Martes , 20 febrero 2018
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Reevaluando ¿El pico del litio o el litio en abundancia?*

Tal como el Sr. Evans sugiere (Véase Lithium Reserve Rebuttal – “Refutación de las reservas de litio”), mi preferencia por las cifras de Don Garrett no estaba aparentemente justificada. En mi defensa sólo puedo decir que esto tuvo que ver con mi limitado entendimiento de un tema más bien ajeno a mi profesión. En todo caso, luego de leer la nueva versión de "e;The Trouble with Lithium"e; (“El problema con el litio”) de William Tahil que incluye sus más recientes estimaciones de recursos de litio, reservas recuperables y carbonato de litio de grado químico potencial hasta 2020, me asalta una duda respecto al verdadero valor de los datos de Evans. Parecería que las cifras de reservas de hace 30 años a las que hace referencia habrían sido ahora seriamente cuestionadas. Sospecho que tendrá que dedicar algún tiempo a responder a este nuevo ataque, aunque el campo de batalla podría no ser solamente geológico. Todo indica ahora que éste se relaciona también con la temática minera. En la medida en que me declaro un neófito en ambas materias, por el momento, al menos hasta que las víctimas de Tahil reaccionen de su reciente golpe, renunciaré a hacer mayores comentarios sobre ellas. Sí debo puntualizar algo, sin embargo, respecto a la cifra de demanda actual de litio proveniente del Servicio Geológico de los Estados Unidos (SGEU). Evans sostiene que este dato “incluye los tonelajes de litio contenido en yacimientos y concentrados de yacimientos vendidos a las industrias del vidrio y la cerámica y por tanto no tiene nada que ver con la demanda química”. Si es así, me pregunto por qué en el resumen de su trabajo él compara específicamente este dato con las reservas totales de litio equivalente (o carbonato de litio), así como con las reservas totales de litio (o carbonato de litio) en operaciones activas o propuestas, incluyendo en cada caso el litio proveniente de yacimientos mineralizados, salmueras y hectoritas. Para ser correcto, en consecuencia, Evans podría haber comparado sus 16.000 toneladas de litio con los 20.1 millones de toneladas de litio equivalente (aproximadamente 152 millones de toneladas de carbonato de litio) a ser extraídos solamente de salmueras y hectoritas. Un último comentario concierne al acuerdo de Evans con las dos deficiencias en el enfoque de Tahil que identifiqué en mi anterior artículo titulado “El pico del litio o el litio en abundancia” (Véase http://www.evworld.com/article.cfm?storyid=1466). Aquí, él erróneamente se refiere a “otros comentaristas” como los autores de la idea de que la adopción de baterías de litio será gradual y que los grandes descubrimientos de baterías podrían resultar en un menor uso del litio y por tanto en baterías más livianas.

En su nueva versión de “El problema con el litio”, Tahil se refiere solamente una vez a mi artículo para poner en duda la intención de Bolivia de producir 1.000 toneladas de litio por mes empezando en 2013 y no precisamente para responder a mis comentarios. Sin embargo, en un correo electrónico enviado a Bill Moore (el editor de evworld.com), a otros y a mí el 15 de junio de 2008, enfatiza que se requiere 1,4 kg de carbonato de litio por cada kWh de capacidad de batería y que la noción de que 0,44 ó 0,46 kg de carbonato de litio por kWH es suficiente asume un nivel de eficiencia (83%) inalcanzable y que por esa razón “constituye una falsedad”. Por tanto, Tahil toca aquí, aunque levemente, mi segundo punto de crítica y me da la oportunidad de responder. Pero, antes de proceder a hacerlo, permítame el lector regresar primero a las nuevas estimaciones de reservas de Tahil que me han parecido realmente asombrosas.

En suma, él argumenta que una “consideración más cuidadosa del Salar de Atacama y el Salar de Uyuni muestra que las reservas recuperables de litio del mundo se encuentran solamente en el orden de los 4 millones de toneladas”. Esta estimación de reservas disminuye substancialmente las cifras previamente conocidas. Esto se hace más evidente en el caso de Atacama donde las cifras de reservas base1 y reservas2 proporcionadas por el SGEU son reducidas de 3 millones de toneladas a 1 millón de toneladas de contenido de litio. Tahil aquí parece sugerir que lo que el SGEU denomina reserva base y/o reservas en el Salar de Atacama, debería considerarse como recursos3.

Es más, en la página 18 de su artículo, Tahil define recursos como “la cantidad de metal que se establece que está geológicamente presente” y reservas como “cuánto de esos recursos en el sitio puede uno realísticamente extraer y producir”. Me pregunto qué tendrá que decir el SGEU acerca de estas “nuevas” definiciones.

