Descarbonizar la economía

octubre 7, 2007 | Categoría: Especial | Ver el índice completo de la Edición Nro 695

Por Gerardo Bustillos H.

Las consecuencias del calentamiento global son alarmantes y en distintas regiones ya las sienten. Sin embargo, su intensidad será sustancialmente mayor en las naciones en vías de desarrollo, a pesar de ser las que menos contribuyeron a causar el problema.

El mundo tiene el reto de “descarbonizar” su economía y transitar de un patrón de desarrollo alto en carbono a otro bajo en carbono para encarar el cambio climático y evitar consecuencias irreversibles para el planeta y sus habitantes. La necesidad de una respuesta global es urgente y los beneficios de adopción de medidas prontas y firmes superarían con amplitud los costos de una intervención futura, que exigiría medidas más drásticas y costosas.

La estabilización climática tiene consecuencias económicas. Supone gastos e inversiones para enfrentar el cambio climático, pero también ofrece nuevas oportunidades económicas a quienes asuman el reto.

Sin embargo, no tomar ninguna iniciativa tiene también un costo.

La transición a una economía baja en carbono incorpora oportunidades de crecimiento. Creará nuevas e importantes oportunidades en una amplia gama de industrias y servicios. Es probable que, para el año 2050, los mercados de productos energéticos bajos en carbono tengan un valor mínimo de 500.000 millones de dólares anuales. Tanto las compañías como los países deberían tomar las medidas necesarias para aprovecharse de estas oportunidades.

La política del cambio climático podría contribuir a la erradicación de las ineficiencias presentes. En las compañías, la aplicación de una política climática puede generar oportunidades de ahorro. En las economías, es posible que la política sobre el cambio climático actúe a manera de estímulo para reformar sistemas energéticos ineficientes y eliminar subsidios energéticos deformadores, que cuestan anualmente a los gobiernos unos 250.000 millones de dólares.

Por otro lado, la pasividad ante el cambio climático podría tener serias consecuencias para el crecimiento económico y del comercio. La economía mundial podría perder anualmente al menos el 5% del producto bruto global y, de continuar operando como hasta ahora en materia de emisiones de gas invernadero, las pérdidas podrían representar incluso el 20% del PIB mundial y el consumo mundial per cápita se reduciría en una quinta parte.

Las consecuencias del calentamiento global son alarmantes y distintas regiones ya las sienten. Sin embargo, su intensidad será sustancialmente mayor en las naciones en vías de desarrollo, a pesar de ser las que menos contribuyeron a causar el problema. Sus economías no sólo dependen de la agricultura sino que no cuentan con los recursos para defenderse frente a eventuales catástrofes climáticas. La comunidad internacional debe prestarles apoyo para su adaptación al cambio climático.

Las emisiones de gases han estado y siguen estando impulsadas por el crecimiento económico, pero la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera no sólo es viable sino compatible con un crecimiento continuado y con las mejores oportunidades de desarrollo que buscan las economías emergentes.

“El mundo no tiene que elegir entre evitar el cambio climático y promover el crecimiento y el desarrollo. Los cambios introducidos en las tecnologías energéticas y en la estructura de las economías han reducido la correlación entre emisiones y crecimiento de los ingresos, sobre todo particularmente, en algunos de los países más ricos. Mediante la introducción de firmes opciones deliberadas de política, será posible ‘descarbonizar’ las economías desarrolladas y en desarrollo en el nivel requerido para conseguir la estabilización climática, manteniendo, a la vez el crecimiento económico en ambos tipos de países”, subraya el informe Stern sobre “La economía del cambio climático”.

Para la difusión del documento llegó a Bolivia el economista británico Dimitri Zenghelis, quien colaboró con Nicholas Stern en su elaboración y afirma que los principales obstáculos en el cambio climático no son económicos ni tecnológicos, sino institucionales y políticos. Allí está el reto mayor. La conferencia del economista no pudo tener otro marco más apropiado que el cielo paceño enrarecido por una cortina de humo originada en los chaqueos.

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