No podemos hacerle un quite a la competitividad, al desarrollo y al progreso de millones de bolivianos que están apostando por la actividad productiva en el país.

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