Tahil luego sigue el mismo enfoque para bajar la reserva base del Salar de Uyuni. Él argumenta que las cifras establecidas por Evans (5,5MT), fuentes bolivianas y otras (9MT) o el SGEU (5,4MT) corresponden “al recurso total de metal de litio que se estima que contiene el Salar, no reservas recuperables”. Luego de explicar por qué el Salar de Uyuni, a pesar de ser el depósito de litio más grande en tamaño absoluto, no es el depósito más grande de litio en el mundo en términos de su contenido de litio económicamente recuperable, Tahil concluye que “la reserva real explotable está por tanto en el orden de 300,000 toneladas de litio, no varios millones de toneladas”. Los siguientes factores describen el argumento de Tahil. Primero, el Salar de Uyuni tiene una alta relación Magnesio-Litio de 18.6 a 1, tres veces más que el Salar de Atacama, lo que hace más difícil la producción de litio. Segundo, la concentración de litio varía extensamente en diferentes partes del lago de sal y el área de densidad más alta de litio (por encima de 1.000ppm) constituye una pequeña superficie (280Km2) en el sudeste donde el Río Grande penetra el salar, mientras que el núcleo central de halite (i.e. roca de sal) del Salar de Atacama es 1.000-1.400 Km2 en área. Tercero, la evaporación solar en Uyuni es 1.500 mm por año, menos del 50% de la tasa en el Salar de Atacama, lo que nuevamente hace que la extracción y producción de litio sea más costosa. Y cuarto, debido a que la salmuera que contiene la capa de halite de litio en el Salar de Uyuni “es solamente 11 metros espesa en el lugar de mayor espesor y solamente 2 metros a 5 metros espesa en el área de mayor concentración de litio” en lugar de 35 metros como en el Salar de Atacama, la cantidad “de litio disponible por unidad de superficie es mucho más baja” y se requiere “un área a ser explotada mucho mayor para una producción de litio equivalente”.

Con base en las anteriores consideraciones, Tahil sostiene que “es altamente improbable que nada que se parezca a 60.000 toneladas por año de carbonato de litio equivalente será producido del Salar Uyuni en 2013” y que “una estimación más realista sería 10.000 toneladas por año a partir del 2015 y 30.000 toneladas por año en el 2020”. Toda vez que esta argumentación cuestiona severamente el proyecto de Uyuni recientemente anunciado, aliento a las autoridades bolivianas a cargo de un emprendimiento tan crucial no sólo para el país sino para el mundo entero a responder cuanto antes.

Tahil nuevamente ha sorprendido al mundo. Pero existe todavía alguna razón para creer que sus predicciones deben ser tomadas con precaución. Esto me dirige otra vez a mis dos críticas originales de la versión 1 de “El problema con el litio” que parecen ser también relevantes para la versión 2 del artículo.

Para empezar, Tahil ataca la tecnología de baterías de litio sugiriendo en cambio otras baterías (i.e. ZnAir and Zebra NaNiCl / NaFeCl) como una solución más viable para la transición hacia la propulsión eléctrica en la industria automotriz global, siendo uno de sus argumentos que si la demanda de carbonato de litio desde el sector de electrónicos portátiles mantiene sus actuales tasas altas de crecimiento durante los próximos diez años, se presentará un intensa competencia entre este sector y la industria automotriz por la provisión de baterías de litio. En mi opinión, este conflicto tendrá que ser resuelto en el lugar del mercado. Dada la importancia de la industria automotriz en la economía global, es probable que la disputa por baterías de litio se resuelva a favor de esta industria.

En este sentido, el sector electrónico podría tener que recurrir a la clase de baterías que Tahil ha venido apoyando con tanto ahínco para los vehículos eléctricos hasta que se pueda abordar la supuesta escasez de litio con la ayuda -por supuesto- del desarrollo tecnológico. Si aquellas baterías son tan buenas, ¿por qué entonces no se pueden comercializar primero en el sector electrónico? Además, tal como mencioné en mi artículo original, durante la transición hacia la propulsión eléctrica el litio no estará solo en la energización de los nuevos “carros verdes”; muchas baterías antiguas son y todavía serán opciones viables y muchas más aparecerán para enfrentar este desafío. Algunos de mis comentaristas han sugerido incluso que probablemente no deberíamos ser tan optimistas acerca de la desaparición absoluta de la faz de la tierra de todos los vehículos a gasolina y a diesel (especialmente camiones) en la próxima década o algo parecido, tal como Tahil parece insinuar. En este contexto, he argumentado que el litio tomará control del mercado de la energía solamente de una manera gradual en el curso de los próximos 20 años más o menos como un factor clave del nuevo paradigma tecno-económico en el mundo; hasta entonces muchas tecnologías de energía coexistirán. Por tanto, de alguna manera, Tahil parece perderse aquí completamente la película de la tecnología.

