Martes , 20 febrero 2018
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La integracion post-neoliberal

Durante los últimos años, la Comunidad Andina (CAN) y MERCOSUR han afrontando graves problemas internos apareciendo serios cuestionamientos sobre su futuro. El abandono de la CAN por parte de Venezuela y su adhesión al MERCOSUR, la disputa entre Argentina y Uruguay por las papeleras, los reclamos permanentes de Paraguay y Uruguay sobre prácticas de comercio desleales de parte de sus socios mayores o la serie de incumplimientos de parte de los socios andinos por disputas presentadas al tribunal andino aun con dictámenes de éste, son ejemplos recientes de la crisis por la que atraviesa la integración en Sudamérica.

Profundizando esta situación, algunos países han negociado acuerdos comerciales (TLCs) de manera particular con países de otras regiones, asumiendo compromisos y disciplinas que son incluso más profundas que las asumidas al interior del bloque subregional (por ejemplo la liberalización del comercio de servicios o disciplinas sobre propiedad intelectual, en los TLCs con EE.UU. que han suscrito, Chile, Colombia y Perú, inexistentes en la CAN), generando compromisos más exigentes, más vinculantes y de mayor credibilidad por el tamaño de esos nuevos socios, además de disminuir o “perforar” el margen de preferencia comercial otorgado a sus socios sudamericanos a favor de países industrializados.

Un hecho que llama la atención relacionado a la calidad y salud del proceso de integración en Sudamérica es el referido al comercio intra-sudamericano, que no ha podido expandirse al ritmo que le podía haber permitido la fase actual de bonanza del sector externo. En efecto, todos los países de la región tienen actualmente una holgura de su balanza comercial debido al crecimiento de las exportaciones. La región en su conjunto cuenta con un superávit de balanza de pagos que podría haberse traducido a su vez en una expansión del comercio entre los países sudamericanos más significativa. Sin embargo, aun cuando el comercio intra sudamericano es de calidad superior al comercio extra-regional principalmente por tratarse de exportación de producción manufacturera, esta situación no ha incidido como se quisiera.

En efecto, como se puede observar en el cuadro siguiente, la importancia relativa del comercio intra-bloque en el MERCOSUR y la CAN disminuyó durante los años de crisis 1999-2002, mientras que la recuperación que se observó entre 2003 y 2004, no llega a compensar la caída previa, de manera que el comercio intra-sudamericano es mucho menos significativo que el comercio con países de fuera de la región, actualmente y en comparación con el año 1998, aunque es un comercio de calidad superior debido a su composición más concentrada en manufacturas y productos elaborados.

La pregunta es: ¿porqué no se logra aprovechar más significativamente la fase de crecimiento, en situación de bonanza de balanza de pagos, en términos de un comercio intra-regional más significativo?. Y la respuesta sería: porque estos procesos tienen déficit en su institucionalidad y no avanzan efectivamente hacia una profundización de la integración, aun cuando conocen los beneficios de hacerlo y permanentemente están comprometiendo las voluntades políticas del más alto nivel para lograrlo.

Actualmente el discurso integrador es repetido en las reuniones cumbre, con un aditamento político – ideológico importante que surge de una orientación mayoritaria hacia posiciones anti-neoliberales. En ellas, la integración no es desechada sino más bien se plantea la necesidad de afianzarla y profundizarla.

En ese marco, pensamos que la cuestión pasa por una profundización de la integración hacia nuevos aspectos o fases más profundas como son el desarrollo de la infraestructura, la armonización de políticas macroeconómicas, la adopción de políticas sectoriales que promuevan la competitividad en los sectores más importantes y la atención de las asimetrías, entre otros aspectos, que el Plan de Acción de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CASA) pretende abordar.

En efecto, el proyecto de integración a escala del continente sudamericano surgió como la alternativa para desentrabar y profundizar el proceso de integración estancado en los esquemas subregionales, asumiendo un espacio, una agenda y una voluntad política más amplia y efectiva. Se concebía al proceso sudamericano de integración como la solución a los límites que encontraban la CAN y MERCOSUR y para lograrlo se adoptó una agenda pragmática con temas concretos que significasen avances efectivos en la construcción de un espacio integrado.

Por ello, el proyecto inicial y hasta ahora el más importante fue la Iniciativa para la Infraestructura de la Integración Regional Sudamericana (IIRSA), que ha permitido avances concretos en uno de los aspectos fundamentales para la construcción de un espacio común referidos a la construcción de vías de comunicación y de interconexión regional. Seguidamente, los proyectos de integración energética que se están desarrollando actualmente serán de una trascendencia enorme para la integración de dicho espacio, resultando en un poderoso andamiaje que apuntale y sostenga la integración sudamericana, replicando lo que fue para la integración de Europa la Comunidad Económica del Carbón y el Acero.

Con ambos pilares, la CASA tiene una sólida sustentación que la proyecta hacia el futuro de manera definitiva. Sin embargo, es en el tema comercial donde todavía no ha dado señales de avanzar con paso firme. En efecto, resulta evidente que continúa el entrabamiento del comercio por la serie de prácticas neoproteccionistas e incumplimientos de compromisos que caracterizan el desempeño de los bloques subregionales.

La II Cumbre de la Comunidad Sudamericana de Naciones, realizada en Cochabamba en diciembre pasado, estaba pensada como el evento en el que debían atenderse las urgencias del proceso integrador estancado en el ámbito subregional (descritas anteriormente), así como la forma de articular una estrategia de convergencia de los países sudamericanos en su relación comercial, atendiendo los problemas emergentes por los TLCs con naciones industrializadas, en particular con los EE.UU., y las necesidades en el ámbito de la normativa e institucionalidad necesarias. Sin embargo, leyendo el texto de la declaración de Cochabamba se percibe que la II Cumbre de la CASA no logró un tratamiento adecuado de la temática comercial. Si bien las generalidades, las visiones críticas y los llamados a superar los problemas estuvieron presentes en las intervenciones de los presidentes, no lo estuvieron a la hora de adoptar las decisiones pasando toda la problemática a una Comisión de Altos Funcionarios, que trabajará con sede en Río de Janeiro, con una agenda de temas muy grande, en la que ni siquiera existen directrices concretas, decisión que según el punto de vista nuestro, carece del sentido de urgencia que era necesario.

En ese marco, se podría decir que la integración post neoliberal sigue siendo la integración de los discursos y de la política de buenas intenciones, que viene arrastrando una agenda de problemas irresueltos, aunque reconociendo en las manifestaciones públicas y discursivas la necesidad y pertinencia de lograr avances en el proceso de integración, por ello parece acertada la afirmación que hizo uno de los presidentes en su intervención en Cochabamba, señalando que “no sabemos hacia donde vamos”.

Las prácticas neo-proteccionistas de los vecinos más desarrollados industrialmente, prevalecen incluso con gobiernos de izquierda. Es decir, aparentemente no es un problema que se puede resolver con ideologías. La etapa actual, caracterizada como de integración post-neoliberal, enfrenta desafíos muy importantes que no está pudiendo afrontar y menos resolver debido entre otras cosas a que existe un debate político sobreideologizado, cuando lo que se requiere es pensar las alternativas prácticas para mejorar la situación de la inserción de la región en un mundo globalizado, donde primordialmente se busca situaciones de competitividad, acceso y términos de intercambio lo más adecuados posible. Mayores dosis de realismo y pragmatismo, asumidos en el marco de un proyecto de conformación de un Espacio Integrado en Sudamérica, pueden ser elementos que impulsen a encontrar soluciones al impasse actual.

(*) Profesor del CIDES – UMSA

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