Esto me manda directamente a mi segunda crítica de Tahil, vale decir que a medida que se produzcan significativos avances en las tecnologías de baterías se requerirá una cantidad cada vez menor de litio para activar vehículos eléctricos. Tal como mencioné más arriba, Tahil ha argumentado que las actuales baterías de litio requieren 1,4 kg de carbonato de litio equivalente por 1kWh. Esto está basado en su propio supuesto de que “como regla, las baterías recargables obtienen cerca del 25% de la capacidad teórica del ánodo …”. En consecuencia, cualquier compañía de baterías que sostenga que puede obtener un 83% del equivalente electroquímico de litio ha hecho un deslumbrante descubrimiento que debería haber producido titulares en todo el mundo”. Pero, los descubrimientos tecnológicos de las tecnologías de baterías ya han llegado y seguirán llegando, especialmente desde el campo de la Nanotecnología. En efecto, investigadores del Massachussetts Institute of Technology (MIT) han reportado recientemente que usando “nanocables” (nanowires) en una batería de ión litio pueden incrementar dos o tres veces su densidad energética (Véase http://www.azonano.com/newsID=2108) y hace sólo unos cuantos meses otro grupo de investigadores en Stanford han descubierto que los “nanocables” pueden mantener 10 veces la carga de las actuales baterías de ión litio (Véase http://news-service.stanford.edu/news/2008/january9/nanowire-010908.html). Sólo me queda esperar que estos avances tecnológicos tiendan a reducir la cantidad de litio por kWh de capacidad de batería requerida.

Un último punto que deseo enfatizar en esta reevaluación se refiere a los principales factores que en mi opinión podrían determinar la adopción final de baterías de litio en carros eléctricos. En la jerga económica, esto se relaciona con las fuentes del cambio técnico o la innovación tecnológica. Resulta por demás decir que los tres factores que identifico y explico más abajo sólo pueden tomarse como parte de una lista más larga en proceso de elaboración. En este sentido, el primer factor es, por supuesto, el mercado. Los actuales niveles elevados de los precios del petróleo explican claramente por qué más y más consumidores están dispuestos a adoptar carros híbridos, híbridos enchufables y completamente eléctricos. El desarrollo tecnológico constituye el segundo factor. Aquí necesitamos considerar los recientes avances en la tecnología de baterías de litio tales como los reportados por la General Motors (Véase http://www.reuters.com/article/marketsNews/idUSN1637187420080616) y la Nissan (Véase http://online.wsj.com/article/SB121320799221764997.html?mod=googlenews_wsj).

Finalmente, el tercer factor es tal vez el más complejo de los tres. Tiene que ver con la resistencia al cambio técnico. En este caso, me refiero a los gobiernos, compañías e individuos con intereses creados para evitar el surgimiento de las tecnologías de baterías de litio principalmente debido a que esto podría poner en serio riesgo sus privilegios o ventajas actuales o futuras. Dejo al lector decidir de cuáles gobiernos, compañías e individuos estoy hablando aquí y si ellos serán lo suficientemente fuertes como para interrumpir la transición hacia la propulsión eléctrica con baterías de litio en la industria automotriz global.

** Este artículo es una traducción al español de la versión original en inglés publicada el 24 de junio de 2008 en http://www.evworld.com/article.cfm?storyid=1480.

* Economista, para cualquier comentario dirigirse a: jczuleta@gmail.com

Aquella parte de un recurso identificado que cumple criterios físicos y químicos específicos mínimos relacionados con prácticas mineras y de producción actuales, incluyendo aquellas sobre grado, calidad, espesor y profundidad. Constituye el recurso (medido e indicado) en el sitio del cual se estiman las reservas. Podría comprender aquellas partes de los recursos que tienen un potencial razonable para volverse económicamente disponibles dentro de horizontes de planificación más allá de aquellos que asumen la tecnología probada y la economía actual. Incluye aquellos recursos que son actualmente económicos (reservas), marginalmente económicos (reservas marginales) y algunos de aquellos que actualmente son subeconómicos (recursos subeconómicos). El término “reserva geológica” ha sido aplicado por otros a la categoría de reserva base, pero éste podría incluir la categoría de reserva base inferida; por lo que no es parte de este sistema de clasificación (Véase http://minerals.usgs.gov/minerals/pubs/mcs/2008/mcsapp2008.pdf).

Aquella parte de la reserva base que podría ser económicamente extraída o producida en el momento de su determinación. El término reservas no necesariamente significa que las facilidades de extracción están dadas y son operativas. Las reservas incluyen solamente materiales recuperables; por tanto, términos tales como “reservas extractables” y “reservas recuperables” son redundantes y no son pare de este sistema de clasificación (Véase http://minerals.usgs.gov/minerals/pubs/mcs/2008/mcsapp2008.pdf).

Una concentración de materiales sólidos, líquidos o gaseosos que ocurre de manera natural en o sobre la costra terrestre en tal forma y cantidad que la extracción económica de una mercancía es actualmente o potencialmente factible (Véase http://minerals.usgs.gov/minerals/pubs/mcs/2008/mcsapp2008.pdf).

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